La jefa de Neurología del Perrando advierte que los ACV ya no son solo cosa de adultos mayores y que la cocaína aparece cada vez más en la guardia. Lo que dicen los controles y por qué la hipertensión es la principal amenaza.
El hospital Perrando registra entre tres y cuatro accidentes cerebrovasculares por jornada, según confirmó la jefa del Servicio de Neurología, Mariana Nadelman, quien además advirtió que los episodios ya no se concentran solo en adultos mayores. La especialista habló con Radio Facundo Quiroga en el marco del Día Mundial del ACV, que se conmemoró el 29 de octubre.
Nadelman explicó que la cifra diaria puede trecharse en algunas jornadas y que el ACV es una de las principales urgencias neurológicas que recibe el nosocomio chaqueño. Por eso, el foco está puesto en que la población sepa identificar los síntomas a tiempo.
Una Unidad de Stroke y un medicamento clave
El Perrando puso en marcha hace aproximadamente un mes una Unidad de Stroke, pensada para agilizar la respuesta ante estos cuadros. A eso se sumó la incorporación de tenecteplasa, un trombolítico que disuelve el coágulo que obstruye una arteria cerebral, siempre que el paciente cumpla con las condiciones clínicas para recibirlo.
«Actualmente estamos contando con un tratamiento específico que no siempre tuvimos. Ahora tenemos medicación para revertir rápidamente el cuadro, pero el paciente tiene que llegar antes de las cuatro horas de empezados los síntomas», señaló la neuróloga.
La eficacia del tratamiento depende de la rapidez con la que se actúe. Por eso, Nadelman insistió en que ante cualquier manifestación sospechosa hay que acudir de inmediato a un servicio de emergencias y avisar al personal sanitario. «Lo más importante es reconocer los síntomas y dirigirse a un centro de salud», indicó.
Hipertensión, el enemigo número uno
Al repasar los factores de riesgo, la especialista diferenció entre los modificables y los que no lo son. Entre estos últimos mencionó la edad y el sexo. En el grupo de los que sí se pueden controlar, puso a la hipertensión arterial al tope de la lista. «La hipertensión arterial es el primer factor de riesgo», subrayó.
También tienen incidencia la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo y el colesterol elevado. A esas condiciones se suman ciertas enfermedades cardíacas, en especial la fibrilación auricular, una alteración del ritmo cardíaco que puede generar coágulos capaces de viajar al cerebro. Este cuadro exige controles cardiovasculares y, en algunos pacientes, medicación específica.
Nadelman remarcó la importancia de los controles médicos periódicos, de vigilar la presión arterial, la glucosa y el colesterol, y de sostener hábitos de vida saludables. Aclaró que ninguna persona está exenta de sufrir un ACV aunque tenga sus factores de riesgo controlados, pero la prevención reduce considerablemente las probabilidades.
La preocupación que crece: ACV en jóvenes
Uno de los puntos que más inquieta a los profesionales del Perrando es el cambio en el perfil de los pacientes. «Estamos viendo que la curva está cambiando. En nuestro hospital estamos haciendo un trabajo y estamos viendo el aumento de ACV en gente joven», manifestó Nadelman.
La especialista vinculó esa tendencia con la mala alimentación, el estrés, el sedentarismo y el consumo de sustancias. En particular, alertó sobre la presencia de jóvenes con antecedentes de consumo de cocaína que llegan a la guardia con cuadros cerebrovasculares. «Actualmente estamos viendo en guardia de emergencia muchos casos de pacientes jóvenes con adicciones a la cocaína que producen mucho ACV», sostuvo.
En cuanto a las diferencias por sexo, indicó que los varones presentan mayor incidencia, aunque tanto hombres como mujeres pueden sufrir un episodio y deben estar atentos a las señales. También observó que en épocas de bajas temperaturas suele haber más casos, por el efecto del frío sobre los vasos sanguíneos, aunque no hay un patrón fijo que permita anticipar qué días habrá más demanda.
Los síntomas que no hay que ignorar
La jefa del Servicio de Neurología recordó que la posibilidad de reducir las secuelas depende en gran medida de la rapidez con la que se identifique el cuadro. Entre los signos más frecuentes mencionó la dificultad repentina para hablar, la desviación de la boca, la pérdida de fuerza en un brazo o una pierna y los mareos intensos, sobre todo cuando aparecen junto con otras alteraciones neurológicas.
Recomendó observar si la persona puede sonreír normalmente, levantar ambos brazos y expresarse con claridad. Cualquier alteración repentina debe motivar una consulta de urgencia. «Es muy importante que la gente entienda, aprenda y sepa reconocer los síntomas rápidamente», insistió.
La rehabilitación, una etapa clave
Las consecuencias de un ACV varían según el tipo, la extensión y la región cerebral afectada. Algunas personas pueden tener dificultades para caminar, hablar o moverse, mientras que otras presentan alteraciones de distinta gravedad. Superada la etapa aguda, los equipos médicos evalúan las secuelas y arman un programa de recuperación para cada caso.
«En algunos casos eso se puede recuperar, algunos quedan con una secuela, pero lo que nosotros indicamos es mucha rehabilitación», expresó Nadelman. El Perrando cuenta con atención específica para pacientes neurológicos y con una residencia de kinesiología neurológica cuyos profesionales participan en los procesos de rehabilitación.
La recuperación puede demandar períodos prolongados y depende de múltiples factores, por lo que no hay un plazo único. La rehabilitación es fundamental para recuperar la mayor autonomía posible y mejorar la calidad de vida después del episodio.