El peligro detrás del boom de Vaca Muerta: no es el dólar ni la inflación, esto es lo que preocupa
El boom exportador de Vaca Muerta y la minería trae dólares, pero también un riesgo oculto: la enfermedad holandesa. ¿Qué industrias están en peligro y qué dice el Gobierno? Los detalles que no te contaron.
Mientras el país celebra el auge de Vaca Muerta y la minería, un fantasma recorre la economía: la temida enfermedad holandesa. Un informe del Ieral advierte que la llegada masiva de dólares podría hundir la competitividad de industrias clave. ¿Estamos ante un problema a la vista o una amenaza lejana?
¿Qué es la enfermedad holandesa y por qué debería importarte?
El concepto describe lo que ocurre cuando un país recibe un aluvión de divisas por exportar recursos naturales. El tipo de cambio se aprecia, el dólar se abarata y los costos internos (como los salarios) se encarecen en moneda extranjera. Resultado: las industrias que compiten con importaciones pierden competitividad.
Según el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), las exportaciones de energía y minería podrían alcanzar los US$50.000 millones en 2030, a los que se suman unos US$35.000 millones del agro. Esa oferta creciente de dólares, que se sentirá con más fuerza a partir de 2028, empuja hacia un tipo de cambio poco competitivo.
Los sectores en la mira: ¿quiénes son los más vulnerables?
El reporte aclara que el fenómeno no golpea a toda la economía por igual. Los más afectados son los sectores intensivos en mano de obra y expuestos a la competencia externa: textil, calzado, metalúrgica y neumáticos. Ieral distingue entre actividades viables en riesgo —que necesitan reformas urgentes para bajar costos— y las inviables con el modelo actual, que requieren políticas de reconversión.
Marcelo Capello, economista jefe del Ieral, señaló a TN que el foco del Gobierno está en los sectores ganadores —minería, energía, agro y economía del conocimiento— impulsados por el RIGI y el eventual super-RIGI. “Estarían faltando más políticas para las pymes viables que están en riesgo”, afirmó.
Entre las salidas propuestas, están bajar impuestos que encarecen la mano de obra, como las contribuciones patronales, y reemplazar las retenciones por reintegros a los exportadores. Pero el punto central pasa por el frente fiscal: “Para que el tipo de cambio no esté excesivamente bajo, se necesita más superávit fiscal”, explicó Capello. Y agregó que la compra de reservas debe darse con los pesos generados por esa vía.
El informe también sugiere canalizar el ahorro hacia un fondo anticíclico —como los de Chile y Noruega— para acumular dólares en años de bonanza y usarlos en crisis. Además, recomienda que las provincias más beneficiadas desarrollen sus propias soluciones.
¿Llega la enfermedad o todavía hay tiempo?
La analista macro de Abeceb, Elisabeth Bacigalupo, relativiza el riesgo en el corto plazo. Sostiene que la demanda de dólares en Argentina sigue deprimida: las importaciones no repuntan al ritmo de la actividad, las empresas no giran utilidades al exterior y el Banco Central recién empieza a reconstituir reservas, muy por debajo de otros países de la región.
“No me imagino enfrentando problemas de enfermedad holandesa al menos los próximos 3 años”, afirmó Bacigalupo. Y ejemplificó: “Si el proceso de crecimiento continúa, la inversión en bienes de capital, que básicamente son importados, va a presionar la demanda de dólares para importar maquinaria”.
En cambio, Bacigalupo pone el acento en otro riesgo: que la Argentina derive en una economía “de enclave”, con sectores de altísima productividad pero poco derrame sobre el resto del entramado productivo y el empleo.
El consenso es que el tipo de cambio seguirá apreciado en medio de la transformación productiva. El debate, entonces, pasa por los tiempos, la magnitud del fenómeno y qué tan preparado está el Estado para amortiguar el impacto en los sectores menos beneficiados.

