El psiquiatra que encendió las alarmas: ¿cuánto daño real causan las pantallas en los adolescentes?
¿Sabías que los adolescentes pasan hasta 9 horas diarias frente a una pantalla? Un psiquiatra revela datos alarmantes sobre ansiedad, depresión y el rol clave de la familia. Los detalles que no te podés perder.
El especialista en salud mental José Ignacio Alonso sacudió el evento "Hablemos de lo que viene" con datos que preocupan: los adolescentes pasan hasta nueve horas diarias frente a una pantalla, y un cuarto de ellos ya muestra síntomas de ansiedad o depresión.
La cita fue en el Centro de Convenciones de Salta, donde profesionales de la salud física y mental se reunieron para debatir sobre el presente y el futuro del bienestar. Alonso, con una mirada que combina la neurociencia con la clínica, no se guardó nada.
¿Qué es la mente y cómo se construye el bienestar?
Arrancó su exposición con una analogía que resonó en la sala: la mente es el "software" que corre sobre el "hardware" del cerebro. Pero aclaró que sentirse bien no es vivir sin problemas, sino desarrollar herramientas para prevenir el sufrimiento y reducir el riesgo de enfermedades mentales.
"Hay que adoptar una actitud activa frente al futuro", remarcó, y llamó a construir hábitos saludables mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas.
La adolescencia: una etapa de transformación total
Uno de los ejes centrales fue la adolescencia, esa etapa donde se consolidan la identidad, la autonomía y los vínculos. Alonso explicó que la calidad de las relaciones familiares y sociales en ese período define la fortaleza emocional con la que los jóvenes enfrentarán la vida adulta.
Pantallas: el dato que nadie quiere ver
El psiquiatra trajo cifras internacionales que encienden todas las alarmas: entre siete y ocho horas diarias de uso de pantallas en adolescentes, con picos de nueve en países como Sudáfrica o Brasil. Y el dato más preocupante: entre el 25% y el 27% de esos chicos reportan síntomas de ansiedad y depresión.
"Desde Estados Unidos, Europa, Noruega... está claramente correlacionado con sintomatología depresiva y de ansiedad", afirmó. Pero no todo es cantidad: diferenció el consumo pasivo (scroll infinito en redes) del uso activo (aprender, comunicarse), que tiene un impacto diferente.
La personalidad se forja antes de nacer
Alonso fue contundente: la personalidad no nace en la adolescencia, sino que empieza a construirse incluso antes del nacimiento. El deseo del embarazo, la gestación, el parto y los primeros vínculos con las figuras de cuidado son la base de todo.
"Embarazos no planificados, depresión postparto... todo eso se traduce en vulnerabilidad", advirtió. Y sumó: "Ahí es mucho más fácil que las adicciones a la pantalla o a las sustancias ocupen un lugar más importante".
El peso de las experiencias: traumas que dejan huella
Las experiencias de vida marcan a fuego. Traumas, pérdidas, abusos, ausencias parentales o una dinámica familiar complicada aumentan la vulnerabilidad emocional. El especialista insistió en que los síntomas actuales muchas veces tienen su origen en hechos del pasado, por lo que una evaluación profunda de la historia personal es clave.
Vulnerabilidad y adicciones: un cóctel peligroso
Cuando hay antecedentes traumáticos, crece el riesgo de caer en conductas adictivas, ya sea con pantallas o con sustancias. ¿Qué características incrementan ese peligro? Baja tolerancia a la frustración, dificultad para manejar el aburrimiento, ansiedad, soledad y una identidad poco consolidada.
La familia: el escudo protector
En medio de tanto dato oscuro, Alonso dejó un mensaje esperanzador: la familia es el principal factor de protección. La comunicación, la escucha y los vínculos de confianza son armas poderosas. También el deporte, las actividades recreativas y los espacios de socialización fuera de lo digital.
Recomendaciones concretas para las familias
El psiquiatra fue claro: retrasar lo más posible la entrega del celular, poner límites de uso para grandes y chicos, y nada de pantallas por la noche. Acompañar a los menores en el mundo digital, promover un uso supervisado y activo, y fortalecer el diálogo cotidiano para detectar problemas a tiempo.
El lado oscuro del uso problemático
El cierre fue un llamado de atención: el uso inadecuado de pantallas puede derivar en ciberacoso, trastornos del sueño, ansiedad y alteraciones del ánimo. Y en los casos más severos, "autolesiones, ideas de muerte y hasta intentos de suicidio", lamentó.
"Desgraciadamente, cada vez tenemos más", finalizó Alonso, dejando una pregunta flotando en el aire: ¿estamos a tiempo de frenar esta epidemia silenciosa?