El oscuro secreto detrás de la desaparición en Yerba Buena: la red que intentó borrar todo rastro
La joven desapareció tras ingresar a una casa en Yerba Buena y no volver a ser vista. ¿Qué descubrió la fiscalía sobre los últimos mensajes y la red de personas que intentó ocultar el terrible desenlace? La familia no descansará hasta encontrar a todos los responsables.
Una joven de 25 años fue encontrada sin vida en un barrio de Yerba Buena, y la investigación reveló una trama de encubrimiento que involucra a un ex militar y una funcionaria judicial. La familia de Érika Antonella Álvarez vive un calvario desde que la víctima desapareció el 7 de enero, un caso que la fiscalía tipificó como femicidio y que destapó conexiones con el narcotráfico.
“Todos los días son un calvario”, afirmó Claudia Peralta, madre de Antonella, a Clarín. Su hija, a quien llamaban “Anto”, estudiaba enfermería y vivía sola en un terreno compartido con una hermana en las afueras de San Miguel de Tucumán. La última vez que tuvieron contacto con ella fue la noche del martes 6 de enero.
Milena Álvarez, hermana de la víctima, relató el momento en que sintió que algo andaba mal. “Mi mamá estaba rara, lloraba porque mi hermana no la atendía. Pasé a ver y estaba la luz y el aire acondicionado prendido: para mí ella estaba durmiendo”, recordó. La preocupación se transformó en tragedia cuando vio en televisión que habían encontrado un cuerpo.

El hallazgo que confirmó lo peor
El cuerpo de Antonella fue descubierto el jueves 8 de enero por dos vecinas en las calles William Bliss y Gerónimo Helguera, al suroeste de Yerba Buena. Milena acudió al lugar y luego a la comisaría para denunciar la desaparición, donde, inesperadamente, terminó reconociendo el cadáver de su hermana por los tatuajes en sus brazos.
Al día siguiente, sus padres abrieron su departamento y notaron su ausencia. También faltaban unas sandalias nuevas y un vestido blanco que usaba para salir. Antonella tenía un consumo problemático de sustancias, un problema que se agravó en los últimos tres años, coincidiendo con el inicio de su vínculo con Felipe “El Militar” Sosa, un hombre de 50 años.
La investigación apunta a un ex militar
La Fiscalía de Homicidios I, a cargo de Pedro Gallo, centró la pesquisa en Sosa. Las cámaras de seguridad de una casa en Santo Domingo al 1100, en Yerba Buena, captaron a la joven ingresando al inmueble, pero no se la vio salir. Este dato, cruzado con el análisis de teléfonos celulares, llevó a pedir su detención.
Sosa, ex alumno del Colegio Militar de la Nación y quien dice haber servido en la Legión Extranjera de Francia, fue capturado en Pilar cuando intentaba salir del país. En audiencia, admitió que se reunía con Antonella para consumir drogas. El hombre tiene antecedentes, incluyendo una denuncia por violencia de género y una causa por tenencia de marihuana en la que fue sobreseído.

La autopsia determinó que la muerte fue por una luxación cervical, producto de una maniobra violenta desde atrás, sumado a un traumatismo craneofacial severo que le fracturó la mandíbula. “Alguien le pegó tanto que le quebró el cuello”, resumen los investigadores.
Una funcionaria judicial entre los detenidos
La pesquisa no se detuvo en Sosa. La fiscalía también pidió la detención de la abogada Justina Gordillo (48), empleada del Poder Judicial de Tucumán y pareja del principal sospechoso. Se la acusa de encubrimiento, agravado por ser funcionaria pública y actuar con ánimo de lucro.
“Resulta relevante que había una clara cosificación por parte de Sosa hacia Álvarez, para quien quedaba prácticamente reducida a un objeto de entretenimiento”, sostuvo el fiscal Gallo. Los mensajes hallados en el celular de Gordillo son elocuentes: en ellos coordinaban encuentros sexuales y seleccionaban mujeres, haciendo referencia a “Anto”.
En uno de esos intercambios, Gordillo le recriminaba a Sosa: “Es macabro que me muestres un video con una mina, eso no se hace. Ni por mí, que en este caso era tu novia, ni por la trola esa que no sé si es Anto o quién”. A pesar de esta evidencia, en su declaración negó conocer a la víctima.

La red de encubrimiento se amplía
Otros dos hombres fueron detenidos acusados de colaborar con el ocultamiento del crimen. Jorge “Chicho” Díaz, empleado de Sosa, es señalado por ayudar a esconder el cuerpo y hacer desaparecer el teléfono de Antonella. Nicolás Navarro Flores, por su parte, habría acudido a la casa tras una llamada de Sosa la mañana del 7 de enero, permaneciendo 20 minutos en el lugar.
Navarro declaró que Sosa le pidió ayuda porque la joven estaba “descompensada” por drogas, y que él le sugirió llamar a la policía o una ambulancia. La investigación reconstruye que Sosa conocía a Antonella a través de una ex pareja de ella, un hombre vinculado al narcotráfico con pedido de captura federal.
El dolor de una familia que exige justicia
“No vamos a parar hasta que todos los responsables paguen”, exige Milena Álvarez. Ella y sus hermanos revisan mensajes y fotos para colaborar con la fiscalía, impulsados por la necesidad de encontrar respuestas. Especulan que su hermana pudo haber visto u oído algo que la puso en peligro.
“Pensamos que Anto tuvo que haber visto algo, se tuvo que haber enterado de algo y por eso la mataron. Porque por celos o por droga, no puede ser”, reflexiona Milena. La familia destaca el excelente vínculo que Antonella mantenía con ellos, a quienes incluso les contaba sobre sus citas con Sosa.

El abogado de la familia, Carlos Garmendia, explicó que la acusación se agravó de homicidio simple a femicidio. Para él, Sosa se “estaba aprovechando de la situación de vulnerabilidad” de la joven. La investigación continúa abierta, con la trama narco asomando como una línea de pesquisa que podría derivar en nuevas causas.
Mientras tanto, Claudia Peralta y sus hijas más pequeñas intentan sobrellevar una pérdida devastadora. “Antonella era todo para mi mamá… es todo el día llanto y gritos, es muy doloroso”, concluyó Milena, pintando un cuadro desgarrador del costo humano de este crimen.