El pasaje Simeoni ya no sería el mismo: los tres cambios que vienen y el dato que lo define
El pasaje Simeoni cambia de piel: veredas más anchas, mesas afuera y tres frentes que avanzan en paralelo. Qué se viene y cuándo, el dato que todavía falta confirmar.
El pasaje Simeoni, esa cortada que durante años funcionó como estacionamiento a 45 grados entre Mitre y Tucumán, empieza a mostrar un futuro distinto. El municipio apuesta a convertirlo en un corredor gastronómico y cultural, con veredas más anchas, mesas al aire libre y una plaza abierta que cambie la relación del pasaje con los edificios que lo rodean.
La transformación no depende de una sola obra. Son tres frentes que avanzan en paralelo: dos desarrollos inmobiliarios sobre el pasaje y la recuperación de un edificio histórico que cambió de dueño.
Los dos edificios nuevos y sus plantas bajas
A pocos metros del paseo, la histórica Parrillita de Don Alberto cerró en marzo después de más de medio siglo y el inmueble fue demolido para levantar un nuevo edificio de viviendas. El terreno lo compró el empresario inmobiliario Martín Eguiazú, titular de Remax Forum.
El proyecto prevé un local comercial de unos 150 metros cuadrados en planta baja, con destino gastronómico definido por el propio desarrollador. La construcción todavía no arrancó: el expediente está tramitando el permiso de edificación y las obras podrían comenzar durante 2027, con un plazo estimado de un año y medio a dos años.
Ambos emprendimientos se apoyan en cambios normativos que impulsa el municipio para modificar la relación entre edificios y calle. Las nuevas exigencias de cocheras y la posibilidad de sumar balcones y plantas bajas más amplias buscan favorecer la aparición de locales comerciales y gastronómicos.
Berlín, el tercer frente sin demolición
Al panorama se suma un inmueble más grande y con otra lógica: el edificio de Pasaje Simeoni 1128, donde durante décadas funcionó Berlín. El histórico bar cerró este año después de 26 años ligados a la música y la cultura rosarina. Su futuro no pasa por la demolición: lo adquirió en su totalidad un inversor privado y Grupo AM Real Estate inició la búsqueda de operadores para darle nuevos usos.
La propiedad supera los 1.000 metros cuadrados entre subsuelo, planta baja y planta alta. La convocatoria apunta a proyectos gastronómicos, culturales, comerciales y de coworking, así que la gastronomía podría volver a tener un rol central, aunque todavía no hay operador definido.
El subsecretario de Planeamiento municipal, Pablo Florio, remarcó que la preservación del edificio es una condición central: "Es un edificio protegido, por lo cual nunca estuvo en evaluación la demolición. Por eso alentamos que se potencie y se transforme para revalorizar el patrimonio".
La recuperación de Berlín aparece como una tercera oportunidad para reactivar el pasaje, esta vez sin reemplazar la construcción existente. Si prospera una propuesta con gastronomía, se sumaría a los futuros locales de los dos desarrollos y a la actividad del restaurante Donostia, en la esquina de Sarmiento.
"El pasaje deja de ser un lugar donde se estacionan los autos a 45 grados y pasa a ser un potencial paseo gastronómico", sintetizó el funcionario.
La plaza, el subsuelo y el hallazgo inesperado
La transformación privada coincide con la renovación de la Plaza de la Cooperación, entre Mitre, Tucumán y el propio pasaje. "La idea era que la plaza deje de ser cerrada, con muros altos, y empiece a ser abierta", explicó Florio.
Hasta ahora el espacio tenía accesos solo por las esquinas. La intervención busca mejorar la conexión con Simeoni y ampliar la vereda que bordea la plaza, recuperando para el peatón el espacio que hoy ocupan los autos estacionados a 45 grados, siempre con una franja de circulación vehicular.
"La vereda de la plaza hacia el pasaje se ensancha de manera que pueda seguir pasando autos y ambulancias, pero el lugar de estacionamiento, que es el recorrido de la plaza, se convierta en espacio usable, que se complemente con los usos de la planta baja de los dos edificios", detalló.
Durante los trabajos apareció un elemento inesperado que obligó a reprogramar el proyecto: cámaras y estructuras subterráneas vinculadas con el antiguo Mercado Norte, que funcionó en ese sector hasta fines de la década del 70. La obra se espera para fines de noviembre o principios de diciembre.
En lugar de volver a ocultarlas, el municipio decidió dejarlas parcialmente a la vista. "Vamos a hacer lo contrario a lo que se hizo en aquel momento. Se tapó y se escondió. Vamos a dar cuenta de que existe y lo vamos a mostrar", afirmó Florio. El plan contempla superficies vidriadas en el piso para observar los espacios subterráneos y un acceso de mantenimiento para iluminación y limpieza.
El funcionario también descartó que se evalúe construir estacionamientos subterráneos: una intervención así requeriría destruir la plaza y las estructuras históricas. "Los rosarinos del futuro decidirán qué hacer con ese subsuelo. Será una decisión de próximos gobiernos", sostuvo.
Por qué no será una peatonal tradicional
La posibilidad de convertir Simeoni en un paseo completamente peatonal se evaluó en distintas oportunidades, incluso con referencias a pequeños corredores gastronómicos de ciudades europeas. Sin embargo, el acceso de ambulancias al Policlínico Pami I, sobre Sarmiento, obliga a preservar la circulación.
Por eso el municipio optó por una intervención intermedia: mantener el paso vehicular, darle más protagonismo al peatón y generar condiciones para que la actividad gastronómica se extienda al espacio público.
El contexto: Tucumán y la apuesta por repoblar el centro
El potencial gastronómico de Simeoni no aparece aislado. Según Florio, forma parte de una transformación más amplia que ya se observa sobre calle Tucumán y sus alrededores, donde se multiplicaron las propuestas para comer y tomar algo: la convivencia de históricos como Doppio Zero con recientes como El Rosarino Barra, La Josefa, Gota, Tutto Passa, Panza Llena Corazón Contento y Love Café.
La apuesta municipal también busca incrementar la población residente en el área central. La construcción de nuevos edificios, sobre todo con departamentos destinados al alquiler, es uno de los instrumentos para atraer habitantes y sostener la actividad comercial. Florio señaló que esas unidades podrían generar una oferta importante de alquileres y resultar atractivas para jóvenes que quieren vivir cerca del trabajo, los servicios y el transporte público, incluidos estudiantes de otras localidades de Santa Fe y Entre Ríos.
Más que inventar un polo gastronómico, la transformación de Simeoni parece recuperar una condición que el pasaje ya tuvo. El futuro no apunta a una peatonal tradicional, sino a un corredor de escala reducida donde convivan la circulación vehicular, veredas más amplias, mesas al aire libre, una plaza abierta y una mayor concentración de propuestas gastronómicas y culturales.