El oscuro secreto del vecino tranquilo de La Plata que resultó ser un criminal nazi
¿Un vecino ejemplar que escondía un pasado horroroso? Descubrí cómo un criminal nazi vivió oculto en La Plata durante años y quién lo delató.
Durante más de una década, los vecinos de La Plata lo vieron como un hombre común: jubilado de una petroquímica, amante de las rosas y de trato amable. Lo que nadie imaginaba es que ese hombre, Josef Schwammberger, era uno de los criminales nazis más buscados del mundo, responsable de la muerte de miles de personas en campos de exterminio.
Su historia, que incluye su paso por la ciudad y su posterior captura, fue recientemente difundida en un documental de YouTube, que recopila testimonios y documentos que confirman su presencia en la zona.
El monstruo que mataba con sus propias manos
Schwammberger fue comandante entre 1942 y 1944 de tres campos de concentración en Polonia: Przemsyl, Kzwadow y Szamenzol. No era un burócrata que firmaba órdenes desde un escritorio; participaba activamente en los crímenes. Testigos relataron que aparecía por las mañanas, elegía a sus víctimas y las ejecutaba personalmente, a veces de un tiro, a veces degollándolas. Él mismo justificaba estas acciones como una forma de mantener la tensión en los campos.
Tras el fin de la guerra, fue capturado por los británicos, pero logró escapar. En 1949, se mezcló entre la ola de inmigrantes que llegaban a Argentina y desembarcó en Buenos Aires junto a su esposa Catalyna Sely y sus dos hijos, con pasaportes italianos.
La red de escape y la conexión argentina
La periodista Mariel Fitz Patrick explicó que Schwammberger fue uno de los diez criminales de guerra más buscados. Vivió en Argentina clandestinamente durante casi cuatro décadas, sin siquiera cambiar su nombre. Su captura recién ocurrió el 13 de noviembre de 1987, en Huerta Grande, Córdoba, casi 15 años después de que Alemania pidiera su extradición.
Esta fuga fue posible gracias a las llamadas “rutas de las ratas” (ratlines), redes de escape que, según investigaciones, contaron con apoyo de sectores de la Iglesia Católica, la Cruz Roja Internacional y la inacción deliberada del gobierno de Juan Domingo Perón, interesado en atraer científicos y técnicos europeos.
Se estima que unos 5.000 criminales de guerra nazis y colaboracionistas eligieron Argentina, entre ellos figuras como Adolf Eichmann, Joseph Mengele y Erich Priebke. La permisividad del gobierno peronista se debió a afinidades ideológicas, intereses técnicos y las fortunas que traían.
La vida secreta en La Plata
Schwammberger llegó a La Plata alrededor de 1970, tras un tiempo en Córdoba. Aquí trabajó como traductor y técnico en Petroquímica Sudamericana, donde se jubiló. Su casa en el barrio San Carlos, en 141 entre 33 y 34, era conocida por su jardín de rosas, que cultivaba como hobby. Ya tenía ciudadanía argentina, obtenida en 1965, lo que complicó su extradición durante años.
La pensadora Hannah Arendt, al analizar a nazis como Eichmann, señaló: “Lo más grave en el caso de Eichmann era que hubo muchos hombres como él y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron y siguen siendo terrible y perfectamente normales”.
La justicia tardía
En 1971, una sobreviviente de un campo de concentración lo reconoció en La Plata y lo denunció. Pero recién con el gobierno de Raúl Alfonsín, en 1983, se anuló su ciudadanía argentina. Tras una nueva fuga a Temperley y luego a Córdoba, fue capturado y detenido en la Unidad 9 de La Plata, donde intentó suicidarse.
Finalmente, en 1990 fue extraditado a Alemania. Un tribunal de Stuttgart lo condenó a cadena perpetua, pero murió dos años después en prisión. Fue hallado culpable de 7 asesinatos directos y 32 cargos de colaboración, además de haber organizado la muerte de entre 5.000 y 10.000 judíos. Solo purgó dos años por los crímenes más atroces del siglo XX.