El PJ de Santa Cruz ya tiene un jefe, pero la pelea que viene es otra
Política · Santa Cruz

El PJ de Santa Cruz ya tiene un jefe, pero la pelea que viene es otra

Cuatro dirigentes con estructura propia, una conducción partidaria recién estrenada y una foto con el sindicato petrolero que nadie esperaba: el PJ santacruceño ordenó la casa, pero la pelea por la Gobernación sigue sin árbitro.

El peronismo de Santa Cruz logró cerrar una etapa: Pablo Grasso quedó al frente del PJ sin interna provincial. Pero esa foto de unidad esconde una pregunta que nadie responde todavía: quién será el candidato a gobernador en 2027 y cómo se repartirá el poder entre los sectores que hace tres años se disputaron el sillón provincial.

La conducción partidaria se resolvió a mediados de este año, cuando las listas de Pablo González (Propongamos un Sueño) y Javier Belloni (Nace una Esperanza) se bajaron y permitieron armar una lista única encabezada por el intendente de Río Gallegos. Fue un acuerdo para evitar el desgaste, no una subordinación.

El partido, una cosa; el liderazgo, otra

Grasso administra la estructura municipal opositora más importante de la provincia, tiene presencia legislativa a través de dirigentes como Eloy Echazú y sumó peso nacional con la llegada de Moira Lanesan Sancho a la Cámara de Diputados. En septiembre, la diputada habló de una incipiente “ola grassista” y no descartó competir por la sucesión en Río Gallegos.

Sin embargo, controlar el partido no equivale a conducir electoralmente a todo el peronismo. Belloni y González aceptaron no competir por la conducción, pero nunca definieron públicamente que sus decisiones futuras vayan a quedar atadas a una candidatura de Grasso. El intendente lo sabe y por eso convocó a los sectores que quedaron afuera, pidió dejar atrás los proyectos personales y llamó a recuperar la presencia territorial del PJ. También insiste en que el frente no debe encerrarse solo en el peronismo, aunque aclara que la ampliación no puede implicar abandonar la identidad política.

La primera dificultad aparecerá en su propia ciudad. Si Grasso quiere pelear la Gobernación, necesita ordenar una sucesión competitiva en Río Gallegos. Lanesan Sancho y el jefe de Gabinete municipal, Diego Robles, suenan entre los posibles. También aparece Mauricio Gómez Bull, ex diputado nacional por La Cámpora hoy alejado de la organización de Máximo Kirchner. La solución deberá preservar el municipio como base territorial del grassismo sin abrir una interna que debilite su proyección provincial.

La foto con los que dejaron a Vidal

La estrategia de apertura ya tiene imágenes concretas. El 21 de octubre, Grasso recibió a la senadora Natalia Gadano, que llegó al Congreso dentro de Por Santa Cruz pero hoy está lejos del gobernador. El encuentro se presentó como institucional y Gadano pidió dejar de lado los egos para trabajar por la provincia. No hubo acuerdo electoral anunciado, aunque la reunión tuvo peso político por el recorrido reciente de la senadora.

Una semana después, el intendente se reunió con Rafael Güenchenen, secretario general del Sindicato Petrolero, Gas Privado y Energías Renovables. Ambos coincidieron en la preocupación por la baja de equipos y la pérdida de empleos en la zona norte, y plantearon trabajar por el regreso de YPF y nuevas inversiones.

La foto con la conducción petrolera es especialmente sensible: el sindicato fue la estructura desde la cual Claudio Vidal construyó su poder gremial, territorial y político. Acercarse a sus actuales dirigentes le permite a Grasso mostrar capacidad de diálogo con un sector estratégico y tender un puente hacia la zona norte, donde su desempeño electoral fue históricamente más débil. Pero el diálogo sectorial todavía no equivale a una alianza.

