El peligro oculto que acecha a los argentinos que hacen ejercicio: el error que puede arruinar tu salud
¿Hacés ejercicio regularmente? Un dato alarmante revelado por especialistas muestra que tu rutina de entrenamiento podría estar perjudicando tu salud en lugar de mejorarla, y todo por un error común que muchos cometen.
Más de la mitad de los argentinos mayores de 18 años realiza actividad física regular, pero un detalle crucial que muchos ignoran está convirtiendo ese esfuerzo en una amenaza silenciosa. Especialistas advierten que entrenar sin un plan nutricional adecuado no solo frena el progreso, sino que puede dañar seriamente el organismo a largo plazo.
Según la Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte, el 55% de la población adulta argentina se ejercita de manera habitual. Running, trekking, ciclismo y disciplinas indoor como el CrossFit ya son parte de la rutina de miles. Sin embargo, este cambio cultural positivo esconde un riesgo: una gran parte de las personas activas sostiene rutinas exigentes sin el acompañamiento alimenticio correcto.
Belén Martínez, especialista en Nutrición Deportiva y directora de la Licenciatura en Nutrición de UFLO Universidad, es clara: “La alimentación debe adaptarse a la rutina del deportista y no a la inversa”. Para ella, una nutrición deportiva adecuada debe ser, ante todo, individualizada, contemplando el tiempo de entrenamiento, la experiencia, los hábitos y el contexto de vida de cada persona.
¿”Comer sano” es suficiente cuando entrenás?
El problema no es exclusivo de atletas de élite. Afecta a cualquiera que entrene por salud, estética o bienestar psicológico. La creencia de que una alimentación general equilibrada basta es un error frecuente y peligroso. “Comer sano y comer para entrenar no son conceptos opuestos, pero sí implican ajustes específicos”, explica Martínez.
Cuando se realiza actividad física regular o intensa, aumenta la masa muscular y la demanda metabólica. Por eso, la proporción de carbohidratos —el combustible principal— debe planificarse meticulosamente en cantidad, tipo y momento de consumo. “El qué, el cómo y el cuándo son determinantes”, enfatiza la especialista.
Sin esa planificación, el cuerpo puede entrar en déficit energético. Las consecuencias son concretas: se ralentiza la recuperación y aumenta el riesgo de lesiones, fatiga crónica y desequilibrios hormonales. La malnutrición en personas activas puede ser silenciosa, manifestándose como deficiencias de hierro o calcio, baja disponibilidad energética o pérdida de masa muscular sin causa aparente.
Los pilares de una dieta para quien se mueve
El error más común es subestimar el rol de la nutrición como parte integral del entrenamiento. Los carbohidratos son vitales para la resistencia; las proteínas reparan el músculo; y las grasas de calidad sostienen esfuerzos prolongados. Pero no son los únicos protagonistas: vitaminas, minerales y fibras también cumplen un papel fundamental cuando la exigencia física sube.
“En nutrición deportiva no hay alimentos buenos o malos en términos absolutos: todo depende del contexto”, afirma Martínez. La planificación y la periodización son claves para ajustar la alimentación a la intensidad y frecuencia de cada sesión de ejercicio.
Las diversas condiciones geográficas y climáticas de Argentina agregan otra capa de complejidad. Desde el litoral húmedo hasta la aridez de la Puna o los vientos patagónicos, cada región afecta de forma particular la pérdida de líquidos y electrolitos. “Con el sudor no solo se pierde agua, sino también electrolitos como sodio, potasio o magnesio”, advierte la experta.
Prácticas extendidas, como hidratarse solo con agua sin reponer sales o entrenar en ayunas sin adaptación, elevan el riesgo de calambres, desorientación y lesiones por sobreuso.
El auge del indoor y la tentación de los suplementos
El crecimiento de actividades indoor de alta intensidad, como el entrenamiento funcional, plantea desafíos específicos. La demanda energética elevada y una recuperación incompleta se traducen rápidamente en sobrecargas musculares y problemas en los tendones.
Frente a esto, muchos recurren al uso indiscriminado de suplementos para compensar una base alimentaria deficiente. Martínez es contundente: “Los suplementos son la punta de una pirámide que necesita bases sólidas”. Su recomendación es clara: primero debe existir una alimentación diaria adecuada en cantidad y calidad. Sobre esa base, algunos suplementos con respaldo científico, como proteínas o creatina, pueden ser un recurso válido, pero siempre evaluando su necesidad real y seguridad.
El desafío final es transformar el aumento de la actividad física en bienestar real y sostenido. La nutrición deja de ser un actor secundario para convertirse en una herramienta preventiva central, crucial para cuidar la salud ósea, hormonal e inmunológica de una población cada vez más activa. Aprender a alimentar el movimiento es la clave para que el ejercicio no se convierta, paradójicamente, en un factor de riesgo.