El potrero lo marcó para siempre: la historia de Pepe Basualdo, de los Mundiales al fútbol de veteranos

Pepe Basualdo jugó dos Mundiales, fue campeón con Vélez y Boca y compartió plantel con Maradona. Hoy, a los 63, la rompe en el torneo de veteranos de Rosario. Pero hay una historia que lo marcó para siempre y que muy pocos conocen.

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El potrero lo marcó para siempre: la historia de Pepe Basualdo, de los Mundiales al fútbol de veteranos
El potrero lo marcó para siempre: la historia de Pepe Basualdo, de los Mundiales al fútbol de veteranos

José "Pepe" Basualdo tiene 63 años y ya no juega en estadios repletos ni con la celeste y blanca en un Mundial. Pero cada sábado al mediodía, bajo el sol y con la camiseta verde y blanca de Parquefield, vuelve a sentir eso que lo acompañó toda la vida. "Esto es mi vida", dice, parado al borde de una de las canchas de Bancos y Seguros, en la zona oeste de Rosario.

Ahí, en el torneo de veteranos, se junta con un grupo de amigos que alguna vez soñaron con ser profesionales, otros que lo fueron y muchos que se quedaron en el camino por una rodilla rota o un menisco. "Charlo mucho con los muchachos, algunos jugaron solo en el barrio, otros quisieron hacerlo de manera profesional, pero la típica: se rompieron los meniscos, la rodilla. Hay muchas historias en estos campos y son lindas contarlas", cuenta el exvolante que compartió plantel con Diego Maradona, jugó los Mundiales de Italia 90 y Estados Unidos 94, y fue campeón con Vélez y Boca.

La charla arranca con una pregunta de vestuario: "¿Vas de titular o al banco?". La respuesta no deja dudas: "No, voy de entrada. Si no me enojo y no vengo más", bromea mientras reparte camisetas. Su vida cambió con el tiempo: una mujer lo trajo a vivir a Funes, donde está instalado desde hace dos o tres años. "La paso muy bien", resume.

De Villa Dálmine al potrero eterno

Basualdo no soñaba con ser futbolista. Su papá jugaba a las bochas, su mamá era ama de casa y su viejo trabajaba en una fábrica de Dálmine. "¿Cómo se me pegó el fútbol? No lo sé, pero me encantaba tanto que estaba todos los días jugando, incluso me escapaba de mi casa", recuerda. Cuando lo encerraban para dormir la siesta, se iba por la ventana. Después volvía transpirado y con los amigos se secaba el sudor con un secador de pelo. La ropa la dejaban en lo de una señora que lavaba todo.

El club Villa Dálmine estaba ahí, pero no era el objetivo. "Solo queríamos divertirnos. No presagiaba hacer otra cosa que no sea jugar al fútbol. Era ir al campito, jugar en el potrero con mis amigos", dice. La cancha era rara: una ochava, casi triangular. Hasta que los vecinos les hicieron los arcos.

De ahí salieron los torneos barriales. "¿Cómo armamos el equipo? ¿Cómo es jugar un campeonato y tener que llevar las camisetas? No teníamos un peso, así que usábamos las blancas de dormir, algunos con mangas largas otros cortas y al número se lo dibujábamos", repasa. Viajaban a Zárate, a seis kilómetros, todos juntos en colectivo. Se quedaban en la casa de la abuela de un amigo, que les cocinaba una olla de arroz con albóndigas que raspaban con pan. "Siempre con aspiraciones de ganar algún torneo y, sobre todo, disfrutar".

El día que Bilardo lo fue a ver

El destino quiso que Carlos Bilardo lo fuera a espiar a Campana. "No sabía que iba a verme. Después me contaron que había estado viendo el primer tiempo, pero entré en el segundo. Él iba a Rosario a ver Central y San Lorenzo", relata Basualdo. Cuando no lo vio, pensó que era mentira. Años después lo encontró y le preguntó: "¿Usted estuvo por Campana?". Bilardo le respondió: "Sí, estuve por todos lados. A vos te seguimos desde que empezaste a asomar. Te fuimos siguiendo, pero el tema es que para jugar en la selección hay que estar en primera división". En ese entonces jugaba en el ascenso. La convocatoria llegó estando en Mandiyú.