Güenchenen representa intereses gremiales propios y Gadano mantiene vínculos con el armado de José María Carambia. El referente de Movere cuestionó al riogalleguense por su oportunismo al acercarse al SIPGER, una disputa que eleva la importancia de los petroleros ya no solo como fuerza gremial sino como fuerza política. Además, el grassismo había cuestionado a ambos senadores por su actuación durante el tratamiento de la Ley Bases. La ampliación exigirá procesar esos antecedentes y definir si los acercamientos responden a coincidencias coyunturales o a una convergencia para 2027.

El movimiento, de todos modos, deja ver la aspiración de fondo: convertir el desgranamiento de la coalición gobernante en una oportunidad para armar una mayoría opositora más amplia que el PJ.

Belloni y la llave territorial

Javier Belloni sigue siendo el dirigente con mayor capacidad para condicionar la candidatura provincial del peronismo. En 2023 obtuvo un caudal casi idéntico al de Grasso y conserva una estructura consolidada en El Calafate. Su decisión de retirar la lista para la conducción partidaria evitó una confrontación, pero no lo convirtió en un actor subordinado.

En agosto, ambos intendentes se mostraron juntos bajo la consigna “Juntos rumbo al 2027”. Grasso confirmó después que trabajan en una estrategia común junto con intendentes de la Cuenca Carbonífera, la conducción municipal de Los Antiguos (Zulma Neira buscaría refugio en el grassismo para protegerse de la embestida de Julio Bellomo con el respaldo de Vidal) y dirigentes de otros espacios. La foto envió una señal de unidad, pero no resolvió la fórmula: no está definido quién encabezará, qué lugar ocupará Belloni ni cómo se representará territorialmente a cada sector.

Octubre mostró además que la convivencia puede sufrir sobresaltos. Un video difundido por Juan Carlos Molina sobre una persona buscando alimentos en la basura en El Calafate provocó malestar en el bellonismo, y la diputada nacional Ana María Ianni llegó a advertir sobre su continuidad dentro del bloque en la cámara baja. La reacción revela que detrás del discurso de unidad sigue la competencia por el territorio, la representación y el relato sobre las gestiones municipales. Belloni no conduce el partido, pero tiene votos y estructura suficientes para impedir que la estrategia provincial se diseñe sin su participación.

Molina, el tercero que mueve el tablero

Juan Carlos Molina es la principal novedad de una oferta política dominada por dirigentes con décadas de trayectoria. Su construcción no surgió de una intendencia ni de la burocracia partidaria: durante años estuvo asociado al trabajo social de la Fundación Valdocco y entre 2013 y 2015 condujo la Sedronar durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.

En 2025 encabezó Fuerza Santacruceña, ganó la elección legislativa e ingresó en la Cámara de Diputados. Su candidatura sirvió entonces para evitar que Grasso y Belloni debieran subordinarse entre sí. Un año después, esa solución transitoria empieza a producir consecuencias propias. Molina tiene banca nacional, identidad cristinista, reconocimiento por su trabajo social y presencia en la zona norte, donde los liderazgos construidos desde Río Gallegos y El Calafate tienen más dificultades. En el Congreso buscó instalar una agenda asociada con niñez, derechos sociales, pymes y defensa de las políticas públicas frente al Gobierno nacional.

No existe todavía una declaración pública que confirme su candidatura a gobernador, por lo que debe presentarse como una alternativa potencial y no como postulante lanzado. Sin embargo, su crecimiento ya modifica el tablero: puede funcionar como nueva figura de consenso, reclamar un lugar relevante en la fórmula o competir por la conducción electoral del espacio. Su límite es organizativo: no posee, al menos hasta ahora, una estructura municipal y partidaria equivalente a las de Grasso y Belloni, que de hecho sostuvieron su campaña en 2025. Para transformar reconocimiento en candidatura necesitará dirigentes territoriales, equipos y una estrategia provincial propia.

