El recuerdo que desnuda lo que el corte de los ríos se llevó en el oeste pampeano
Todos esperaban que el recuerdo de la pesca en La Dulce y La Amarga fuera solo nostalgia; lo que encontró Tomas en los archivos es la prueba de una riqueza perdida para siempre.
El ex intendente de Puelches, Enrique Tomas, conoce como pocos lo dramático que fue para los habitantes del oeste pampeano el cese de los flujos hídricos de los ríos Atuel y Salado. En los últimos días, a través de su cuenta de Facebook, “Quique” lo demostró con la historia de su familia y con fotografías y documentos que retratan una época en la que las lagunas La Dulce, La Amarga y Urre Lauquen, y el río Chadileuvú, sostenían una fauna hídrica tan importante que había pesca a granel de truchas criollas y pejerreyes, y hasta un proyecto turístico de envergadura.
Tomas rememoró la experiencia familiar, que fue la de muchos otros en los tiempos en que la comunión de los ríos Atuel y Salado trazaba una zona verde regada por arroyos y lagunas que cruzaba La Pampa desde Santa Isabel y Algarrobo del Águila, pasando por Paso de los Algarrobos, La Reforma, Puelches, y desembocaba en el río Colorado en Pichi Mahuida.
Una familia de pescadores
El ex jefe comunal contó que su familia era de inmigrantes españoles, oriundos de Monteagudo, Navarra, y que entre otras actividades, su padre y su tío, en la década de 1940, se dedicaron a la pesca comercial en laguna La Dulce, sobre el río Chadileuvú, en Puelches. “Los pejerreyes se comercializaban en Santa Rosa y Buenos Aires. En la Secretaría de Recursos Hídricos de La Pampa se encuentran fotos de otra gente que se dedicaba a la pesca ya que eran varios campamentos”, relató.
En esos posteos incorporó fotos de la actividad mencionada, y también una en la que él mismo posa con un ancla. “Estas fotos me las cedió don Carlos Magallanes, oriundo de General Acha, quien había trabajado con mi padre y tío hasta que ingresó al servicio militar. El ancla es de mi padre y tío, que usaban en la embarcación de pesca, y se encuentra en casa de una de mis hermanas. Hoy, la laguna es un inmenso salitral de aproximadamente 6.500 hectáreas”, informó.
La riqueza que se perdió
El sistema de los ríos Salado, Chadileuvú y Curacó formó en forma natural, en cercanías de Puelches, un “delta” con arroyos y muchas lagunas que escurrían en esa cuenca. Hasta la construcción de los diques Nihuiles, el Atuel aportaba importantes caudales de agua dulce que permitían, especialmente en las enormes lagunas, un hábitat ideal para el desarrollo ictícola, fundamentalmente para la pesca de trucha criolla y pejerrey, que se reproducían en forma masiva.
Tal era la riqueza ictícola que, entre las décadas del ’40 y ’50 del siglo pasado, surgió en la zona la explotación de pesca en gran escala. Fue tan importante que el Ministerio de Agricultura de la Nación —ya que La Pampa era todavía un Territorio Nacional— otorgaba permisos oficiales. Los emprendimientos más importantes se centraron en La Dulce, y hay registros que indican que el volumen aproximado de producción fue de hasta 45 mil kilos mensuales de pescados. Los destinos más frecuentes fueron General Acha, Santa Rosa y Bahía Blanca. Historiadores afirman que “su fama creció tanto que comenzó a exportarse masivamente hacia Buenos Aires, donde el producto se vendía en las pescaderías bajo el selecto nombre de ‘Pejerrey del Curacó’”.
Antecedentes en La Dulce y La Amarga
Tomas abonó su relato con hechos reales, como un recorte de la edición del diario La Capital del 26 de marzo de 1941, que cuenta la experiencia de un grupo de “distinguidos vecinos de Santa Rosa” que realizaron una excursión a esos lugares. “En un remanso del Chadileuvú pescamos más de cien truchas y pejerreyes de buena calidad”, dice la nota.
Los pescadores santarroseños —Juan Carlos Zucca, Laureano Anaya, Denis Mayora, Manuel Valerga, Pedro Imas, Francisco González, el doctor Sadit Peyregne y Ruperto del Valle— expresaron que habían quedado “gratamente impresionados por el aspecto panorámico de esa zona, donde se ven las sierras de Lihuel Calel, que incita a hacer nuevos viajes, que recomendamos a todos los pampeanos”.
Un proyecto turístico que nunca fue
El ex mandatario de Puelches también aporta un fascímil de una nota que el 26 de diciembre de 1943, don Rafael Robles, oriundo de General Acha, envió al entonces gobernador del Territorio Nacional de La Pampa, Miguel Duval, donde le explica su proyecto de pesca y turismo en las lagunas La Amarga y La Dulce, en cercanías de Puelches, sobre los ríos Chadileuvú y Curacó.
En la misiva, Robles le pedía a Duval un permiso excepcional de exclusividad por varios años para hacer una importante inversión turística en ambas lagunas. El proyecto consistía en construir un lugar de turismo: “edificar una hostería, ofrecer lanchas a remo, una playa y malecones para la pesca”. Además, paralelamente, ideaba “establecer una industria pesquera, para lo cual adquirimos dos lanchas a motor, redes y personal competente”. Robles aseguraba al gobernador que se estaba desaprovechando “una riqueza considerable”.
El material aportado por Enrique “Quique” Tomas muestra con claridad brutal lo que significó para los pobladores del oeste pampeano asentados en esa “zona verde” el cese de la escorrentía: los dejó sin ese vital recurso hídrico y cambió el paradigma de vida de numerosas familias, que debieron emprender un lacerante éxodo, dejando atrás no solo bienes, sino también su patrimonio cultural y emocional, porque allí quedaron sus historias, las que formaban su idiosincrasia.