El peritaje que estremece: el joven que mató a su madre creía que era ella o él
Veía aves negras y ojos rojos en la gente, y estaba convencido de que la muerte lo acechaba. El peritaje que conmueve a Catamarca revela cómo la mente de Marcelo Joaquín Tula reemplazó a su madre por un peligro inminente: “Era ella o yo”.
Un informe forense del Poder Judicial de Catamarca sostiene que Marcelo Joaquín Tula, acusado de matar a su madre Norma Tula, actuó bajo un brote psicótico agudo que le hizo perder el contacto con la realidad. Según el dictamen, el joven padecía alucinaciones y delirios de persecución que anularon su capacidad de comprender sus actos.
El peritaje, elaborado por un equipo multidisciplinario de psiquiatría, psicología y psicopedagogía, fue entregado a la fiscal de Violencia Familiar y de Género, Alejandra Antonino, quien investiga el caso, y también a la defensa y a la querella.
¿Qué vio Tula durante el brote?
Los especialistas detallaron que el deterioro mental comenzó días antes del hecho. Tula veía aves negras y ojos rojos en la gente, y estaba convencido de que la muerte lo acechaba. En ese estado, su mente reemplazó la figura materna por la de un peligro inminente, lo que dio origen a su frase: “Era ella o yo”.
Si bien conservaba el control motor y recordaba ciertos movimientos, no tenía noción de que agredía a su progenitora ni de la gravedad de lo que hacía. La violencia, remarcan los peritos, no fue un arrebato tras una discusión, sino el resultado de un cuadro psicótico que se agravó por el estrés de una compleja vinculación familiar.
El perfil cognitivo y el tratamiento actual
El informe señala que Tula conserva habilidades básicas como lectura, escritura y aritmética simple, pero presenta fallas severas en el pensamiento abstracto, la memoria, la concentración y el análisis de situaciones complejas.
Actualmente está internado en el Servicio de Salud Mental del Hospital San Juan Bautista, bajo tratamiento con olanzapina y supervisión profesional. Los médicos observan una mejoría en su estabilidad y una menor agresividad, aunque persisten rasgos delirantes ante eventuales presiones emocionales.
Los peritos concluyeron que la alteración psíquica anuló por completo su capacidad para dirigir sus acciones y comprender la criminalidad del hecho. Además, remarcaron que la extrema violencia del ataque no responde a una personalidad intrínsecamente agresiva, sino al estado de desorganización y delirio en el que se encontraba. El informe subraya la necesidad de mantener su internación y seguimiento médico continuo.