El pollo destronó a la carne vacuna en las carnicerías sanjuaninas: cuánto se consume ahora
¿Sabés cuántos kilos de pollo comen por año los sanjuaninos y por qué ya le ganaron a la carne vacuna en el mostrador? El cambio de hábitos que el sector mira con atención.
El consumo de carne vacuna cayó y el pollo le ganó la pulseada en los mostradores de San Juan, en un cambio de hábitos que el sector atribuye a la pérdida de poder de compra. Así lo describió el empresario de la industria cárnica Sebastián Parra, quien advirtió que las familias priorizan hoy proteínas más baratas y que el asado dejó de ser una costumbre semanal.
Según los datos que maneja Parra, el consumo interanual de carne vacuna ronda los 46 kilos por habitante, aunque estimó que la cifra real podría ubicarse entre 44 y 45 kilos. En paralelo, el pollo alcanzó los 49 kilos por persona al año y superó por primera vez al de la carne bovina. El cerdo, en tanto, se mueve en un rango de 25 a 26 kilos anuales por habitante.
Para el empresario, esos números no son un dato aislado: reflejan un reacomodamiento del mercado interno en el que las familias eligen las proteínas más accesibles para el bolsillo.
Qué cambió en los mostradores
En las carnicerías sanjuaninas, la salida de pollo creció en todos sus formatos —patamuslo, pollo entero y pechugas— por su precio relativo frente a la carne vacuna. Pero hay otro fenómeno que Parra destacó: reaparecieron los pedidos de carne de olla y de puchero, cortes que habían perdido presencia con el correr del tiempo y que ahora vuelven a tener demanda por ser más accesibles para el consumo diario.
El asado, mientras tanto, sigue siendo un plato de fin de semana, aunque con menor frecuencia de compra. Clientes que antes compraban todas las semanas ahora lo hacen cada dos o tres semanas, según relató el empresario. La preferencia por los cortes de mayor valor se concentra en las zonas de mayor poder adquisitivo, mientras que en otros sectores predomina la búsqueda de alternativas más económicas.
El golpe al sector
Parra vinculó la caída del consumo con la situación de las carnicerías y recordó que en el último año cerró alrededor del 20% de esos comercios en el país. La menor demanda obligó a una competencia de precios que complicó la cobertura de costos, a lo que se sumó el aumento de servicios, plásticos y otros insumos. Ese combo, según dijo, impidió que en algunos mostradores se trasladara la baja del precio del animal en pie.
El empresario también se refirió al stock ganadero: la Argentina mantiene unas 50 millones de cabezas, por debajo del parámetro de un animal y medio por habitante. La pérdida no es reciente, sostuvo, y se arrastra desde hace más de 20 años. En ese marco, diferenció la cría de animales de la comercialización interna y afirmó que la ganadería es hoy el mejor negocio dentro del rubro cárnico, mientras la menor demanda golpea a frigoríficos y carnicerías.
Por último, descartó que el aumento de las exportaciones haya degradado la calidad de la carne disponible para el mercado interno. Explicó que los mercados externos suelen demandar animales de mayor tamaño, distintos a los más jóvenes y livianos que se consumen habitualmente en el país.
El dato que el sector sigue de cerca es cómo evolucionará el poder de compra en los próximos meses: de esa variable depende si la recuperación del consumo interno logra revertir o no el actual corrimiento hacia los productos más económicos.