El pastor que advierte por qué la izquierda no puede regalarle el voto evangélico
Un pastor argentino con llegada a millones de fieles advierte que la izquierda está regalando un bloque electoral enorme. Su mensaje después del triunfo de Bolsonaro en Brasil deja una pregunta incómoda que también interpela a la política local.
El politólogo y pastor evangélico argentino Sebastián Carnival envió un mensaje a sus contactos después del triunfo de Flavio Bolsonaro sobre Lula en la primera vuelta brasileña. Allí dejó una advertencia que incomoda: “Brasil tiene entre 47 y 50 millones de evangélicos. No estamos hablando de un nicho electoral, sino de una parte enorme y profundamente arraigada de la sociedad brasileña, con fuerte presencia entre mujeres, jóvenes y negros”.
Miembro de la Iglesia Catedral de la Fe, una red que en los últimos 15 años se expandió como nunca a nivel nacional y moviliza a miles de voluntarios en todo el país, Carnival no habla desde la teoría. Conoce ese mundo por dentro y sostiene que la distancia del evangelismo con el PT y con sectores de la izquierda no es solo electoral, sino también cultural.
Su diagnóstico apunta a prejuicios, caricaturizaciones del mundo evangélico, desconocimiento de la vida cotidiana de las iglesias y acercamientos que muchas veces aparecen recién en tiempos de campaña. A eso suma otra tendencia: dialogar con algunos referentes “aceptables”, sin comprender a la base más amplia y diversa de creyentes.
Un bloque que no responde a etiquetas
Carnival discrepa con quienes describen al evangelismo como una fuerza homogénea que milita entre los sectores populares para imponer las ideas de la extrema derecha, tanto en Argentina como en Brasil. Para él, temas como la familia, la Biblia, la vida o determinadas convicciones morales no son slogans políticos: son parte de una cosmovisión.
De ahí surge, dice, una pregunta incómoda sobre la crisis de representación en Brasil: ¿cuánto conocen realmente los partidos y sus dirigentes a las sociedades que pretenden representar?
La derecha dura ya no es una excepción
El texto plantea que la extrema derecha llegó para quedarse. Lo demostró Trump con su regreso y lo ratifica el clan Bolsonaro, más allá de cómo salga la segunda vuelta. Con la doctrina Donroe, la alianza de Silicon Valley con los republicanos y un contexto económico de bajo crecimiento, la mecha está corta: en toda América Latina pierden los oficialismos pero se expande como nunca la derecha dura.
Para los gobiernos de tradición popular el desafío es enorme. No pueden desconocer a la sociedad que representan, pero tampoco perder el tiempo cuando llegan al poder: la prioridad deben ser sus representados. El Brasil de Lula tiene un índice de riesgo país envidiable para la Argentina (170 puntos), pero también tiene 81 millones de morosos, una parte a causa de la epidemia de las apuestas y la otra por la crisis de ingresos. Además, el único aumento que decidió el PT del Bolsa Familia en cuatro años recién ahora se va a cobrar. Tal vez eso explique el ausentismo y la falta de esperanza en sectores de tradición petista.
La mutación que la izquierda no ve
Desde otra concepción, más ligada a la izquierda, el ensayista Luis Lea Place difundió una caracterización breve de las elecciones brasileñas. “No es que el electorado se haya corrido a la derecha. Se ha corrido a la multiplicidad, a lo diverso, a un pensamiento heterogéneo, a lo incierto. Harto de las inútiles certidumbres racionales del siglo XX, tanto de la izquierda como de la derecha clásica”, escribió.
Coautor de “Fragmentos del rizoma, perfil multifacético de la multitud”, Lea Place sostiene que solo los reaccionarios del siglo XXI han comprendido esta mutación en la mente de las personas, en un contexto donde la subjetividad cambia por completo como producto del gobierno de los teléfonos y la tecnología sobre las personas. De allí, dice, que reaccionarios como Bolsonaro, Trump y Milei ganen la iniciativa política en varias regiones del planeta.
“Si los progresistas y la izquierda siguen buscando desde sus pirámides políticas un pensamiento homogéneo en la población, no harán más que alimentar el desarrollo de los reaccionarios”, advierte.
Coincidencia en el diagnóstico
Si en algo coinciden Carnival y Lea Place es en eludir las etiquetas fáciles para los sectores populares y preguntarse por la conexión de la dirigencia política con la sociedad que pretende gobernar y transformar.
A eso se puede sumar el análisis de Fabio Barbosa, el politólogo brasileño que le anticipó a El Destape hace dos semanas el probable triunfo de Bolsonaro. En “Brasil Autofágico”, publicado en 2022, Barbosa y Daniel Feldmann resaltan lo que advierten como un activo crucial de la extrema derecha: la politización (odiosa) del resentimiento social.
“Es una autenticidad perversa pero real. La guerra de todos contra todos no es color de rosa y aquellos que admiten su crueldad aparecen como verdaderos en contraste con las promesas siempre incumplidas. Esa derecha no remedia la frustración ni gestiona la crisis: gobierna a través de ellas”, dicen.
Partir de la realidad efectiva quizás sirva para no regalarle el electorado decisivo a la derecha. Tal vez Lula ahora lo haga.