El parque que Tucumán olvidó: la denuncia que nadie quiere escuchar
Mientras un parque brilla, el otro se apaga. ¿Qué está pasando con los pulmones verdes de la capital tucumana? La carta de un lector expone una realidad incómoda.
La capital tucumana esconde una postal desoladora: mientras el parque 9 de Julio brilla con su esmerado mantenimiento, el parque Avellaneda languidece entre el abandono y el avance comercial. La diferencia entre ambos pulmones verdes es tan abismal que duele.
Ubicado sobre la avenida Mate de Luna, con un tráfico intenso y permanente, el parque Avellaneda se ha convertido en una simple plaza de paso. No hay aire puro, ni jardines, ni espacios para el descanso. Solo sobreviven árboles añosos, casi esqueléticos, que parecen pedir auxilio.
¿Qué pasó con la pileta de natación?
La otrora bella pileta de natación, que alguna vez fue el orgullo del lugar, hoy es un deforme hueco. Los canteros, los asientos y las plantas están envejecidos, víctimas del olvido. Lo que se planificó como un refugio verde para el relax humano, ahora es territorio de intereses comerciales que nada tienen que ver con su propósito original.
El avance de los negocios ambulantes le roba terreno a la naturaleza. Y la situación no se limita al Avellaneda. El parque 9 de Julio, el más querido y cuidado, también sufre el embate en su entrada sur.
El campamento que desfigura el 9 de Julio
Autorizado o no, se instaló un verdadero campamento con sillas plegables, mesas, cocinas y parrillas. Los vendedores ofrecen su mercadería en condiciones precarias, un contraste brutal con la belleza y señorío que siempre caracterizó a ese sector.
“Es triste decirlo, pero parece que -como lo dice el vulgo- estamos ‘mostrando la hilacha’”, reflexiona el autor de la carta, Darío Albornoz. Y la pregunta que flota en el aire es: ¿hasta dónde llegaremos?