Con Boca y Vélez ganó todo. ¿Qué es lo que más recuerda? "Es difícil mencionar porque cada cosa, cada lugar, cada equipo, cada entrenador, cada amigo, todo tiene su historia, su momento. Todo me ha aportado en mi carrera". No elige un técnico: "Yo tuve muchos buenos, incluso en el ascenso. Algunos no eran tan buenos, pero... jaja. Eran psicológicos, te hablaban, te metían y hay otros que no y te enseñaban".

Sin embargo, hay un momento que resalta: su debut en Villa Dálmine. "Salí de un potrero a jugar en una cancha profesional. El técnico me dijo: 'Jugá igual que en el potrero'. ¿Qué tiene de bueno el potrero? Que ahí no tenés una ubicación, andás por toda la cancha". Eso fue lo que hizo el entrenador: lo dejaba andar. Después, ya profesional, lo fueron ubicando. "Lo que me pasaba era que me gustaba jugar con el equipo menos dúctil. Y cuando ganábamos lo hacíamos ante los que eran considerados mejores. Quizás inconscientemente siempre me estaba probando".

Siempre jugó de volante, por izquierda o por derecha. "El potrero te da muchas cosas. Lamentablemente ahora casi que desapareció, pero te da muchas enseñanzas", lamenta.

Maradona, su mamá y el aura

Compartió mucho tiempo con Diego Maradona y se ríe al recordar que su mamá no lo quería. "Mi mamá lo miraba en la televisión y Diego siempre protestaba, criticaba todo. Entonces decía: '¿Por qué habla así? ¿Por qué critica?'. Yo le decía: 'Mamá, vos no conocés la historia'".

En Italia 90, cuando Argentina eliminó al local y se metió en las definiciones, les permitieron que entraran los familiares. Basualdo había invitado a sus viejos en agradecimiento al apoyo que le dieron en su carrera. Como siempre, Diego saludó a todos y cuando le presentó a su mamá le dijo: "Ella es Marta, mi mamá que te odia". Ahí Maradona empezó a decirle que no lo odiara, que no le diera bola a la prensa y esas cosas. "Mi mamá se iba derritiendo. Después de ese día sacó mi foto y puso la de Diego", cuenta entre risas.

Eso era Maradona, dice: "Lo podías criticar pero era magnético. Yo veía a alguien que estaba hablando mal de él, pero cuando aparecía cambiaba su manera de pensar. Una atracción notable. Como dicen ahora, 'un aura increíble'. Uno lo veía y lo quería cuidar, pero no dejó que lo hicieran".

Kempes, Diego, Messi y la final ante España

Ante la idea de que Argentina tuvo a Maradona y ahora a Messi, Basualdo pide no olvidar a Mario Kempes. "Viví los tres mundiales y lo que fue Mario para nosotros es terrible. Obviamente, también tenía un equipo, pero lo de él fue impresionante. Después vino Diego en el 86 y Messi en 2022. Tenemos que agradecer que tuvimos tres '10' impresionantes".

Y se mete de lleno en la polémica por el Mundial del 78: "La gente mezcla, lo rito, la dictadura y no tiene nada que ver. La cancha es la cancha, se juega ahí. Cuando se entra a una todo se olvida, de las Malvinas, de la dictadura y todo eso. No mencionar el Mundial del 78 es muy triste, me duele mucho porque la verdad que los jugadores hicieron un esfuerzo grande para salir campeones".

Sobre la final ante España, recuerda los rumores que siempre rodearon a la selección. "Nosotros siempre tuvimos rumores: lo de Diego por cómo salió, ¿de quién fue la culpa? Después lo del Mundial Italia 90, donde eliminamos al local y dijeron: 'La copa igual se queda en Europa por Alemania'. Entonces también teníamos esa presión, ahora en el último Mundial era que echaban a Argentina, la desafiliaban... Pienso que hubo un partido que Argentina dejó la vida contra Inglaterra. Quizás por todo lo que se decía, por su entorno, por las Malvinas... Hicieron un desgaste muy grande y después, lamentablemente, se pagó contra España. Se perdió en la cancha".

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