El nuevo atajo para llegar a lo más alto del poder en China no pasa por las urnas
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El nuevo atajo para llegar a lo más alto del poder en China no pasa por las urnas

Mientras los empresarios privados chinos atraviesan dificultades, el Partido Comunista abre cada vez más la puerta para que los ejecutivos de las empresas estatales salten a los cargos más altos del poder. La ruta que hoy premia Pekín no pasa por el sector privado.

En buena parte del planeta, a los 55 años un funcionario empieza a imaginar el retiro. En la élite política china ocurre lo contrario: a esa edad las carreras recién se ponen picantes, y los cincuentones son los jóvenes ambiciosos que empiezan a escalar hacia la cima del poder. Tras la reorganización que concluyó la semana pasada, ocho de las 31 provincias del país tienen gobernadores nacidos en 1970 o después. Ninguno, vale la aclaración, es tan novato como para haber llegado al mundo después de 1973.

Conviene mirarlos de cerca. No porque alguno vaya a conducir China en el corto plazo —Xi Jinping concentra el mando con puño firme—, sino porque, como los exponentes más visibles de su generación, dejan ver qué busca hoy el Partido Comunista en sus cuadros. Y hay un rasgo que se repite: una larga trayectoria en empresas estatales.

China Inc., la nueva escuela de cuadros

Seis de esos ocho gobernadores relativamente jóvenes arribaron a sus puestos después de hacer carrera en distintas dependencias del gigante estatal. Liu Jie, hoy en Zhejiang, pasó 16 años en una siderúrgica. Guo Ningning, estrella en ascenso en Fujian, acumuló 24 años en bancos del Estado. Xie Weijiang, actualmente en Hunan, dedicó 23 años al sector energético.

La tendencia se replica en el Gobierno central de Pekín: de los tres ministros nacidos en los 70, dos también trabajaron en compañías públicas. En conjunto, casi tres cuartas partes de los funcionarios más jóvenes que hoy ocupan los cargos de mayor jerarquía son graduados de China Inc. El fenómeno se parece a lo que sería Goldman Sachs dentro del Gobierno, pero con rasgos propios: la puerta giratoria funciona casi exclusivamente desde las empresas estatales hacia la política, y no al revés. Además, los ejecutivos todavía deben esperar su turno: los ocho gobernadores de los 70 están subordinados a secretarios provinciales del Partido nacidos en los 60.

Las viejas rutas quedaron atrás

Llegar por la vía empresarial estatal marca un cambio respecto de los caminos tradicionales de ascenso. El clásico consistía en sumar experiencia local: empezar en un condado, ser alcalde de una ciudad pequeña y avanzar hasta un cargo provincial. Otro era el salto acelerado a través de la Liga de la Juventud Comunista. Un tercero era el recorrido tecnocrático, sobre todo para ingenieros que pasaban de una represa al Ministerio de Industria y de allí a puestos mayores.

Cada ruta tenía sus costos. El camino local podía quedar chico para una superpotencia global. La Liga de la Juventud terminó señalada como una facción arrogante, en especial por Xi mientras consolidaba su poder. Y el prestigio de los ingenieros, clave durante la etapa de construcción intensiva, se había desinflado en Pekín.

Entonces apareció lo que Li Cheng, de la Universidad de Hong Kong, llama el "tecnócrata 2.0". En los últimos cinco años los funcionarios con formación especializada protagonizaron un regreso: hay ingenieros, pero también títulos en ciencias de la vida, computación cuántica, economía y finanzas. Y las empresas estatales son la escuela de formación definitiva.

Una puerta que se abrió más

Algunos funcionarios siempre pasaron de las compañías públicas a la política. Pero en la última década esa puerta se ensanchó. En 2019 el Partido reformuló su sistema de nombramientos y creó un mecanismo para que más personas llegaran, y más rápido, de las empresas estatales al Gobierno. En 2022 Li contabilizó 86 funcionarios nacidos en los 70 que ya ocupaban cargos provinciales de nivel vicegubernamental: el 54% había trabajado en empresas industriales o financieras.

¿Por qué el Partido recurre a estos ejecutivos? Las compañías públicas, protegidas, sobredimensionadas y lentas, difícilmente sean modelo de la economía dinámica que los dirigentes quieren construir. Sin embargo, en términos políticos ofrecen mucho. Las empresas verdaderamente nacionales no están atadas a un territorio. Sus directivos gestionaron asuntos complejos y muchos conocen el mundo más allá de China.

Lu Dongliang, gobernador de Shanxi, consiguió acceso a recursos en África y el Sudeste Asiático cuando encabezaba Chalco, la filial bursátil del mayor productor de aluminio del mundo. Zhuge Yujie, nuevo gobernador de Qinghai, dirigió el puerto de Shanghái, el más transitado del planeta. Feng Chucheng, de la consultora pekinesa Hutong Research, sostiene que este ascenso refleja la preferencia del Partido por dirigentes capaces de combinar, según su expectativa, la autosuficiencia tecnológica con la resiliencia económica.

Vacantes y purgas

Reclutar en las empresas estatales también amplía el universo de talentos disponibles. Y hay enormes vacantes por cubrir. En la reunión plenaria de la semana pasada apenas el 74% de los miembros del Comité Central (que arrancó con 376 integrantes) estuvo presente en Pekín. Fue la tasa de asistencia más baja del último medio siglo posterior a Mao, una señal de la magnitud de las purgas de Xi.

Algunos observadores creen que esas destituciones podrían terminar perjudicando al propio Xi, al reducir los cuadros disponibles para futuros nombramientos. En la práctica, es poco probable que sea un límite: a China no le faltan ambiciosos que aspiran al poder. Ahora hay todavía más, porque los empleados de las empresas estatales también compiten por esos puestos.

Rojos y expertos

El dominio de Xi puede resultar asfixiante para la burocracia: la lealtad hacia él es requisito indispensable para ascender, lo que debilita la iniciativa y la audacia de los funcionarios. Aun así, el mecanismo que lleva a los directivos de empresas estatales a los altos cargos demuestra que la lealtad es necesaria, pero no suficiente. Para progresar de verdad hay que haber demostrado experiencia y capacidad, y no solo credenciales ideológicas. En ese sentido, el renovado énfasis en las capacidades técnicas es digno de reconocimiento.

Pero, mirado desde otro ángulo, es un presagio preocupante para la economía. Durante las décadas de crecimiento acelerado, gran parte del impulso chino vino del retroceso del sector estatal y del avance de las empresas privadas. Con Xi la tendencia se invirtió: los empresarios privados atraviesan dificultades, mientras las compañías estatales, otra vez favorecidas por los bancos públicos y los planificadores centrales, ganaron confianza. La incorporación sistemática de ejecutivos estatales al Gobierno no hace más que reforzar ese rumbo. Las empresas privadas deben formar células del Partido, pero ningún empresario privado llegó a ser miembro pleno del Comité Central. Para los graduados ambiciosos que entran al mercado laboral, el mensaje es claro: apuesten por China Inc.

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