El peronismo enfrenta su crisis más profunda: la interna que a nadie le importa
Mientras el oficialismo avanza, el peronismo libra una batalla interna que muchos consideran irrelevante. ¿Puede una figura del pasado unir a industriales y sindicatos con un discurso de “regreso a las fuentes”, o es solo otro capítulo de su prolongada decadencia?
Mientras la política argentina hierve, un sector clave parece sumido en un letargo inquietante. La interna peronista de hoy es calificada como “la más aburrida de la historia”, un síntoma de un problema mucho más grave que las batallas ideológicas del pasado. La pelea entre el gobernador Axel Kicillof y el espacio de Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires genera un sopor generalizado, sin que nadie espere ideas nuevas o un proyecto renovador.
Este agotamiento no se debe a la falta de conflicto, sino a una alarmante carencia de energía e innovación. Las disputas, como las que atraviesan la Legislatura bonaerense, se reducen a un “minué por cargos y recursos”, donde es casi imposible distinguir a una facción de la otra. El resultado es la prolongación de un naufragio identitario que aleja cada vez más al peronismo de la sociedad.
¿Quién intenta romper el molde?
En reacción a esta monotonía, algunas figuras comienzan a moverse. La que más arriesga es Miguel Ángel Pichetto, ex operador kirchnerista y candidato a vice con Mauricio Macri. Pichetto se postula como el celestino de un “neoperonismo” en germen, que busca “regresar a las fuentes” pero con un tono republicano y modernizador.
Su proyecto no sería progresista, reivindica el primer nestorismo pero no lo que vino después, y pretende recoger a “todos los heridos” del declive político y económico del kirchnerismo, incluyendo potencialmente a la propia Cristina Kirchner. Su crítica central no apunta solo al estilo de gobierno de Javier Milei, sino al corazón de su programa económico.
Lo que más indigna a Pichetto es el proyecto “destructivo” de reformas liberalizadoras y aperturistas, al que considera condenado al fracaso en un mundo que, según su visión, se vuelve más proteccionista. Su propuesta es rescatar la experiencia peronista en ese sentido.
El llamado al “autoperdón” y los nuevos aliados
En un reciente acto junto a Eduardo “Wado” de Pedro, Pichetto propuso que los peronistas se “autoperdonaran” por los errores del pasado, argumentando que nada de eso era tan grave como lo que hace, a su juicio, el mileismo. Esta narrativa busca reconciliar al partido con su historia y, crucialmente, reconectarlo con sectores alejados.
¿Quiénes escuchan este llamado? El arco es amplio y va desde Cristina Kirchner, Eduardo “Wado” de Pedro y Gildo Insfrán, hasta gobernadores que se han distanciado del PJ, como los de Córdoba, Catamarca y Tucumán. Un actor clave es la CGT, que tras apostar por Kicillof, muestra una decepción creciente con su desempeño.
Pero el interlocutor externo más significativo podría ser el sector industrial. Las duras críticas de la Unión Industrial Argentina (UIA) a la apertura “indiscriminada” y los reclamos de “diálogo y respeto” de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) son, para este espacio, “música para sus oídos”. Pichetto ve una oportunidad de oro para unir a industriales alarmados con un peronismo que abandone el “embrujo tóxico” del progresismo.
¿Una oportunidad real o más de lo mismo?
La gran pregunta es si esta contraposición entre librecambio e industria nacional puede abroquelar fuerzas heterogéneas con un discurso distinto al gastado “derecho a tener derechos”. Los analistas no lo descartan, especialmente si el Gobierno de Milei sigue ofreciendo flancos al no negociar una transición con los sectores afectados.
Sin embargo, persiste la duda sobre si este movimiento puede ofrecer algo más que mera “resistencia al cambio”. El contenido “reactivo, telúrico, casi folklórico” de algunas ideas que circulan entre la dirigencia preocupa. Hay visiones que celebran aspectos de la política de Donald Trump que, transplantados a un país con altísimos niveles de protección como Argentina, podrían ser desastrosas.
Las consignas podrían funcionar para Pichetto, De Pedro o Insfrán en el corto plazo. Pero el desafío final, según la conclusión del análisis, será si logran prestar atención a los datos duros de la realidad económica, más allá de las narrativas políticas de siempre. El peronismo se pelea, pero el verdadero drama es que ya no genera pasiones ni proyectos convincentes.