El pueblo salteño donde los extranjeros son dueños de casi el 58% de las tierras
Un pueblo del norte argentino tiene más de la mitad de sus tierras en manos extranjeras. ¿Qué hay detrás de este fenómeno y qué secretos esconde?
Mientras el Congreso debate la derogación de la Ley de Tierras, un pequeño pueblo en el norte argentino se convirtió en el centro de la polémica: allí, más de la mitad del territorio está en manos de propietarios foráneos. Se trata de Molinos, en Salta, que con un 57,79% de su superficie extranjerizada se ubica como la segunda localidad del país con mayor presencia de dueños extranjeros.
La Ley Tierras Rurales 26.737, aún vigente, fija un tope del 15% de extranjerización a nivel nacional, provincial y departamental, y un máximo del 30% para ciudadanos de un mismo país. Sin embargo, esos límites no se aplicaron de manera retroactiva en ciertas regiones, lo que permitió que el porcentaje se disparara muy por encima de lo permitido.
¿Dónde queda Molinos y por qué hay tantas tierras extranjeras?
Molinos se encuentra en el corazón de los Valles Calchaquíes, al sudoeste de Salta, a 2.220 metros sobre el nivel del mar. Limita al norte con Cachi y al sur con Angastaco, y es una de las postales más pintorescas de la Ruta 40.
Según el informe del Gobierno nacional sobre extranjerización por departamento, la superficie total de tierras rurales en Molinos es de 359.894 hectáreas, de las cuales 207.985,80 hectáreas pertenecen a inversores extranjeros. El fenómeno se explica, en gran parte, por la compra de históricas fincas y viñedos de altura por parte de grupos internacionales, que encontraron en este lugar un enclave único para la vitivinicultura de alta gama.
Un pueblo con historia, fe y misterio
Molinos no solo es noticia por sus cifras. Este pequeño pueblo, conformado por los parajes de Humanao, El Churcal, La Angostura, Tomuco, Colome, Amaicha, Tacuil, Gualfin y La Aguadita, es un verdadero tesoro patrimonial. Sus calles de tierra y construcciones de adobe transportan a otra época.
Frente a la plaza principal se alza la Iglesia San Pedro Nolasco, Monumento Histórico Nacional, con su arquitectura de adobe blanco y techos de madera de cardón. En su interior descansan los restos momificados de Nicolás Severo de Isasmendi, el último gobernador realista de Salta.
A pocos metros, la casona del prócer Indalecio Gómez, coautor de la ley de voto universal, secreto y obligatorio, funciona hoy como centro de interpretación cívica.
Naturaleza, enoturismo y leyendas
Más allá del casco urbano, la naturaleza vallista ofrece atractivos que mezclan ciencia, aventura y mitología. A más de 2.700 metros de altura se encuentra la Laguna del Brealito, un espejo de agua de origen sísmico rodeado de sierras multicolores, ideal para el senderismo, la fotografía y la pesca de pejerrey. Los lugareños aseguran que el río “no tiene fondo” y que se conecta subterráneamente con el océano.
Para los amantes del vino, Molinos es un destino obligado. La emblemática Bodega Colomé, fundada en el siglo XIX, alberga algunos de los viñedos plantados a mayor altitud del mundo, superando los 3.000 metros. Sus recorridos y degustaciones muestran cómo la amplitud térmica y la radiación solar dan un carácter único a las uvas vallistas, posicionando a la localidad en el mapa internacional.
Además, la antigua residencia de la familia Isasmendi funciona como hotel histórico, con pimenteros centenarios y un restaurante colonial. Para los aventureros, hay caminatas hacia las Ruinas de El Churcal o el ascenso al Cerro Overo, desde donde se aprecia la confluencia de los ríos Humanao y Luracatao, origen de este oasis salteño.