“Muchos candidatos, pocos dirigentes”

La frase de Rudy Ulloa resume una de las contradicciones del peronismo santacruceño. El espacio tiene figuras con trayectoria, intendencias, representación legislativa y estructuras propias, pero todavía no produjo una conducción electoral aceptada por todos. Ulloa conserva influencia a través de Los Muchachos Peronistas y de Primero Santa Cruz, un partido provincial que en agosto anunció su intención de competir con candidaturas propias a gobernador, legisladores e intendentes.

El 27 de octubre, Primero Santa Cruz y Los Muchachos Peronistas organizaron un homenaje a Néstor Kirchner, reivindicaron su legado, cuestionaron al Gobierno nacional y rechazaron la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner. La paradoja demuestra que las divisiones no pasan solo por la identidad política: también se explican por el reparto de candidaturas, la representación territorial y el lugar que cada estructura pretende conservar.

En ese grupo de actores con capacidad de arbitraje aparecen González y Daniel Peralta. El primero acumula una extensa trayectoria institucional: fue funcionario provincial, jefe de Gabinete, senador, vicegobernador, diputado nacional y presidente de YPF. Intentó disputar el PJ con Propongamos un Sueño, pero retiró la lista y aceptó la conducción de unidad. Su peso actual parece descansar más en la experiencia, las relaciones políticas y su vínculo histórico con el kirchnerismo que en una estructura territorial propia. Peralta, por su parte, reapareció como defensor de la unidad y asumió como congresal nacional del partido. Su diálogo con distintos sectores puede convertirlo en mediador, aunque su reintegración también generó resistencias dentro del propio peronismo.

Cristina, Kicillof y el debate que llega desde afuera

La reorganización provincial no ocurre aislada del debate nacional. Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo una referencia identitaria central para amplios sectores del PJ santacruceño. Grasso participó de las movilizaciones en su defensa y reivindicó públicamente su liderazgo. Molina y González también tienen vínculos políticos e históricos claros con el cristinismo.

Un congresal provincial sintetizó esa mirada: “Con Cristina sola no alcanza, pero sin ella no se puede”. La frase reconoce su centralidad, pero admite que el peronismo necesita ampliar su representación para volver a construir mayoría. En ese punto aparece Axel Kicillof. El gobernador bonaerense ofrece gestión ejecutiva, territorio y proyección electoral, y representa para algunos sectores la posibilidad de renovar el liderazgo sin romper del todo con la historia kirchnerista.

Grasso parece buscar una posición que le permita dialogar con ambos mundos: reivindica a Cristina pero desarrolla una construcción apoyada en intendentes, agendas productivas y redes patagónicas. En octubre participó de “El Peronismo Debate”, en Comodoro Rivadavia, donde planteó una propuesta federal basada en producción, trabajo, recursos y mayor protagonismo municipal. Existen antecedentes de actividad institucional compartida con Kicillof, pero no una definición pública de Grasso a favor de su eventual conducción nacional.

La divisoria, por ahora, no enfrenta abiertamente a dos bandos en Santa Cruz. Pero obligará a cada dirigente a posicionarse: si la reconstrucción nacional seguirá ordenada principalmente por Cristina Fernández de Kirchner o si deberá abrir paso a una generación con mayor protagonismo de gobernadores e intendentes.

Todo depende también de las reglas

La candidatura provincial no podrá resolverse al margen del nuevo sistema electoral. Si Santa Cruz incorpora PASO, Grasso, Belloni y eventualmente otro sector podrían competir dentro de un mismo frente sin quebrar formalmente la unidad. Las primarias ofrecerían una salida institucional, pero también podrían profundizar las diferencias si la campaña se vuelve destructiva.

Si no hay PASO, la resolución dependerá de un acuerdo entre conducciones o de la aparición de una candidatura de consenso. La tercera alternativa es la fragmentación: Primero Santa Cruz ya anticipó candidaturas propias y otros sectores podrían seguir el mismo camino si consideran que la conducción partidaria no representa sus intereses.

El peronismo no carece de nombres ni de votos. Su desafío es construir una regla de convivencia que transforme esa diversidad en una candidatura y un proyecto común.

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