El plan secreto detrás del ascenso de Adorni que ahora se desmorona y deja expuestos a los Milei

La jugada maestra de los Milei para controlar el gabinete a través de Manuel Adorni se resquebraja. Te contamos los tres objetivos ocultos de su ascenso y por qué su debacle hoy fortalece a sus principales rivales dentro del Gobierno.

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El plan secreto detrás del ascenso de Adorni que ahora se desmorona y deja expuestos a los Milei

La designación de Manuel Adorni como jefe de Gabinete no fue un simple ascenso, sino una jugada estratégica de Javier y Karina Milei con tres objetivos claros que hoy peligran. El hundimiento de la figura del funcionario, tras la polémica por su viaje a Punta del Este, beneficia directamente a sus rivales internos y expone las grietas en el núcleo del poder.

Según un análisis político, la maniobra buscaba primero consolidar una figura electoral para La Libertad Avanza en la Ciudad de Buenos Aires, reduciendo la dependencia de Patricia Bullrich y el PRO. El control de un distrio clave como la capital abriría el camino para competir por otras gobernaciones.

¿Un instrumento dócil en manos de Karina?

El segundo propósito era transformar la Jefatura de Gabinete en un instrumento manejable a control remoto por los Milei. Se buscaba reemplazar la relativa independencia de figuras anteriores como Guillermo Francos o Nicolás Posse con un empleado obediente.

Adorni, en este esquema, actuaría como un supervisor de los ministros en nombre de Karina Milei, sin que ella tuviera que exponerse directamente. Este rol incluía, de manera particular, la supervisión sobre el ministro del Interior, Diego Santilli, quien asumió su cargo en simultáneo con el ascenso del vocero en noviembre del año pasado.

El tercer objetivo de la operación era resolver la disputa interna con Santiago Caputo a favor de la “hermanísima” y consolidar la disciplina dentro del gobierno, premiando la lealtad y desalentando disidencias.

El análisis es contundente: el claro hundimiento de la figura de Adorni beneficia a Bullrich, a Santilli y a Caputo, probablemente en ese orden. Este revés pone en aprietos el método de trabajo de los Milei para dar cohesión a una gestión que en muchas áreas luce inerte.

La apuesta podía ser más o menos razonable en el papel, pero el problema de fondo fue que el elegido no calificaba para las funciones, especialmente para la segunda. Su experiencia en gestión y “rosca” política era nula, y su capacidad de aprendizaje no parecía mayor.

Los anuncios destinados a darle credenciales, como supervisar recursos a provincias o integrarse a la mesa política, no lograron reparar esas falencias fundamentales.

La debacle en su supuesta fortaleza

El pecado definitivo del funcionario, sin embargo, ocurrió en el terreno donde se suponía que era fuerte: la comunicación. Su reacción ante la primera crisis seria que lo involucra directamente reveló una vulnerabilidad que ya se había insinuado.

Mientras pudo controlar la agenda y elegir sus batallas, como vocero, las cosas salían medianamente bien. Pero cuando surgieron problemas que el gobierno no controlaba, como acusaciones que lo ponían en el banquillo, la agenda se le desordenaba y mostraba una alta propensión a meter la pata.

Esto sucedió en casos como el de Libra, con Espert o con ANDIS. Por eso, no sorprende que cuando los focos apuntaron directamente a su persona por el viaje a Uruguay, su reacción haya sido aún peor, evidenciando su incapacidad para manejar una crisis que lo tiene como protagonista.

¿Lo sostendrá mucho más Milei en el cargo? Es probable que el presidente intente hacerlo, principalmente porque carece de un reemplazo que pueda cumplir siquiera dos de las tres misiones originales. Además, parece no haber aprendido de experiencias pasadas similares.

Ya con Espert, Milei aguantó a la espera de que la tormenta mediática y judicial pasara, terminando por soltar lastre muy tarde y pagando costos importantes. La diferencia ahora es el contexto: la opinión pública, que antes disculpaba ante la sensación de crisis galopante, hoy muestra un mayor cansancio moral y económico.

Sin un “abismo” cambiario o electoral inmediato que discipline a la base, las consecuencias para el prestigio del oficialismo y del propio presidente podrían ser aún peores. El fracaso del experimento Adorni deja al descubierto las limitaciones de una estrategia de poder basada en lealtades antes que en capacidades.

El presidente Javier Milei junto al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. (Foto: X @madorni)

La Secretaria General de Presidencia, Karina Milei, acompañada del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Interior, Diego Santilli. (Foto: NA / Claudio Fanchi)

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