El Papa aterriza en Buenos Aires y Milei ya tiene su primer desafío institucional
La visita del Papa a la Argentina ya está en marcha y la política local no piensa dejarla pasar. Desde la invitación demorada a Victoria Villarruel hasta la ausencia de los expresidentes, cada gesto se mide en clave electoral. ¿Qué lugar le quedará a Milei en el primer gran desafío institucional de su gobierno?
El avión que trae a León XIV tocará pista en Ezeiza a las 16.30 de este sábado y, con ese gesto, arrancará el primer gran examen institucional para Javier Milei desde que asumió. No es para menos: la visita del Pontífice llega en un país que, a diferencia de otros, no sabe de pausas electorales y ya está metido de lleno en la campaña hacia octubre de 2027.
La diplomacia vaticana tiene una costumbre no escrita: evitar las visitas pastorales en años de elecciones para que la figura del Papa no quede salpicada por la política partidaria. Si el cáncer detectado a León XIV le hubiera impedido viajar, el viaje se habría reprogramado para después de 2028. Pero la Argentina tiene un problema extra: no solo está en plena campaña para los comicios de octubre de 2027, sino que vive en un estado plebiscitario permanente, con elecciones cada dos años en las que se dirimen dos modelos de país antagónicos.
Un país partido en dos que condiciona todo
Ese perfil hiperpolitizado no solo afecta la visita apostólica, sino que también determina la economía como pocos factores. Sebastián Galiani, exsecretario de Política Económica durante el gobierno de Mauricio Macri, lo describió esta semana al abrir la conferencia de FIEL: “La Argentina es un país que tiene por su estructura económica dos proyectos que son muy disímiles. Cada elección presidencial define a dónde va la Argentina. Entonces, uno quiere hablar del largo plazo y termina hablando de las elecciones”.
El Gobierno se impuso llevarse bien con la Iglesia. El Presidente, que cuestiona desde hace tiempo el concepto de “justicia social”, este año hizo un esfuerzo por no responder a las homilías en las que el arzobispo García Cuerva criticaba de forma velada o directa algunas decisiones económicas. Las contestaciones, cuando las hubo, salieron de funcionarios o circularon en privado, en charlas con el arzobispo, quien suele atribuir los malentendidos a titulares periodísticos o recortes audiovisuales que no maneja.
Por eso la visita papal tiene para el Gobierno un doble filo. Celebra el acontecimiento como histórico y hasta se lo atribuye en parte, pero también lo recibe con algo de tensión. A la costumbre libertaria de medir cada palabra se suma, en este caso y a diferencia de lo que ocurre en Uruguay, el interés de todo el establishment: proliferan dirigentes políticos para quienes una foto con el Papa vale más que mil actos proselitistas. “Imaginate lo que es para mí esa foto, en medio de la interna…”, confió a un organizador del viaje un sindicalista que intenta, hasta ahora sin éxito, acercarse a León XIV en el encuentro de la UCA, previsto para pasado mañana.
Pocos cara a cara y una carpa vip
Los encuentros personales serán casi inexistentes, o al menos esa es la pretensión de la Conferencia Episcopal. Es probable que los empresarios que aportaron para financiar la gira, un grupo que fue recibido en persona en el último viaje papal a España y en la Nunciatura, deban conformarse con un saludo rápido en una carpa vip en el Monumento de los Españoles, después de la misa. Entre los nombres que suenan están José Luis Manzano, Daniel Vila, Marcos y Alejandro Bulgheroni, y Eduardo Eurnekian. Habrá que ver quiénes asisten.
Con los políticos no hay dudas: cada gesto y cada imagen tienen un peso desmesurado en tiempos electorales. Ni siquiera una propuesta de fácil aplicación en otros países, como invitar a los expresidentes vivos a recibir al Papa, será posible esta vez en la Argentina. Ni siquiera mañana en el Palacio Libertad, el encuentro institucional por excelencia. Cuando Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal, deslizó esa posibilidad días atrás, varios obispos la rechazaron de plano: traería problemas, sobre todo porque habría que incluir a Cristina Kirchner, que cumple una condena con prisión domiciliaria. Algunos peronistas lo soñaron, pero no podrá ser.
