El pez que reina en las costas de Chubut: mide 2,60 metros y casi nadie lo ve

Se los asocia a mares tropicales, pero frente a Chubut nada un gigante de 2,60 metros que casi nadie ve. Qué especies habitan la costa y por qué su desaparición cambiaría todo el ecosistema.

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El pez que reina en las costas de Chubut: mide 2,60 metros y casi nadie lo ve
El pez que reina en las costas de Chubut: mide 2,60 metros y casi nadie lo ve

Aguas frías, lejos de los mares tropicales que el cine instaló como territorio exclusivo de los tiburones. Sin embargo, la costa de Chubut funciona como un corredor biológico clave para varias especies de condrictios, que encuentran allí el lugar ideal para alimentarse, crecer y parir a sus crías. El biólogo e investigador del CONICET Nelson Bovcon estudia desde hace años esa fauna patagónica y advierte que, lejos del mito del monstruo marino, estos animales son piezas indispensables para la salud del ecosistema oceánico.

Quiénes nadan frente a la costa provincial

Según detalla el especialista, en las aguas chubutenses conviven especies con ecologías muy diferentes. La lista incluye al gatuso, el cazón, el tiburón espinoso, el pez ángel y la pintarroja. A ese grupo se suman las visitas estivales del tiburón bacota y los avistamientos esporádicos del escalandrún hacia el norte de Puerto Ruz.

Cada variedad desarrolló adaptaciones particulares. El pez ángel, por ejemplo, vive en el fondo marino, donde se camufla y caza al acecho. El tiburón sardinero y el tiburón zorro, en cambio, cuentan con una musculatura capaz de regular su temperatura interna: mantienen el cuerpo varios grados por encima del agua que los rodea, lo que les permite explorar un amplio rango de profundidades.

Los patrones de movimiento también son muy disímiles. El cazón es un gran nadador que se desplaza entre el sur de Brasil y la Patagonia central, y utiliza la costa de Chubut —especialmente la zona de Bahía Engaño— como área de cría exclusiva. "El gatuso también utiliza la costa chubutense para parir a sus crías entre noviembre y diciembre, y al finalizar el verano ambas especies migran alejándose de la costa", explica Bovcon sobre la importancia de resguardar esos espacios reproductivos.

El verdadero rey de las aguas chubutenses

Existe un mito extendido que coloca a todos los tiburones en la cima de la cadena alimentaria. Bovcon aclara que muchas de estas especies, como el gatuso o la pintarroja, son en realidad mesopredadores y basan su dieta en crustáceos o moluscos. El verdadero dueño de estas aguas es el gatopardo, un gigante que puede alcanzar los 2,60 metros de largo y que realiza extensos viajes desde la provincia de Buenos Aires hacia el sur.

Su comportamiento alimenticio cambia a lo largo de la vida. Durante los primeros años consume pequeños invertebrados y peces, pero al superar el metro y medio de longitud su dieta se transforma por completo. "Cuando alcanzan una talla importante empiezan a alimentarse activamente de mamíferos marinos y también aprovechan los restos de lobos, delfines o ballenas muertas", detalla el científico sobre el rol clave de esta especie para limpiar el océano.

La desaparición abrupta de estos predadores tope generaría un efecto en cascada impredecible: sin control sobre las especies ubicadas más abajo en la red alimentaria, el equilibrio de innumerables organismos marinos se vería alterado.

Gigantes frágiles frente al impacto humano

A pesar de su presencia imponente, los tiburones enfrentan una vulnerabilidad biológica extrema. A diferencia de los peces óseos, son muy longevos pero tardan varios años en alcanzar la madurez sexual, y su tasa de reproducción es muy baja: las camadas son pequeñas y algunas especies se reproducen apenas cada dos o tres años. Esa lentitud les impide recuperarse rápido de las amenazas externas, que provienen de la pesca comercial y recreativa, la contaminación y la pérdida de hábitat.

El especialista advierte que cualquier actividad humana que altere las zonas donde estos animales depositan sus crías puede tener un efecto adverso inmediato y devastador, porque afecta de forma directa la supervivencia de las próximas generaciones.

Ciencia y conservación en marcha

Frente a ese escenario, la comunidad científica acelera los esfuerzos para proteger la biodiversidad del Mar Argentino. Uno de los hitos recientes ocurrió en 2025, cuando Chubut declaró al gatopardo como Monumento Natural Provincial mediante la Ley XI N° 93, una medida histórica que prohíbe de forma absoluta su captura.

En paralelo, el equipo de investigación desarrolla un intenso trabajo de campo. Por un lado, marca ejemplares junto a pescadores deportivos con marcas tipo dardo para rastrear su distribución. Por otro, participa de un programa de monitoreo satelital junto a la Fundación Rewilding Argentina y Eco SOB. La colocación de minitransmisores en hembras de gatopardo permitió descubrir cómo utilizan las aguas del Golfo San Jorge y reveló que realizan extensos viajes desde Caleta Malaspina hacia Península Valdés y el sur bonaerense.

Un cambio cultural impostergable

La protección definitiva de estos animales requiere un cambio cultural en el manejo de los recursos marinos. Los especialistas avanzan en la capacitación de pescadores deportivos para garantizar prácticas de devolución segura y proyectan extender ese protocolo a la flota pesquera amarilla. "Estaremos trabajando a bordo para introducir mecanismos de liberación sin daño y empezar a evaluar la supervivencia de los ejemplares capturados incidentalmente", anticipa Bovcon.

El objetivo, dicen, es claro e impostergable: que la ciencia y la comunidad se alíen para asegurar que estos guardianes milenarios sigan nadando en libertad por las costas de la Patagonia.

Tiburones de Chubut

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