El reiki en mascotas: la terapia que gana adeptos y promete calma

¿Sabías que el reiki también se aplica a perros y gatos? Descubrí cómo funciona esta terapia complementaria que busca calmar a las mascotas sin reemplazar al veterinario.

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El reiki en mascotas: la terapia que gana adeptos y promete calma
El reiki en mascotas: la terapia que gana adeptos y promete calma

El reiki, una práctica de origen japonés, ya no es exclusiva de los humanos. Cada vez más dueños de perros y gatos en Buenos Aires recurren a esta terapia complementaria para aliviar el estrés, acompañar tratamientos veterinarios y mejorar el bienestar de sus animales.

La escena puede resultar curiosa: un perro o un gato relajado, en una habitación, mientras una persona acerca sus manos sin tocarlo. No hay órdenes ni imposiciones; el animal tiene un rol activo.

“Ellos van marcando cómo quieren que sea la sesión”, explica Patricia Paredes, médica veterinaria. Si el animal se acerca, el trabajo se hace a centímetros del cuerpo; si prefiere distancia, se respeta.

¿Cómo son las sesiones?

Las sesiones duran entre 20 y 45 minutos. Durante ese tiempo, pueden aparecer bostezos, suspiros, menor tensión corporal o incluso sueño. Son señales de relajación que buscan los dueños para ayudar a sus mascotas a manejar situaciones de estrés.

La ansiedad por separación, el miedo a ruidos fuertes, los cambios de vivienda o experiencias traumáticas están entre los motivos de consulta. También se usa en animales mayores, con movilidad reducida o en recuperación.

¿Reemplaza al veterinario?

No. El reiki no sustituye una consulta veterinaria ni trata enfermedades. Si el animal muestra dolor, cambios de conducta o pérdida de apetito, el diagnóstico profesional es lo primero. Esta terapia solo acompaña.

El interés por el reiki refleja un cambio más profundo: los animales son vistos como miembros de la familia. Ya no se trata solo de curarlos, sino de mejorar su calidad de vida en todas las etapas.

En animales gerontológicos, el objetivo es el confort; en un perro operado, acompañar la recuperación; en un gato nervioso, reducir estímulos. No promete milagros, pero sí una búsqueda de bienestar.

Es prudente recordar que la relajación no significa curación. Sin embargo, evidencia algo que antes se ignoraba: los animales también sufren estrés y miedo.

Al final, la escena se repite: una persona sentada junto a su mascota, bajando el ritmo. A veces, cuidar es simplemente hacer silencio y acompañar.

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