El Nobel de Medicina 2026 nació de una microalga: por qué la optogenética cambió todo

Parecía una pregunta sin importancia sobre una microalga. Tres décadas después, esa curiosidad les valió el Nobel de Medicina 2026 y cambió para siempre la forma de estudiar el cerebro.

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El Nobel de Medicina 2026 nació de una microalga: por qué la optogenética cambió todo
El Nobel de Medicina 2026 nació de una microalga: por qué la optogenética cambió todo

La Asamblea Nobel del Instituto Carolino distinguió este año a Peter Hegemann, Georg Nagel y Karl Deisseroth, los tres científicos que a comienzos de este siglo sentaron las bases de la optogenética, una técnica que usa la luz para encender o apagar neuronas y que transformó la manera de estudiar el cerebro.

El anuncio lo hizo Thomas Perlmann, secretario general del Comité Nobel de Fisiología o Medicina, en una conferencia de prensa que se siguió online pasadas las 6.30 de la Argentina. "Este método se está utilizando ahora en laboratorios de todo el mundo para revelar los misterios del cerebro", afirmó Perlmann.

Per Svenningsson, presidente del comité, fue más lejos: "La optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro de una forma con la que antes solo podíamos soñar".

Una llamada a la madrugada

Como cada año, Perlmann fue el encargado de contactar a los ganadores. El primero en atender fue Deisseroth, "que estaba durmiendo, pero se despertó", relató el secretario del comité. "Los tres estaban muy sorprendidos. Y los tres expresaron lo mismo: que era absolutamente maravilloso compartir el premio con sus otros dos colegas".

Los descubrimientos se gestaron en los laboratorios del Instituto Max Planck, en Alemania, y en la Universidad de Stanford, en Estados Unidos. El galardón reparte 1,2 millones de dólares entre los tres premiados.

De un alga verde a un interruptor de luz

Todo empezó con una pregunta de Hegemann a principios de los años 90: ¿cómo podía un alga reaccionar a la luz en apenas medio milisegundo? Una década después, el investigador del Instituto de Bioquímica de Max Planck identificó la canalrodopsina, una proteína en la superficie celular del alga verde unicelular Chlamydomonas capaz de convertir la luz en señales eléctricas.

Junto con Nagel, del Instituto de Biofísica de Max Planck, describieron el mecanismo: la apertura de un canal en la membrana celular que genera un impulso eléctrico hacia el interior de la célula. Al probar esa proteína en otras células, comprobaron que también se volvían fotosensibles.

Deisseroth, profesor de bioingeniería, psiquiatría y ciencias del comportamiento en Stanford, tomó esa base y dio el salto decisivo: usó un virus modificado para introducir el gen de la canalrodopsina en el cerebro de roedores. El material genético se lo pidió a Nagel.

Con pulsos de luz azul logró activar señales nerviosas en los animales, según los resultados que publicó en 2005. Dos años más tarde diseñó fibras ópticas diminutas e implantables para iluminar las células neuronales. Así, como si fueran un interruptor, consiguió encender neuronas y, por primera vez, observar cómo se sucedían funciones y comportamientos asociados a distintos circuitos. En los ratones, la prueba inicial indujo el movimiento de los bigotes.

Lo que ya permite ver

El método se expandió rápido por laboratorios de todo el mundo. "Investigadores han logrado identificar los circuitos neuronales que rigen recuerdos, emociones y comportamientos relacionados con trastornos neurológicos y psiquiátricos. En el campo de la medicina clínica, se está aplicando este método para intentar restaurar la visión en personas con discapacidad visual", destacó el Comité Nobel.

La lista de aplicaciones sigue creciendo: equipos de investigación identificaron circuitos asociados con comer, sentir dolor, tener sed o prestar atención, además de los mecanismos que intervienen en la recompensa, el comportamiento social, el ritmo circadiano o la fiebre cuando reacciona el sistema inmunológico. También permitió definir mejor rasgos distintivos de la depresión, la ansiedad o la esquizofrenia, y se usa en ensayos clínicos en curso para restaurar la visión en personas con ceguera por retinitis pigmentosa.

"La optogenética transformó radicalmente nuestra comprensión del cerebro. Cada día surgen nuevos descubrimientos que contribuyen a desentrañar uno de los grandes misterios de la humanidad: el funcionamiento de nuestro extraordinario cerebro", sostuvo el comité al fundamentar su decisión.

La mirada de un especialista argentino

Luis Ignacio Brusco, neurólogo y profesor titular de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA, calificó el avance de "revolucionario". "El mecanismo utilizado es muy, muy interesante porque implica, primero, poder localizar neuronas específicas a partir de la introducción de genes de las proteínas de membrana que se activan con la luz. Esto implica una revolución científica", señaló el exdecano de esa casa de estudios.

En el Manual de Neurofisiología que coescribió con Daniel Cardinalli, repasa los mecanismos que habilitó este modelo de mapeo cerebral: desde "localizar estructuras muy específicas para recompensa, memoria, Alzheimer, Parkinson, adicciones", hasta comprender que existe "un idioma neurológico" que se traduce mediante la activación de señales eléctricas por acción de la luz.

"Lo revolucionario está en poder introducir a la membrana celular proteínas específicas de otros seres muy primitivos, conseguir que puedan observarse distintas áreas del cerebro y entender que el mecanismo de traducción siempre concluye en el mismo idioma neuronal: el de esos canales que se abren para que ingrese o salga sodio, calcio o potasio y, eso, active o inhiba mecanismos celulares que nos están sirviendo para comprender los procesos de las enfermedades o el funcionamiento cerebral", explicó Brusco.

El antecedente inmediato

El año pasado, el Nobel de Medicina había recaído en tres científicos que descubrieron cómo el sistema inmunológico se controla a sí mismo para no atacar las células sanas del organismo. Ese hallazgo abrió en las dos últimas décadas nuevos enfoques para tratar el cáncer y las enfermedades autoinmunes, o para mejorar los trasplantes.

This year’s medicine laureate Karl Deisseroth transformed the protein channelrhodopsin into a light-controlled switch for nerve cells.

Deisseroth introduced the gene for channelrhodopsin into nerve cells from rats. By illuminating the cells with blue light, he was able to… pic.twitter.com/PreWszcJhs

— The Nobel Prize (@NobelPrize) October 5, 2026

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