El PJ de Formosa renovó autoridades y marcó un hito: una mujer presidirá el Congreso Provincial

El PJ de Formosa eligió a Graciela Parola como presidenta del Congreso Provincial, un hito histórico. ¿Qué significa esta renovación para la unidad peronista y el futuro político de la provincia?

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El PJ de Formosa renovó autoridades y marcó un hito: una mujer presidirá el Congreso Provincial
El PJ de Formosa renovó autoridades y marcó un hito: una mujer presidirá el Congreso Provincial

El Partido Justicialista de Formosa dio un paso contundente hacia la renovación con un Congreso Provincial que no solo actualizó sus estructuras, sino que también rompió un techo de cristal: Graciela Parola se convirtió en la primera mujer en presidir el Congreso Provincial del PJ, un hecho que resuena más allá de la provincia.

¿Qué se decidió en el Congreso Provincial del PJ?

El viernes 14 de agosto, el Estadio Centenario fue el escenario de una jornada que excedió el mero trámite partidario. Con la renovación de autoridades para el período 2026-2030, se eligió a Graciela Parola como presidenta del Congreso Provincial, y también se renovaron la mesa directiva, el Tribunal de Disciplina, la Junta Electoral, los congresales, los apoderados y la representación ante el Congreso Nacional.

La designación de Parola no es un detalle menor: implica un cambio de época en la estructura de poder del peronismo formoseño, que históricamente estuvo conducido por figuras masculinas. ¿Será una señal hacia las elecciones de 2027? El tiempo lo dirá, pero el gesto es innegable.

Renovación y unidad: la fórmula que busca el peronismo

El peronismo siempre tuvo que equilibrar la continuidad con el cambio. Perón concibió al movimiento no como una sumatoria de dirigentes en busca de cargos, sino como una organización al servicio de tres banderas: justicia social, independencia económica y soberanía política. En ese marco, renovar no es solo reemplazar nombres, sino también formar nuevos cuadros, sumar voces y transmitir experiencia sin tirar por la borda lo construido.

La historia argentina es un recordatorio constante de los costos de la desunión. Tras 1955, el peronismo soportó 18 años de proscripción, con sus símbolos prohibidos y su nombre borrado por decreto. Sobrevivió gracias a los sindicatos, las unidades básicas y la militancia territorial, y en 1973 volvió a ser mayoría. Pero esa etapa también dejó una lección: ganar elecciones no alcanza cuando las disputas internas destruyen el objetivo común. Unidad nunca significó unanimidad; el problema surge cuando la pelea interna tapa la contradicción principal con el proyecto político adversario.

El trasfondo nacional: la reunión que reúne a los distanciados

Lo ocurrido en Formosa no puede leerse en soledad. Días antes, Gildo Insfrán participó en Buenos Aires de un encuentro que volvió a sentar en la misma mesa a sectores del justicialismo que estaban distanciados. Estuvieron Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner, Ricardo Quintela, Sergio Ziliotto, Gustavo Melella, Gerardo Zamora, José Mayans y Germán Martínez, entre otros. La excusa fue electoral, vinculada a los cambios impulsados por el Gobierno nacional, pero el dato político de fondo fue otro: dirigentes que estuvieron enfrentados durante meses retomaron un espacio común de discusión.

Nadie puede afirmar que el peronismo ya resolvió sus diferencias, pero el encuentro reconoce una realidad: ninguno de esos sectores tiene, por sí solo, fuerza suficiente para construir una alternativa nacional. Formosa puede aportar una experiencia, no una receta: primero definir qué país se quiere construir y después ordenar candidaturas y aspiraciones.

La doctrina justicialista frente al mileísmo

El peronismo nació de una discusión sobre la Nación. El 17 de octubre de 1945, el trabajador irrumpió como sujeto social, dejando de ser un mero costo de producción para adquirir derechos, representación y voz en el Estado. Desde entonces, la doctrina justicialista sostiene que no puede haber justicia social sin soberanía económica, ni soberanía política sin capacidad nacional para decidir sobre sus recursos.

Desde esa tradición se entiende la oposición a Javier Milei. No es solo una cuestión de índices económicos o reformas administrativas, sino de concepciones opuestas sobre el Estado, el trabajo y la Nación. Mientras el mileísmo confía en que el mercado distribuye mejor cuanto menos intervenga la política, el justicialismo sostiene que una economía librada a las relaciones de fuerza entre actores desiguales consolida esas desigualdades.

La palabra “entrega” también tiene un sentido doctrinario. Hay dependencia cuando las decisiones fundamentales para el desarrollo quedan subordinadas a intereses externos, y pérdida de soberanía cuando el país resigna instrumentos para orientar la producción y proteger el trabajo argentino. Milei apuesta a que la Argentina progresará ofreciendo mejores condiciones al capital, aun a costa de reducir el Estado y deteriorar derechos sociales. Para la doctrina justicialista, esa orientación es insensible y entreguista.

El desafío de la unidad: sumar, no restar

En ese escenario, la fragmentación del peronismo deja de ser un problema interno para convertirse en un error estratégico. Insfrán insiste en la reconstrucción de la unidad nacional, y su participación en las recientes conversaciones va en esa dirección. El desafío no es determinar qué sector derrota a otro dentro del PJ, sino construir una mayoría capaz de ofrecer una alternativa de gobierno. Habrá tiempo para candidaturas; antes hay que discutir programa, prioridades y volver a poner en el centro el trabajo, la producción y la soberanía.

El Congreso formoseño deja una señal que excede a la provincia: renovar sin convertir cada cambio en ruptura, incorporar dirigentes sin negar conducciones construidas, y preservar memoria, experiencia y organización. Terminar democráticamente con el ciclo de Milei no dependerá solo del desgaste del Gobierno. Ningún movimiento vuelve al poder únicamente porque fracase su adversario; necesita explicar para qué quiere gobernar. Perón lo llamó “comunidad organizada”: los intereses particulares encuentran su límite en el interés colectivo y la economía queda al servicio del hombre. Frente a un proyecto que propone el camino inverso, Formosa recuerda que la unidad no es una comodidad partidaria, sino una necesidad histórica.

El verdadero desafío, como sugiere el análisis, es sumar de verdad: ampliar la base de adhesión y la acción territorial, sin relegar al sector que históricamente abrazó la militancia desde la base del peronismo. La construcción de la unidad es un camino con base sólida desde el Modelo y la conducción victoriosa desde 1983 hasta el presente. Con esa premisa, el triunfo del 2027 es una posibilidad cierta.

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