El padre Pierre y el exorcismo que conmocionó a Santiago del Estero
El padre Pedro Fils Pierre desafió al mal en un exorcismo que marcó a Santiago del Estero. Testimonios inéditos revelan la fortaleza del sacerdote y las secuelas de aquella batalla espiritual.
El sacerdote Pedro Fils Pierre dejó una huella imborrable en la comunidad santiagueña y se popularizó por protagonizar un exorcismo que conmocionó a Clodomira, La Banda y a toda la Argentina. Su sonrisa era tan inquebrantable como su fe, y lo demostró más con la acción que con la palabra.
En estos informes ya recorrimos parte de su llegada a tierras santiagueñas, su ordenación sacerdotal y su gestión en las parroquias de Cristo Rey y Lourdes. Ahora nos adentramos en la batalla espiritual que lo volvió un personaje de culto.
La batalla interminable
Los estudios filosóficos los cumplió en la Universidad Católica de Santiago del Estero entre 1968 y 1969, y los teológicos en el Seminario Conciliar Metropolitano de San Miguel de Tucumán. Fue ordenado sacerdote el 25 de enero de 1974 por monseñor Manuel Tato en la Catedral Basílica, donde prestó sus primeros servicios.
En 1979 fue designado párroco de Cristo Rey, en La Banda. Entre 1984 y 1985 fue convocado como rector de la UCSE, y en 1986 se hizo cargo de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, para volver definitivamente a Cristo Rey el 6 de agosto de 1987.
Saltó a la trascendencia pública en febrero de 1984, cuando llevó a cabo un exorcismo en la parroquia Cristo Rey que aún hoy es recordado. Pierre siempre fue cauto ante estos fenómenos: exigía estudios médicos para descartar problemas nerviosos o clínicos antes de intervenir espiritualmente.
En ese febrero, el padre enfrentó durante varios días al ente maligno que se encontraba en el cuerpo de una muchacha oriunda de Clodomira, Liliana, de apenas 21 años. Había comenzado a sufrir pesadillas, alucinaciones y episodios violentos que alarmaron a su familia y vecinos. Su carácter cambió, aparecieron convulsiones y una fuerza descomunal que nadie podía explicar. En el pueblo se decía: “Está poseída por el demonio”.
En una noche de desesperación, Liliana pidió ser llevada a una parroquia. Sus padres la trasladaron a la iglesia Cristo Rey de La Banda, donde el sacerdote haitiano percibió la gravedad del caso. El olor a azufre, los movimientos violentos y los fenómenos extraños confirmaron para él la presencia del mal.
“Recuerdo que había mucha gente en la capilla, como casi todos los domingos cuando el padre Pierre daba la misa. En un momento ingresó un grupo de varias personas que arrastraban a una mujer, eran como seis o más hombres y no la podían sujetar. La muchacha se tiraba al piso, gritaba y emitía un sonido extraño; ahora, cuando lo recuerdo, se me eriza toda la piel”, contó Cristina Zurita, vecina del barrio Villa Raquel y docente jubilada en Literatura, que de adolescente fue catequista en la zona.
“Después de eso, estaba muy enojada con él porque no nos avisó y cerraron la puerta para que no saliera nadie. Le reclamé y me contestó: ‘Tienes razón, pero sentite privilegiada porque pocas personas tienen la posibilidad de ver el mal. Así como existe el bien, existe el mal’”, agregó.
Elena Jozami de Sayago recordó: “Él era una persona especial. Tenía una fortaleza increíble, y cuando lo acompañamos nos pidió que oremos y nos mantengamos tranquilos. Él mismo hizo un período de ayuno y oración todas las mañanas”. Su marido, Héctor “Pupo” Sayago, sumó: “También fue muy criticado por muchas personas, por algunos sacerdotes, cuando se conoció este exorcismo. Pero nadie más se animaba a hacerlo; además, él tenía la autorización”.
Mantener la fortaleza
Durante las sesiones, Liliana manifestaba una fuerza inexplicable y voces guturales en idiomas extraños, incluso arameo y dialectos haitianos. En un momento crucial, la entidad se identificó como Belcebú, señor de las moscas. El padre Pierre, con oraciones y sacramentales, enfrentó al demonio en un combate espiritual que estremeció a los presentes.
“Únicamente una persona que está bien espiritualmente puede enfrentar al mal, así como lo hizo Pierre. Y él era un santo, realmente. Tiene que estar en orden tu vida y mantener una gran fortaleza”, describió “Pupo”. Elena explicó: “Tienes que estar fortalecido en la fe, el ayuno es una manera de preparación o de sacrificio, pero él sí ayunaba”.
Finalmente, el 17 de febrero, tras horas de oración y resistencia, el demonio fue expulsado. El olor a azufre desapareció y la calma volvió al templo. Liliana se recuperó, rehízo su vida y prefirió nunca más recordar aquel episodio.
El caso del exorcismo de 1984 no fue solo un episodio religioso: fue un acontecimiento social que movilizó a toda la comunidad santiagueña. Para unos, fue prueba de la existencia del mal y de la fuerza de la fe. Para otros, un hecho inexplicable que mezclaba religión, cultura y misterios. Quedó grabado en la memoria colectiva como un momento en que Santiago del Estero fue escenario de una batalla espiritual entre el bien y el mal.
Lucía “Lucy” Ledesma, secretaria de Pierre, contó: “Durante esos días el padre no comía. Yo le decía: ‘Padre, no hagas así, tienes que comer alguito’. Pero se mantuvo firme con esa rutina y con la oración. Ahí empezó con el grupo de oración. Cuando llegó ese día en plena misa, fue una conmoción entre la gente. Muchas personas estaban con miedo, otras se quedaron y acompañaron en las próximas sesiones”.
“Él siempre me dijo que sea cauta, que esté tranquila, y a todas las personas que estábamos cerca nos dijo lo mismo: ‘Vos estate tranquila, aquí no va a pasar nada’. Cuidaba a la gente que estaba cerca. Y no estaba muy de acuerdo con que se publiquen cosas sobre esas situaciones. Recién ahora, a través de ustedes, estoy contando esto después de tantos años”, detalló.
“Ninguno se animaba a hacer lo que él hizo. Después de eso lo vinieron a buscar de otros lugares. Hablar del padre Pierre emociona siempre, por lo que fue y por lo que significó”, aseguró “Lucy”.
Según los testimonios de “Pupo” Sayago, Elena Jozami y “Lucy” Ledesma, hubo otros casos de personas que recurrieron a su ayuda, donde Pierre enfrentó a entes demoníacos en situaciones mucho más impactantes que el exorcismo de la muchacha de Clodomira.
La figura de Pierre sigue hoy más fuerte que nunca, no solo para La Banda sino para toda Santiago del Estero. Los testimonios continúan y cada vez se desvelan más aristas de su vida que estaban dormidas, olvidadas o resguardadas.