El psiquiatra rosarino que convirtió una pieza de su casa en una baticueva con 900 batimóviles
Un rosarino convirtió una pieza de su casa en una baticueva y ya no le entra ni un auto más. Lo que empezó como un viaje a la infancia terminó ocupando cada rincón del hogar, y la cifra final sorprende.
Carlos Coca fue profesor en la Escuela Provincial de Cine y Televisión de Rosario y ejerció como médico psiquiatra. Hoy, jubilado, sigue escribiendo y produciendo. Pero hay otra faceta que lo tiene ocupado desde hace dos décadas: atesora casi mil batimóviles y les dedicó una habitación entera de su casa, a la que llama la baticueva.
La historia arrancó en 2006, casi sin buscarlo. "Estaba rondando los 50 años y a esa edad uno le echa un vistazo a la infancia para decirle chau para siempre. Y con un amigo empezamos a interesarnos por un hobby que teníamos cuando éramos chicos: los autitos scalextric. Fuimos a comprar algunos a Buenos Aires y entre esas cosas vi un batimóvil", contó Coca a La Capital.
Ese auto era igual al que había tenido de chico. Lo compró. Después leyó en el reverso de la pieza que formaba parte de una colección y decidió completarla: eran unos quince modelos. "Pero ahí ya estaba metido. Una cosa llevó a la otra", recordó.
De la biblioteca al dormitorio, y de ahí a la baticueva
Al principio los batimóviles custodiaban los libros en las bibliotecas. Después llegó la primera vitrina. Como no alcanzaba, Coca aprendió carpintería y empezó a construirlas él mismo. "No te das cuenta porque fue un proceso lento, de veinte años, pero después ves todo junto y es un montón", dijo entre risas.
Los autitos ocuparon cada superficie plana de la casa. Hasta el dormitorio los albergó: Carlos y su pareja dormían entre miniaturas. Hasta que se dijo basta y destinó una pieza completa a lo que él mismo bautizó como la baticueva.
Entrar ahí impresiona. La imagen del murciélago más famoso del mundo ocupa cada centímetro y cuesta saber por dónde empezar a mirar. El propio Coca lo advierte: "Es mucho, hay que tomárselo con calma. Se necesita un tiempo para adaptarse". Con paciencia, cada pieza empieza a individualizarse y se puede contemplar una por una.
Hace un año se mudó y todavía no terminó de desembalar. "El año pasado, antes de la mudanza, conté todo. Eran más de 900. Pero en este tiempo fui sumando más, así que debo llegar a las mil piezas", calculó.
El encanto de los autitos rotos
Conseguir la pieza y ubicarla en la vitrina satisface, pero lo más divertido es el camino. En la feria retro de Rosario, la de los fines de semana en avenida Rivadavia y Santiago, Coca encontró verdaderas joyas.
"Los batimóviles rotos, usados, también tienen su encanto. Los nuevos no se sacan del blíster. Pero el autito comprado en una feria, que un pibe lo usó, lo rompió, lo despintó, lo volvió a pintar, que jugó con eso, tiene otra alma. Conviven todos: también la maqueta de calidad hecha oficial por el estudio y la truchada china", explicó.
También busca y compra por internet, aunque prefiere los hallazgos casuales. Cuando viaja, no piensa solo en la ciudad que va a visitar sino en las jugueterías que puede tener. "Lugar donde voy, lo primero que hago es ir a ver si hay jugueterías y ferias", aseguró.
Una tarea sin fin
Los modelos son casi infinitos. Cada cómic, cada dibujante y cada película aportaron lo suyo. A eso se suman las propias empresas, como Hotwheels, que crean vehículos sin respaldo en las historietas ni en los largometrajes.
El universo de Batman tampoco se detiene. "Ahora sale otra película y ya hay fotos del nuevo batimóvil. ¡Pero es la misma en la que labura (Robert) Pattinson! Ya salió, ya lo tengo. Resulta que es distinto. El otro batimóvil se rompió y ahora hay uno nuevo. Otra vez empieza todo", dijo casi resignado.
En la habitación no hay solo vehículos en miniatura: también hay afiches, fotografías, batarangs y figuras de los personajes en vitrinas propias. Incluso hay muñequitos junto a los autos, como Batman, Batichica o el Guasón. Pero Coca intenta no excederse y limitar su colección a los autos. "No me meto porque abrís otra ventana infinita".
Coleccionista a regañadientes
Hace algunos años, cuando le preguntaban si era coleccionista, respondía que no, que simplemente juntaba batimóviles. Ahora contesta: "Muy a mi pesar, sí. Sacan una nueva tira y son diez, ¿voy a comprar nueve? No, compro todo. Casi que estás obligado".
"Mi sobrino dice que tengo vitrinismo. Hay algo de eso, de esos momentos en la infancia cuando uno tenía la ñata contra el vidrio viendo algo que no podía tener. Ahora esta vidriera es mía, si yo quiero la abro y saco todo. Seguro que hay algún rollo infantil ahí. Pero no se toca en análisis, ¡mirá si descubrimos algo que estaba tapado con batimóviles!", analizó entre risas.
La colección seguirá creciendo y quizás necesite más habitaciones. Por lo pronto, en otra parte de la casa y lejos de Batman, asoma una incipiente futura colección: varios relojes de arena de distintos tamaños y formas parecen marcar el inicio de una nueva aventura.