El obstáculo invisible: el dato que revela por qué las científicas enfrentan una carrera cuesta arriba
Un análisis de 36 millones de estudios científicos descubrió un sesgo oculto que retrasa la carrera de las investigadoras. Los detalles de esta desventaja silenciosa que suma años de espera y profundiza la desigualdad.
Un análisis de más de 36 millones de artículos científicos acaba de exponer una barrera sistemática e inadvertida que frena la carrera de las investigadoras. Los trabajos escritos por mujeres demoran entre 7 y 15 días más en publicarse que los de sus colegas varones, un retraso que, acumulado a lo largo de los años, puede costarles plazas, financiamiento y reconocimiento en un sistema donde publicar es sinónimo de existir.
La investigación, publicada en la prestigiosa revista Plos Biology, confirma con una muestra masiva un patrón de desigualdad que se replica en diversas disciplinas y países. No se trata de una demora anecdótica. Los autores del estudio advierten que las consecuencias son “muy sustanciales” cuando se observa la trayectoria completa de una científica.
¿Cuánto tiempo se pierde realmente?
Los números concretos son elocuentes. “Por cada 50 artículos publicados por una autora, ella habrá pasado en promedio entre 350 y 750 días más que sus contrapartes masculinas esperando revisiones y decisiones editoriales y/o revisando manuscritos”, detallan los investigadores. Eso equivale a perder entre uno y dos años completos de productividad académica solo en tiempos de espera.
Este hallazgo se suma a un panorama ya desfavorable. Según datos de L’Oréal Groupe, solo tres de cada diez personas dedicadas a la investigación a nivel global son mujeres. La representación se desploma aún más en los puestos de mayor prestigio: menos del 4% de los ganadores de los Premios Nobel en disciplinas científicas son mujeres.
Publicar o perecer: la lógica que agrava la brecha
En el mundo académico rige el aforismo “publicar o perecer”. La publicación de artículos o papers no es un mero trámite de divulgación; es la moneda de cambio para acceder a becas, conservar puestos de trabajo, obtener financiamiento para proyectos y escalar en los sistemas de reconocimiento. Cada día de demora puede marcar la diferencia.
El proceso detrás de cada publicación es largo y riguroso. Tras el envío inicial, un editor evalúa si el artículo es apto para la revista. Luego viene la crucial “revisión por pares” o peer review, donde especialistas anónimos examinan minuciosamente el contenido y solicitan correcciones. Es en estas etapas, aparentemente objetivas, donde se cuela el sesgo que retrasa sistemáticamente el trabajo de las mujeres.
Esta no es la primera señal de alarma. Un estudio del año pasado, que siguió las trayectorias de casi 19.000 investigadores entre 1991 y 2011, llegó a una conclusión igualmente cruda: incluso cuando las mujeres publican más artículos que los hombres, ascienden con menor frecuencia a los niveles más altos de sus carreras.
Los hallazgos pintan un cuadro de un sistema con múltiples filtros que operan en contra de las científicas. La brecha no solo se manifiesta en la entrada al campo o en los premios de renombre, sino también en el día a día del proceso de publicación, un mecanismo clave para la supervivencia y el progreso profesional. La demora en la publicación actúa como un freno silencioso pero constante, acumulando desventajas que terminan por definir quién llega a la cima y quién se queda en el camino.