El país donde la IA se volvió costumbre: el dato que creció 47 puntos en dos años
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El país donde la IA se volvió costumbre: el dato que creció 47 puntos en dos años

Un informe de Oxford midió el uso semanal de IA en nueve países y la Argentina quedó arriba de todos. Detrás del 68% hay otro número, mucho menos favorable, que los especialistas señalan como la verdadera alerta.

Un informe del Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford puso a la Argentina en un lugar incómodo para la modestia: es el país con mayor uso semanal de inteligencia artificial generativa entre los mercados que ese estudio sigue desde 2024. El trabajo se llama Generative AI and News Report 2026: From standalone tools to information infrastructure.

La cifra que explica todo: el uso semanal de estas herramientas pasó del 21% en 2024 al 51% en 2025 y al 68% en 2026. Un salto de 47 puntos porcentuales en apenas dos años.

La comparación se construye sobre una serie histórica de seis países: Argentina, Dinamarca, Francia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos. En esta edición se sumaron Australia, Finlandia y Noruega, por lo que la foto de 2026 abarca nueve mercados de cuatro continentes, aunque las tendencias de largo plazo se siguen calculando sobre el grupo original.

Cómo quedó el ranking

Detrás del 68% argentino aparecen Noruega (57%), Australia y Dinamarca (51%), Estados Unidos (49%), Francia y Finlandia (48%), Japón (46%) y Reino Unido (42%). La diferencia con el resto no es menor.

El liderazgo local no se limita al uso directo de plataformas como ChatGPT o Gemini. El 81% de los encuestados estuvo expuesto durante la última semana a algún tipo de IA integrada en buscadores, redes sociales, aplicaciones o dispositivos digitales. Es decir: incluso quienes no la usan de forma deliberada interactúan con ella a diario.

Otro dato: el 15% dijo haber utilizado inteligencia artificial para acceder a noticias en la última semana, la proporción más alta de los países relevados. El país también quedó entre los primeros en interacción con agentes de IA y en exposición a herramientas integradas en buscadores y redes.

El costado que no conviene ignorar

El mismo estudio ubica a la Argentina entre los países con menor nivel de alfabetización en inteligencia artificial: la comprensión sobre cómo funcionan estas herramientas, qué alcances tienen, cuáles son sus limitaciones y qué riesgos traen. El uso corre a gran velocidad; el conocimiento crítico, no.

Esa brecha preocupa a los investigadores y a los especialistas consultados. “El gran riesgo es confundir una respuesta bien escrita con una respuesta verdadera”, advirtió el ingeniero en sistemas Fredi Vivas, profesor de la Universidad de San Andrés y fundador de RockingData. Y remató: “Es fácil confundir fluidez con verdad”.

Belén Ortega, especialista en inteligencia artificial, conferencista y autora del libro Human/IA, planteó una advertencia parecida: “La inteligencia artificial puede equivocarse con la misma seguridad con la que acierta. Por eso es fundamental desarrollar criterios para evaluar lo que devuelve una herramienta y no asumir que todo lo que genera es correcto”.

Medios: la IA está, pero la confianza no es total

El informe también midió el vínculo entre la IA y el consumo de noticias. El 67% de los argentinos dijo haber visto funciones basadas en inteligencia artificial en sitios o aplicaciones de noticias: etiquetas que identifican contenido generado por IA, resúmenes automáticos, asistentes conversacionales o versiones en audio y video producidas con estas tecnologías.

Ahora bien, la expansión no equivale a aceptación plena. La mayoría sigue prefiriendo contenidos elaborados por periodistas, incluso cuando acepta que la IA asista en ciertas tareas. La confianza baja a medida que crece el nivel de automatización y toca su piso cuando las noticias son producidas íntegramente por sistemas de IA.

“Especialistas en hacer más con menos”

¿Por qué la Argentina adoptó estas herramientas más rápido que economías con más recursos? Para Vivas, la respuesta está en una característica histórica del ecosistema local: resolver problemas con recursos limitados.

“Los argentinos somos especialistas en hacer más con menos. Durante años, muchas empresas y profesionales no pudieron acceder a tecnologías que requerían grandes inversiones o equipos especializados. La IA generativa cambia esa ecuación porque permite acceder a capacidades que antes estaban reservadas para organizaciones con mucho presupuesto”, señaló en diálogo con LA NACION.

Y agregó: “La IA muchas veces nos saca del pantano de la carencia: ‘no tengo’, ‘no hay presupuesto’, ‘no sé cómo’. Y eso, en la cultura argentina, siempre tuvo mucho valor”.

Ortega coincidió: “Estas herramientas llegan para resolver necesidades muy concretas. Ahorran tiempo, reducen costos, permiten crear contenido, automatizar tareas y mejorar procesos. Para muchos emprendedores, profesionales independientes y pequeñas empresas representan el acceso a capacidades que antes eran inaccesibles”.

Para la especialista, la adopción local combina creatividad, necesidad económica y cultura emprendedora. “Argentina tiene una capacidad histórica para apropiarse rápidamente de nuevas tecnologías cuando percibe que pueden generar una ventaja. La IA encaja muy bien en esa lógica”, sostuvo.

De buscar a preguntar: el cambio de hábito

El crecimiento de estas herramientas modificó algo más profundo que la productividad: la manera en que se busca información. Durante décadas, navegar implicó un recorrido. Se escribía una consulta, se analizaban resultados, se comparaban fuentes y se construía una respuesta propia.

Con la IA generativa, ese proceso se acorta. “Durante más de 20 años buscar significó recorrer. Había que entrar a distintos sitios, comparar información y sacar conclusiones. Hoy conversamos con una herramienta y recibimos una respuesta elaborada”, explicó Vivas.

Ortega fue más allá: “Estamos pasando de una sociedad que busca información a una sociedad que espera recibir respuestas. Eso tiene ventajas evidentes en términos de rapidez y accesibilidad, pero también modifica la forma en que aprendemos”.

Esa comodidad explica otro de los hallazgos del informe: el uso de la IA para obtener información crece más rápido que otros usos más especializados.

El desafío que viene

La especialista también advirtió sobre el riesgo de una creciente dependencia cognitiva. Para ambos expertos, la próxima etapa no estará definida por el acceso a la tecnología, sino por la capacidad de usarla de forma crítica.

“Si delegamos de forma permanente tareas de análisis, redacción, síntesis o toma de decisiones, podemos perder parte de esas capacidades. El objetivo no debería ser reemplazar el pensamiento humano, sino potenciarlo”, cerró Ortega.

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