El Polaco murió hace un mes y en el Montecito nadie sabe quién maneja los mil perros
¿Quién manejaba realmente el Montecito de los Canichones y cómo se financiaba una estructura de casi mil perros? A un mes de la muerte del Polaco, el programa puso sobre la mesa las preguntas que incomodan.
El programa Dos Generaciones puso el foco en las preguntas que nadie quiere responder después de la muerte de Eduardo Riemersma: quién administraba realmente el refugio, cómo se financiaba una estructura de casi mil animales y qué pasará ahora que el fundador ya no está.
A un mes de la muerte de Eduardo “El Polaco” Riemersma, el programa Dos Generaciones, conducido por Xavier Ferrera y Facundo Ferrera junto a Charlie Carabajal (Prensa Santiago) y Fernando Lagar (La Editorial Stream), dedicó una emisión especial a las incógnitas que dejó abiertas el fallecimiento del hombre que parecía sostenerlo todo en el Montecito de los Canichones.
La idea central que atravesó la noche fue contundente: el problema del refugio ya no pasa solo por conseguir alimento o dinero, sino por demostrar que existe una institución capaz de funcionar sin su fundador. Durante la emisión se afirmó que Riemersma concentraba buena parte de las decisiones, desde rescates y compras hasta proveedores, administración y redes sociales. De ahí surgió una de las preguntas más fuertes: ¿qué hacía entonces la comisión directiva?
Los números que no cierran
Mantener semejante cantidad de animales exige alimento, medicamentos, personal, combustible y atención veterinaria permanente. La actual conducción ya planteó la necesidad de reducir la cantidad de perros mediante adopciones para hacer sostenible la estructura. Y apareció otro interrogante inevitable: si hoy los números no cierran, ¿cómo hacía el Polaco para sostenerlos?
Se habló de donaciones, padrinos y colaboradores, pero el programa insistió en que, frente a la crisis, ya no alcanzan los relatos ni las publicaciones en redes: hacen falta balances, cuentas claras e información concreta.
La marca, el terreno y la asociación: tres cosas distintas
Otro punto sensible fue la situación patrimonial y jurídica. En la mesa se diferenció entre la asociación civil, el terreno donde funciona el refugio y la marca Montecito de los Canichones, que según lo expuesto habría sido registrada personalmente por Riemersma. Son cuestiones que ahora pueden tener impacto en la continuidad del proyecto y que, remarcaron los conductores, no se resuelven mediante audios de WhatsApp o peleas en Facebook. “Un audio no reemplaza un acta”, fue una de las frases que resumió esa postura.
El programa también cuestionó la guerra de comunicados, vivos y acusaciones cruzadas que se desató después de la muerte del fundador. “Facebook no es un tribunal”, se señaló. La discusión, sostuvieron, debería dejar de girar alrededor de quién era más amigo del Polaco y concentrarse en algo mucho más urgente: quién administra, cuánto dinero ingresa, cuánto se gasta, qué bienes existen y cuál será el plan para garantizar la atención de los animales.
El Canichón 1001: el número que no es un perro
De allí surgió la metáfora que dio nombre a la emisión: El Canichón 1001. Riemersma llegó a hablar de alrededor de mil perros bajo su cuidado. El número 1001, planteó Dos Generaciones, no es otro animal. Es un balance, un inventario, un acta, una rendición de cuentas. En definitiva, los papeles.
Porque Eduardo Riemersma murió, pero el Montecito sigue teniendo cientos de animales que necesitan comida, medicamentos y cuidados todos los días. Y si realmente se pretende preservar su legado, el desafío ya no pasa solamente por recordar al Polaco. Pasa por transformar aquello que dependía de un hombre en una institución capaz de sobrevivirlo.
La conclusión del programa fue directa: menos peleas, menos homenajes grandilocuentes y menos versiones cruzadas. Los papeles sobre la mesa.