El proyecto que Agustina dejó antes de morir y ahora busca replicarse en todo el país
El padre de Agustina, la adolescente atropellada en la costanera, contó en el juicio el proyecto de educación vial que ella había empezado. Córdoba ya lo aprobó y ahora buscan que llegue a todas las escuelas del país.
En el juicio por la tragedia en la costanera de Rosario, el padre de una de las víctimas contó la iniciativa de educación vial en la que trabajaba su hija antes del siniestro. Diego García, sobreviviente del accidente que en enero de 2025 mató a su esposa y a su hija, pidió permiso para hablar de ese proyecto durante su testimonio de este lunes.
Agustina García, de 17 años, y su madre Tanía Gandolfi murieron el 21 de enero de 2025 en Presidente Roca y avenida Illia, atropelladas por un Peugeot 206 que circulaba a más de 120 kilómetros por hora. El conductor, Agustín López Gagliasso, comenzó a ser juzgado por homicidio simple con dolo eventual; la Fiscalía pidió 18 años de prisión.
Diego García, que sobrevivió junto a otra hija menor, fue el primer testigo del debate. Al terminar su declaración, pidió espacio para contar algo que no estaba directamente vinculado al juicio: el proyecto que Agustina había comenzado en la escuela y que sus compañeros continuaron hasta llegar a la Legislatura.
Un proyecto que nació de una pérdida
“Pa, el tema es cultural porque hay multas, hay controles, hay penas pero no enseñan la seguridad vial como materia en los colegios”, recordó Diego que le decía su hija. “Ella quería que se dé en todos los niveles”, contó a La Capital.
La iniciativa surgió en la Escuela José Campellone de la ciudad de Córdoba. Tras la muerte de Agustina, su compañera Leonela Toujan la continuó con el acompañamiento del docente Marcelo Sosa. Como homenaje, el proyecto lleva el nombre de “Programa Agustina Magalí García: Educación Vial Integral y Conciencia Ciudadana”.
“La ironía y el profundo dolor de esta pérdida nos impulsan a materializar la visión que ella tenía: que la escuela no solo nos prepare para el mundo del trabajo o los estudios superiores, sino que nos brinde las herramientas vitales para cuidar nuestra vida y la de los demás en la vía pública”, sostienen sus fundamentos.
El documento también remarca: “Es imperativo generar un punto de reflexión sobre la magnitud de un siniestro vial. Las consecuencias (daños irreversibles, discapacidades físicas de por vida o la muerte) no solo destruyen a la víctima directa. Estos hechos ocasionan un daño colateral devastador y permanente en ambos lados: tanto en la familia de la víctima, que queda atravesada por el duelo, como en la familia del victimario”.
Y agrega: “El caso de nuestra compañera Agustina Magalí García es el doloroso testimonio que nos obliga a tomar conciencia de que el tránsito es una responsabilidad compartida, donde un error arruina múltiples vidas para siempre”.
A fines de agosto, el gobierno de Córdoba anunció el programa “Educación Vial en las Escuelas”. Ahora, Diego García espera que se replique en las provincias y localidades que lo consideren necesario.
El proyecto propone un programa piloto “estructurado estratégicamente para evitar la creación de nuevas materias curriculares, lo que prevendrá conflictos burocráticos o sobrecarga docente en el actual contexto educativo”. Así, plantea una “implementación transversal” en materias ya existentes, con cuatro módulos obligatorios anuales: legislación, normas y entorno local; conducción defensiva y percepción del riesgo; usuarios vulnerables y actuación ante siniestros.
El juicio por la tragedia
En el alegato de apertura, la fiscal Valeria Piazza Iglesias fue contundente: “Rápido y furioso: ese era Agustín López el 21 de enero en momentos en que, luego de un altercado con un motociclista, decide salir a cazarlo a una velocidad superior a 120 kilómetros por hora en la costanera de Rosario”.
“Al salir del túnel Illia pierde el control de su auto, derrapa e impacta a la familia García, que se encontraba sobre la vereda, provocándole la muerte a Tania y Agustina”, agregó sobre la secuencia del siniestro. Para la Fiscalía, el accionar de López fue “determinante para tal dañoso resultado”.
La acusación sostiene que se trató de un homicidio simple con dolo eventual porque López Gagliasso se representó la posibilidad de matar al conducir a esa velocidad en zona urbana y esquivando otros autos.
Al declarar como testigo, Diego García describió el momento posterior al hecho: “Lo agarré al chico. Me arruinaste la vida, le dije. Él me dijo ‘mirá cómo me quedó el auto’. Un desprecio total por la vida, le importaba cómo había quedado el auto. Fue un milagro que no mate más gente”.