El refugio que esconde un secreto: el nuevo hogar de Perejil y los otros perros que la Justicia marcó
¿Qué pasa con los perros que la Justicia aparta de sus familias? Perejil encontró un refugio, pero su historia esconde un drama que pocos conocen.
El perro señalado por la tragedia en la playa Magagna ya está en el refugio Los Callejeros de Trelew, y lo que encontró allí sorprendió a todos. Lejos de mostrarse agresivo, Perejil se adaptó con una docilidad que dejó helados a los cuidadores.
El animal llegó desde el exzoológico de Rawson bajo un estricto bozal legal: la Justicia le prohibió a la protectora difundir fotos o videos oficiales de su día a día. Sin embargo, los vecinos pueden compartir imágenes por sus propios medios, una vía que la organización no puede usar.
Desde el refugio, con la identidad de los voceros en reserva por orden judicial, confirmaron a ADN Sur que Perejil come con normalidad y ya convive con dos hembras castradas. "Se adaptó muy bien", aseguraron, y destacaron que transita estos días con mucha tranquilidad.
¿Qué pasa con los perros judicializados?
Perejil no es el único huésped con este prontuario. En el predio de Trelew viven otros tres canes en la misma situación: Spooky, un pitbull de Gaiman; Tigre, oriundo de Rawson; y Keyla, una perrita ciega de Camarones que mordía a los transeúntes por instinto de defensa.
Los cuidadores explican que estos animales requieren un largo período de adaptación y que la responsabilidad final ante cualquier eventualidad recae sobre el refugio. Por eso, las exigencias para adoptarlos son extremas: familias sin niños, predios cerrados y conocimiento previo de razas complejas.
Pero el dato que duele es otro: hasta ahora, ningún perro judicializado fue entregado en adopción. "En todos los casos que tenemos, quedaron a nuestro cuidado", confesaron desde la organización.
El drama oculto: el abandono de las familias
Cuando la Justicia interviene, los dueños originales suelen desaparecer. "Se sacan un lazo de encima y el refugio es el que cubre todo", lamentaron los voluntarios, que deben afrontar gastos de alimentación y atención veterinaria sin ayuda.
La experiencia de los rescatistas confirma una tendencia alarmante: los perros judicializados nunca más reciben una visita de sus antiguos tutores. Quedan a la entera disposición de la solidaridad ajena, y muchos terminan viviendo años en el refugio, como parte de la manada.