El pibe que rompía juguetes a los 5 años y hoy cambió la vida de miles con prótesis 3D
Lo que empezó como una travesura de un nene de 5 años que desarmaba todo terminó en un proyecto que ya cambió la vida de miles de personas. Las cifras que nadie esperaba y el detalle que lo hizo posible.
Gino Tubaro tenía cinco años y ya desarmaba todo lo que encontraba: juguetes, electrodomésticos, cualquier aparato que cayera en sus manos. Su curiosidad era tan grande que muchas veces terminaba dejando los objetos inservibles. Lo que parecía una travesura infantil se convirtió con el tiempo en un proyecto que hoy le entrega prótesis 3D gratuitas a personas de todo el mundo.
Su mamá, Martha, entendió rápido que prohibirle tocar las cosas no iba a funcionar. En lugar de retarlo, le buscó un espacio donde pudiera experimentar sin romper nada en casa. Así fue como llegó a un taller de inventiva en Colegiales, al que asistió entre los seis y los doce años. Todos los sábados viajaban juntos desde Pompeya en el colectivo 42.
En ese taller no se trataba solo de jugar con herramientas. La consigna era pensar en algún problema que hubieran visto durante la semana e intentar resolverlo con un invento. Uno de los proyectos que Gino recuerda fue una rampa móvil para facilitar el desplazamiento de personas en silla de ruedas. Ahí descubrió que sus ideas podían tener un impacto real en la vida cotidiana de otros.
De una aspiradora casera a su propia impresora 3D
A los seis años construyó su primera aspiradora reutilizando partes de un parlante desarmado y una caja de cartón. Era rudimentaria, pero funcionaba. Después llegaron desafíos más complejos, como una impresora de matriz de puntos que funcionaba con una batería.
Al terminar la primaria recibió un reconocimiento de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) por un pequeño robot con sistema de seguridad eléctrica para viviendas: detectaba situaciones de riesgo en los enchufes y cortaba la corriente.
Más adelante logró construir su propia impresora 3D, una tecnología que por entonces era poco conocida fuera de ámbitos especializados. Su primera intención fue producir más equipos y venderlos, pensando en estudiantes de arquitectura que necesitaban hacer maquetas. Pero encontrar compradores no fue tan fácil como esperaba.
La beca en ORT y la vocación por la electrónica
Tras terminar la primaria, Tubaro consiguió una beca para estudiar en las Escuelas Técnicas ORT, donde eligió la especialidad de Electrónica. Durante la secundaria se anotó en cursos y concursos, aunque muchas veces le costaba ingresar por ser menor de edad. También participó como expositor en una charla TEDx, lo que le permitió mostrar sus trabajos ante un público más amplio.
Ya como técnico electrónico egresado de ORT, decidió continuar sus estudios en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), donde empezó Ingeniería Electrónica. Sin embargo, el crecimiento de sus proyectos le fue quitando tiempo a la facultad. En una entrevista de 2019 reconoció que no podía dedicarle a la universidad todas las horas que hubiera querido.
Felipe, el nene que lo llevó a crear Atomic Lab
El gran cambio llegó cuando Gino tenía alrededor de 16 años. Después de compartir sus trabajos con impresoras 3D en redes sociales, recibió el mensaje de una mujer que no quería comprar una máquina. Era la mamá de Felipe, un nene de Tres Algarrobos, provincia de Buenos Aires, que había nacido sin su mano izquierda. La mujer le preguntó si esa tecnología podía servir para hacerle una prótesis a su hijo.
Tubaro aceptó el desafío y diseñó una mano artificial adaptada a las necesidades del pequeño, con materiales mucho más económicos que los de las prótesis comerciales. La repercusión fue enorme: otras familias empezaron a contactarlo para pedir dispositivos similares. Así nació Atomic Lab, una organización que produce y entrega prótesis gratuitas.
El proyecto incorporó modelos con colores y diseños inspirados en superhéroes, pensados especialmente para chicos. Las piezas se adaptan a las medidas de cada usuario y pueden reemplazarse cuando las necesidades cambian, algo clave durante el crecimiento. Además, una red de voluntarios colabora con la producción y los diseños están disponibles gratuitamente para otras personas y organizaciones.
Un impacto que ya cruza fronteras
Las cifras de Atomic Lab, actualizadas en julio de 2026, registran más de 5.500 prótesis entregadas, una comunidad de más de 3.130 embajadores y presencia en más de 48 países. Los archivos de sus diseños superaron las 150.000 descargas.
Hoy, quienes necesitan una prótesis pueden iniciar el pedido a través de la plataforma Limbs. El proceso comienza con el envío de las medidas para diseñar una pieza personalizada. Después, los voluntarios se encargan de producirla y coordinar la entrega sin costo para quien la recibe.
La historia de Gino Tubaro empezó con un nene que rompía juguetes para ver qué había adentro. Hoy, ese mismo impulso se traduce en miles de manos y brazos que llegan a quienes más los necesitan.