El plan macabro del femicida de Barreal: la denuncia que nadie esperaba

¿Qué encontró la fiscalía que terminó de derrumbar la coartada del femicida de Barreal? La investigación reveló una maniobra que nadie esperaba y que cambia por completo el caso.

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El plan macabro del femicida de Barreal: la denuncia que nadie esperaba
El plan macabro del femicida de Barreal: la denuncia que nadie esperaba

La investigación por el femicidio de Camila Vecchiarello, la joven aspirante a Gendarmería asesinada en Barreal, Calingasta, sigue develando capítulos estremecedores. Carlos Gonzalo Rivero (25), su esposo y principal imputado, no solo está acusado de quitarle la vida a ella y al bebé que esperaba: la fiscalía reconstruyó una red de manipulación y mentiras que incluye una falsa denuncia por abuso sexual, mensajes enviados a la familia después del crimen y un intento desesperado por culpar a la víctima.

El caso está en manos del fiscal Adolfo Díaz y los ayudantes César Recio y Romina Mascarell, de la UFI Delitos Especiales N°6, quienes describen a Rivero como un manipulador con rasgos psicopáticos y una mitomanía persistente.

Una denuncia imposible

Entre los hallazgos más perturbadores aparece una presentación judicial enviada por vía web a los tribunales de Salta. En el escrito, supuestamente Camila denunciaba por “abuso sexual con acceso carnal” a un amigo íntimo de la familia, de apellido Díaz.

Los investigadores detectaron de inmediato inconsistencias groseras. El texto mencionaba un abuso gravísimo pero no precisaba dónde, cuándo ni cómo habría ocurrido. Además, la denuncia se radicó en Salta cuando el acusado vive en Rosario, Santa Fe. El juzgado salteño se comunicó con la familia de Camila en Rosario para notificarla, y los parientes intentaron hablar con ella una semana antes del femicidio. Atendió Rivero: dijo que Camila “había ido a la guardia y se había olvidado el teléfono” y les pidió que “no le dieran bola a la denuncia, que era un malentendido, que estaba todo bien y que se olvidaran”.

Para la fiscalía, quedó claro que Camila nunca hizo esa acusación. Fue Rivero quien la redactó usurpando su identidad, con el objetivo de ensuciar a su círculo íntimo y aislarla. El juzgado de Salta podría abrir una causa paralela por “falsa denuncia”.

El entorno de la víctima asegura que Díaz es un amigo entrañable de la familia y que el joven quedó devastado, al punto de sentirse responsable por la muerte de Camila a raíz de la confusión. También se aclaró que, en San Juan, Camila nunca presentó denuncias por violencia de género ni en el Juzgado de Paz ni en el CAVIG.

Mitomanía y control absoluto

Vecinos de Barreal que conocieron a Rivero coinciden en describirlo como un mentiroso compulsivo que aparentaba una vida y un estatus que no tenía, sobre todo después de ser dado de baja de Gendarmería. Ese desapego por la verdad se combinaba con un control enfermizo sobre su pareja. Para los investigadores, la dependencia que impuso sobre Camila era total.

La perversidad de ese dominio quedó al descubierto el mismo día del crimen. Las pericias indican que Rivero respondió mensajes de texto a los familiares de Camila haciéndose pasar por ella cuando la joven ya había sido asesinada.

Frialdad y coartada inverosímil

La madrugada del 13 de septiembre, Rivero atacó a Camila con al menos dos armas blancas y le provocó cortes mortales en el cuello. Lejos de mostrar arrepentimiento, escribió una carta manuscrita: “Ya sé que es tarde para pedir disculpas”. Horas después, a las 11:35, con el cuerpo de Camila aún en el piso del departamento, le envió un mensaje a su expareja en Salta jurándole amor eterno y diciéndole que era “la mujer que siempre amó”.

Frente al juez de Garantías Federico Rodríguez, el imputado intentó una coartada insostenible: tildó a Camila de violenta, dijo que ella le rompió sus pertenencias, negó saber que estaba embarazada y afirmó que la víctima se apuñaló a sí misma y que, al correr por el pasillo, resbaló y se incrustó el cuchillo en el cuello.

Actualmente, Carlos Gonzalo Rivero cumple un año de prisión preventiva.

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