Ya fue difícil algo más elemental: la invitación a la vicepresidenta Victoria Villarruel, que se concretó recién esta semana. La demora en convocarla también agitó a la oposición, que se apuró a aprobar por unanimidad en el Senado, hace dos jueves, una resolución para invitar al Papa a hablar ante la Asamblea Legislativa y reclamó formalmente a la Cancillería que incluyera a la vicepresidenta en la comitiva oficial de recepción. La iniciativa, que contó con el aval de todos los bloques, generó tensión porque llevaba también el voto de Patricia Bullrich.
La Iglesia intenta anticiparse a los focos de conflicto
La Iglesia argentina buscó adelantarse a varias de estas perturbaciones. Cuando los emisarios del Gobierno preguntaron qué podría llegar a decir el Papa, los obispos recomendaron repasar todo lo que había dicho en España, donde habló de absolutamente todo sin importar que sus palabras pudieran incomodar a Pedro Sánchez. También les avisaron a sindicatos y movimientos sociales que no serían bien vistas ni banderas ni pancartas mañana en la UCA, y extendieron la inquietud a Jorge Eduardo Scheinig, arzobispo de Luján-Mercedes, para que intentara aplicar la misma idea en la basílica. Allí preocupa el antecedente de misas que se hicieron en su momento en honor del papa Francisco y que le dieron al templo una estética de unidad básica. Los obispos más espantados repiten ahora un concepto que viene de Mateo 16:18: León XIV es el sucesor de Pedro, no de Francisco.
Como la imagen cuenta, la transmisión estará a cargo de la señal Vatican News, que designó además un director de cámaras. Un detalle que debería ser insignificante ya generó diferencias por el acto en el Cottolengo. La Casa Rosada, que proveerá los equipos a través de MediaHub SA, empresa que se adjudicó el contrato por licitación y pertenece a Alejandro Spinello, socio de Daniel Vila en Mendoza, pretendía que la transmisión comenzara con el Papa ya dentro de la capilla del predio. Pero el Episcopado quiere empezar varias cuadras antes, con el arribo de Robert Prevost al portón y, por lo tanto, mostrar el Cottolengo en toda su dimensión. En medio de la discusión por la ley de discapacidad, que ya tiene media sanción en Diputados, la imagen es muy relevante.
También lo serán los asistentes al acto. El Vaticano pidió taxativamente que no hubiera autoridades políticas en Claypole. Kicillof recibirá al Pontífice apenas baje del papamóvil, pero se ubicaría en la capilla, si entra, a lo sumo al costado o atrás. Es lo que se convino al menos durante las pruebas de sonido (también de la participación de Abel Pintos), que les sirvieron a los técnicos para advertir que algunos equipos bonaerenses no estaban en las mejores condiciones. Hubo que reemplazarlos. El gobierno de Kicillof subcontrata para estos actos a Total Producciones SA, empresa presidida por Diego Casagne.
Que el paso de León XIV por el Cottolengo sea interpretado o no en clave partidaria depende más de la dirigencia argentina que del visitante. El Papa viene pidiendo desde hace tiempo datos de la política y la economía nacional, e incluso detalles de la relación entre la Casa Rosada y el Episcopado, a través de sus dos mejores contactos en el país, los agustinos Alejandro Moral Antón y Alberto Bochatey. Para él, el predio no deja de representar un mensaje central: los más débiles y postergados tienen una dignidad exactamente equivalente a la del millonario o el poderoso porque nacieron a imagen y semejanza de Dios. Una noción antropológica que viene del Génesis y que, como tal, trasciende lo que pueda pasar en octubre de 2027.
Contenido completo del artículo. Fecha de publicación original: 07/11/2026.