El nombre de un narco internacional resurge en una investigación local: ¿qué vínculo tendría con un crimen?
Un testimonio clave revela detalles que conectan a un criminal de alto perfil con un caso local. ¿Qué papel jugó en los eventos previos al crimen y qué estructura delictiva podría estar detrás?
La investigación por el femicidio de Érika Antonella Álvarez incorporó un elemento de alto impacto que podría modificar el alcance del expediente. El nombre del narcotraficante brasileño Luiz Carlos da Rocha, alias “Cabeza Blanca”, uno de los criminales más buscados de Sudamérica durante décadas, reaparece en una línea de investigación que lo vincula con la provincia.
Según el testimonio de Mayra Álvarez, hermana de la víctima, Érika conoció al hombre bajo otra identidad, pero con el tiempo comenzó a descubrir documentos con distintos nombres y fotografías que correspondían a la misma persona. Entre ellos, figuraba el de Luiz Carlos da Rocha. “Ella investigaba porque no le gustaba la falsedad. Encontró papeles con su cara y distintas identidades”, explicó.
Da Rocha fue acusado de liderar una organización que traficaba alrededor de 5.000 kilos de cocaína al año hacia Europa y posiblemente Oceanía, además de montar estructuras criminales en varios países, especialmente en Paraguay, donde también se lo vinculó con complejas maniobras de lavado de activos.
¿Cómo se comportaba en la clandestinidad?
El relato de la familia aporta otros elementos relevantes sobre su comportamiento. Según Mayra, el hombre no tenía residencia fija y alternaba entre distintos domicilios, entre ellos una vivienda en El Cadillal, donde se realizaban reuniones y encuentros sociales con adultos.
El abogado querellante Carlos Garmendia habría presentado pruebas de estas reuniones ante la Justicia Federal, incluyendo fotografías en las que aparecerían incluso funcionarios policiales de Tucumán y Santiago del Estero.
Las investigaciones brasileñas habían determinado que Da Rocha se sometió a múltiples cirugías estéticas para evitar ser identificado. Sin embargo, según el testimonio familiar, su apariencia no evidenciaba signos notorios de intervenciones, aunque sí llamaba la atención su aspecto juvenil para alguien que rondaría los 60 años.
¿Cuál era la relación con la víctima?
El vínculo entre el presunto narco y la víctima no habría sido circunstancial. La familia aseguró haber compartido con él un encuentro en junio de 2024, cuando invitó a allegados de Érika a celebrar su cumpleaños en la casa de El Cadillal. Según el testimonio, el hombre participó activamente del evento, realizó compras, organizó un asado y se mostró cercano, aunque mantenía comunicaciones frecuentes en otro idioma, presumiblemente el que se habla en Paraguay.
En ese contexto, Mayra sostuvo que “Cabeza Blanca” mantenía económicamente a su hermana, aunque con restricciones cuando detectaba que el dinero se destinaba al consumo de drogas. Afirmó además que, si bien le proporcionaba marihuana para consumo personal, no la utilizaba como intermediaria para el transporte de estupefacientes.
¿Qué conexiones económicas se investigan?
El entorno en el que se movía la víctima también incluyó conexiones con actividades económicas vinculadas al lavado de activos. Según la declaración, fue presentada al supuesto narco por un hombre llamado Omar, relacionado con operaciones con criptomonedas, quien incluso habría financiado viajes a Buenos Aires.
Este dato cobra relevancia en paralelo a una investigación federal encabezada por el fiscal Agustín Chit, en la que se analiza una presunta red de lavado de dinero para el Comando Vermelho, organización criminal brasileña.
Otro testimonio incorporado a la causa menciona que el entorno de la víctima estaría vinculado al traslado de grandes cargamentos de droga mediante vuelos clandestinos, con aterrizajes en campos de Tucumán y Santiago del Estero. Aunque esa versión fue inicialmente relativizada por tratarse de una persona con problemas de adicción, los dichos de la hermana de Érika reforzaron la hipótesis de una estructura delictiva más amplia.
¿Qué conflictos podrían haber desencadenado el crimen?
Según su relato, la joven participaba de encuentros donde se concretaban “negocios pesados” y advertía a su pareja sobre posibles traiciones. “Cuando algo le daba mala espina, se lo decía y él le hacía caso”, afirmó. Esa dinámica, sostuvo, habría generado conflictos y enemigos, lo que derivó en que el propio Da Rocha dispusiera medidas de protección para ella.
A casi tres meses del crimen, la investigación avanza sobre múltiples líneas que podrían transformar el caso en un punto de inflexión para el análisis del narcotráfico en el NOA. La eventual presencia de figuras vinculadas a organizaciones criminales internacionales abre interrogantes sobre el alcance real de estas estructuras en la región y el grado de penetración en distintos ámbitos.