El posteo de 140 caracteres que hizo caer a un presidente y devolvió el poder al hombre que lo había fabricado
Política

El posteo de 140 caracteres que hizo caer a un presidente y devolvió el poder al hombre que lo había fabricado

Un político al que Estados Unidos sancionó por corrupción había fabricado a un presidente a su medida. Tres semanas antes de la caída, todo se desmoronó por una fórmula y un posteo.

En Paraguay, un solo mensaje en la red X bastó para derrumbar a un presidente. Horacio Cartes, el político que había fabricado a Santiago Peña, se despegó de su delfín con una frase que no dejó margen: no estaría junto a quienes saquearon la plata pública, la privada y la de los jubilados. Corría el 5 de noviembre y el escándalo de Ueno Bank ya era una bola de nieve imparable.

El posteo anunciaba que el Partido Colorado votaría a favor del juicio político. Horas después, el vicepresidente Pedro Alliana llegó a la sede partidaria para acordar quién se quedaba con el mando. Su relación con Cartes era distante, de pocas palabras. Al día siguiente, el Senado destituyó a Peña sin un solo voto en contra y Alliana se calzó la banda presidencial.

La grieta que empezó en abril

Para entender cómo se llegó a esa escena hay que retroceder apenas tres semanas. En abril, Alliana había blanqueado su intención de competir por la presidencia en 2028, y tanto Cartes como Peña lo respaldaron en público. El quiebre llegó por el compañero de fórmula: el jefe colorado quería imponer como vice a Juan Carlos Baruja, titular del Ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat. Alliana se negó.

La respuesta de Cartes fue un golpe de mesa. Invirtió la fórmula, proclamó a Baruja como candidato presidencial de Honor Colorado y dejó al vice sin lugar. Peña, que hasta entonces nunca le había llevado la contra a su padrino político, se puso del lado de Alliana y le prometió respaldo sin condiciones, incluida la libertad de elegir a su compañero de fórmula.

El jefe colorado redobló la apuesta. El 18 de octubre anunció que su movimiento no competiría en las internas de 2027 y que él mismo no buscaría la reelección al frente del partido. Baruja se bajó de cualquier candidatura. Honor Colorado, la maquinaria que había gobernado el coloradismo durante una década, quedó sin nadie a quien postular.

Lo que se jugaba debajo de la mesa

Pero esa era apenas la lectura de las cartas visibles. El enfrentamiento era más profundo: entre Peña y Cartes se disputaba la administración de la sucesión y, de paso, el liderazgo de la política paraguaya para los próximos años.

Peña venía del liberalismo y de una carrera técnica en el Banco Central y el FMI. Cartes lo sumó a su gabinete como ministro de Hacienda, lo llevó al directorio de su banco y finalmente lo ungió candidato a presidente. Como suele pasar cuando se convive con el poder, el hombre quiso ser algo más que presidente: quiso convertirse en el elector y hombre fuerte de su propia sucesión. Esa era la pelea de fondo. Peña intentó desbancar a Cartes de su rol de titiritero y quedarse él con los hilos. Con ese objetivo, sus leales y los de Alliana empezaron a armar su propio movimiento dentro del partido: el peñismo.

El abrazo con el enemigo

Cartes, mientras tanto, jugó una carta que nadie tenía en el radar. El 14 de octubre se sentó con Mario Abdo Benítez, su archienemigo de los últimos años, con quien había intercambiado acusaciones y hasta denuncias en tribunales. La explicación oficial fue la inquietud por la salud del sistema financiero. Un segundo encuentro quedó en suspenso.

Abdo conduce Fuerza Republicana, columna vertebral de la disidencia colorada, que se completa con los grupos de Hugo Velázquez y Lilian Samaniego. Ese bloque fijó diciembre como fecha límite para consagrar un candidato único, y Arnoldo Wiens aparece entre los posibles postulantes. A mediados de octubre, el diputado Daniel Centurión, de esa tropa, todavía consideraba imprudente siquiera mencionar un juicio político contra el presidente. El acercamiento con Cartes transformó al viejo adversario en un aliado potencial contra el peñismo.

Ueno Bank, el detonante

Con esas internas de poder a cielo abierto, las desprolijidades financieras de Ueno Bank hicieron el trabajo sucio. La reconstrucción de la prensa local indica que Cartes había advertido a Peña que el banco podía iniciar un camino en picada, y que después se quedó quieto, a esperar. Cuando el escándalo llegó al despacho presidencial, al jefe colorado le bastó ordenar a los suyos y sumar a los disidentes, que hasta la semana anterior le peleaban la candidatura a Alliana.

Dicho de otro modo: Peña, con su ceguera financiera, logró lo imposible, unir a los colorados en su contra. Y semejante desplante de su propio partido lo encaminó sin obstáculos al abismo. Hay un detalle que llama la atención en la región: casi nadie salió a defender al presidente caído en desgracia. Esa rareza explica lo que Peña nunca quiso ver: el titiritero Cartes no solo manejaba los hilos, también sostenía la base sobre la que se paraba. Cartes se retiró y Peña se vino abajo. Eso es poder, al menos en los códigos políticos de América Latina.

Lo concreto es que, en pocas semanas, el vice al que Cartes había sacado de la fórmula llegó a la presidencia empujado por el propio Cartes. Para un hombre al que el Tesoro de Estados Unidos sancionó en 2023 por corrupción, no es un mal regreso.

La oposición, otra vez dividida

Del otro lado, la oposición repasa la lección de 2023, cuando Peña se impuso con el 42,74% frente al 27,48% de Efraín Alegre y el 22,91% de Paraguayo Cubas. Sumados, los derrotados tenían más votos que el ganador.

Hoy el opositor con más volumen es Miguel Prieto, que gobernó Ciudad del Este y conduce Yo Creo. Jura que acompañará al elegido aunque no sea él. Los liberales del PLRA tienen sus propios aspirantes: Ricardo Estigarribia, Eduardo Nakayama y Celeste Amarilla, mientras Salyn Buzarquis se ofrece como compañero de Prieto.

Lo que no está resuelto es el método: internas abiertas, encuestas, una alianza o una nueva concertación. Prieto cree que la fractura colorada y el hartazgo de la gente le abren una ventana a la oposición. El problema es que el coloradismo tiene una larga historia de pelearse en las internas y llegar unido a las generales.

El futuro, en suspenso

En Paraguay el mandato presidencial dura cinco años y el presidente no puede ser reelecto bajo ninguna circunstancia. Alliana completará el período hasta el 15 de agosto de 2028, pero su sueño de pelear por la presidencia quedó en un limbo: la Constitución restringe esa posibilidad para quien ya ejerció el cargo. Las internas de fines de 2027 dirán si el titiritero vuelve a elegir al próximo presidente o si esta vez alguien le corta los hilos.

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