El pibe que no cambió: cómo un catamarqueño se volvió el rey del pádel sin perder la esencia
¿Un número uno que sigue siendo el mismo pibe de barrio? Descubrí cómo Agustín Tapia conquistó el pádel mundial sin perder la humildad y qué hay detrás de su asombrosa normalidad.
Agustín Tapia es número uno del mundo, pero en Catamarca sigue siendo el mismo chico tímido que soñaba con una pala más grande que él. Su historia no es la de un superhéroe, sino la de un pibe de barrio que llegó a la cima sin perder la humildad. ¿Cómo logró conquistar el circuito mundial sin cambiar su esencia?
Un ídolo que no puede caminar por la calle
Cuando Tapia vuelve a su tierra, la ciudad entera se moviliza. "Hoy Agustín cuando viene a Catamarca no puede caminar por la calle, no puede ir al centro, no puede ir a jugar al fútbol a una cancha pública", cuenta Dani Ferreyra, periodista local que lo sigue desde sus inicios.
Esa "Tapiamanía" lo obligó a refugiarse en un búnker íntimo, pero la gente no solo adora al número uno: ama al chico introvertido, tímido, que prefiere el silencio a los reflectores.
La palabra que lo define, según sus compañeros
Fede Chiostri, compañero en la etapa de Menores, lo tiene claro: "Es muy difícil definirlo en una sola palabra. Yo, a diferencia de los demás, creo que lo definiría con la palabra humildad. Porque obviamente, yo te podría haber dicho crack, distinto, el GOAT, la cabra... pero sigue siendo el mismo chico que yo conocí cuando tenía 14 años".
Miguel Lamperti, quien lo apadrinó en su salto a España, coincide: "Él es un genio, con la humildad de un ser humano normal. Es una mezcla espectacular. Sigue con ese perfil de un chico humilde, muy gracioso cuando lo conocés, que valora mucho su tiempo libre para estar con la gente que quiere".
El debut a los 9 años con su abuelo
La leyenda cuenta que, con apenas 7 años, ya se metía a la cancha a jugar contra gente más grande y les ganaba. Su debut formal fue a los 9, y su compañero fue su abuelo Tito. "Con Tito jugó principiantes... era muy muy chiquito, lo hizo como para iniciar, para comenzar y ya en ese momento deslumbraba", recuerda Ferreyra.
Lo anecdótico es que no solo participaron para que el chico se divirtiera, sino que terminaron campeones de ese torneo. A pesar de su físico menudo, Agustín sobrevivía con globos milimétricos y atrevimiento.
La templanza de un témpano
En un deporte donde los nervios juegan una mala pasada, el pequeño Tapia era un témpano. "Me impresionaba la templanza, esa cuestión de manejar los nervios que creo que la mayoría de los que jugamos al pádel amateur te das cuenta que tenés miedo (...) bueno a él no se le notaba y en ese momento tenía 10, 11 años", detalla Ferreyra.
Esa calma convivía con un hambre voraz: llegaba a disputar torneos simultáneos en distintos clubes y finales el mismo domingo.
El sacrificio detrás del éxito
Entre los 12 y 13 años, el fútbol casi lo seduce, pero la pala se impuso. El camino fue cuesta arriba: más de 1000 kilómetros de viajes, rifas vendidas entre vecinos para costear los pasajes, y el respaldo de la Secretaría de Deportes catamarqueña, bajo la visión del fallecido Maxi Brumec.
El viaje a Mendoza en 2011 fue el punto de inflexión: Matías Mercado les marcó a Darío y Verónica el rumbo hacia los selectivos de Menores de la APA. Allí, Tapia dejó de ser un talento local para convertirse en un mito.
"Yo iba a los torneos y los más conocidos eran Di Nenno, Stupaczuk, el Gato Tello, Elías Estrella...", relata Chiostri. "Pero sí, en mi categoría yo sabía que había un chico de mi edad del cual todos hablaban pero no lo conocía, que era obviamente Agustín".
Cuando lo vieron jugar, el circuito de Menores descubrió la impotencia que hoy sufre la élite. "Todo, todo diferente tenía", confiesa Chiostri. "Vos ya sabías que jugabas contra alguien que cuando haga una marcha más te iba a ganar. O sea, que cuando se activaba un poquito te iba a ganar. A día de hoy yo sigo sintiendo lo mismo. Pisa el acelerador, va y te pasa por arriba. Juega a otra cosa".
La mutación al profesionalismo
El segundo momento bisagra fue su llegada a Europa. "Agus hizo un cambio mental y físico muy importante", observa Lamperti. "Sabiendo que con la paleta él ya hacía cosas tal vez diferentes a los demás, el complemento del físico y la mentalidad lo llegaron a hacer lo que hoy en día es. Empezó ahí con Marcelo Jardim y se veía que su físico empezaba a cambiar y su pádel crecía semana a semana".
Esa evolución silenciosa lo llevó a un terreno histórico. "Creo que no existe en la historia de nuestro deporte que alguien juegue con tres ex número uno del mundo a la edad que lo hizo", sentencia Chiostri, en referencia a sus etapas junto a Juan Martín Díaz, Fernando Belasteguín y Pablo Lima.
Agustín no forzó su ascenso; el trono decantó por su propio peso. Y como bien resume Ferreyra: "Yo creo que Agustín ya era número uno del mundo antes de serlo en cuanto a los números".