El pan pierde terreno en La Rioja: la caída del consumo que preocupa a los panaderos

El consumo de pan en La Rioja cayó hasta un 20% y los panaderos alertan por la competencia informal y la pérdida de poder adquisitivo. ¿Qué pasará con el sector?

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El pan pierde terreno en La Rioja: la caída del consumo que preocupa a los panaderos
El pan pierde terreno en La Rioja: la caída del consumo que preocupa a los panaderos

El consumo de pan en La Rioja sigue en caída libre, y la preocupación crece entre los industriales del sector. Según la Cámara de Industriales Panaderos de la provincia, la demanda cayó entre un 18% y un 20% en comparación con el año pasado, una cifra que enciende las alarmas.

Oscar Carrizo, presidente de la cámara, dialogó con Medios Provincia y confirmó que la baja es sistemática desde hace varios años, aunque la última medición de julio mostró uno de los retrocesos más pronunciados. El dato corresponde exclusivamente al pan de mesa, en sus variedades francés, de grasa y miñón.

“Estamos hablando únicamente de pan de mesa. En sus tres variedades cayó aproximadamente un 18%”, precisó Carrizo, quien atribuyó el fenómeno a la pérdida de poder adquisitivo de las familias.

¿Por qué se consume menos pan?

Para Carrizo, el principal motivo es la falta de dinero. Aunque el precio del pan en La Rioja es mucho más bajo que en otras provincias, los costos de producción siguen siendo altos. El kilo puede conseguirse en distintos comercios entre $1.500 y $2.700, mientras que en las panaderías tradicionales alcanza los $3.000 o $3.500 según la variedad.

En Buenos Aires, en cambio, el kilo ronda entre $4.800 y $5.100, una diferencia que evidencia la disparidad regional. “Hay otros rubros que están en peores condiciones que nosotros”, reconoció Carrizo, aunque recordó que en una panadería los ingresos deben cubrir salarios, gas y materias primas, dejando un margen reducido para el empresario.

La competencia informal, otro dolor de cabeza

Otro de los reclamos del sector es la competencia desleal de los puestos callejeros y emprendimientos familiares que venden pan casero, tortillas y otros productos sin cumplir con las mismas obligaciones.

“Hay que competir en igualdad de condiciones”, sostuvo Carrizo, y enumeró los requisitos que exige la actividad: personal registrado, establecimientos habilitados y vehículos autorizados para la distribución. Quienes cumplen con todas las cargas laborales, impositivas y sanitarias tienen costos que no afrontan los vendedores informales, lo que se refleja en el precio final.

Facturas y otros productos también sufren

La caída no se limita al pan. Carrizo indicó que también se siente en facturas, alfajores de maicena, alfajores de milhojas y cañones con dulce de leche. En este caso, el consumo está atado al calendario escolar: durante las clases la demanda es alta, pero en vacaciones baja considerablemente.

Además, hay una tendencia global a consumir menos harinas por hábitos alimentarios más saludables. Carrizo aclaró que el problema no es el pan en sí, sino los excesos.

Finalmente, el sector enfrenta una marcada estacionalidad: en los meses fríos el consumo aumenta, pero cuando suben las temperaturas, la demanda se desploma. Hacia diciembre, estimó Carrizo, la producción de las panaderías podría caer hasta un 40%.

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