El "rey de las mulas" dijo que no, pero 24 días después cambió de idea: ahora aceptó la condena

Una red que usaba a jóvenes como mulas para llevar cocaína a Europa se desmorona en los tribunales de Posadas. Uno de sus jefes dio marcha atrás y aceptó la condena que había rechazado, pero lo que reveló sobre sus ingresos y su pasado dejó a más de uno en silencio. ¿Qué fue lo que finalmente lo convenció?

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El "rey de las mulas" dijo que no, pero 24 días después cambió de idea: ahora aceptó la condena
El "rey de las mulas" dijo que no, pero 24 días después cambió de idea: ahora aceptó la condena

Crainer Odyllie Abauna, el surinamés de 37 años señalado como el principal eslabón de una red que enviaba cocaína en cápsulas a Europa dentro de los estómagos de jóvenes, dio marcha atrás y firmó el juicio abreviado que había rechazado el 31 de agosto. Lo hizo en el arranque de la segunda audiencia del debate ante el Tribunal Oral en lo Criminal de Posadas.

Abauna aceptó el acuerdo que ofrecieron el fiscal Pablo Ricardo Di Loreto y Martín Uriona, cofiscal de la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR), por la misma pena que antes había desestimado: siete años de prisión. "Entendí que es lo mejor para mí", justificó ante los jueces.

El imputado está acusado como pieza clave de la cadena de tráfico de estupefacientes. El cabecilla de la organización, Johan Bodji, de 52 años, ya había ratificado en la primera audiencia una condena de 11 años de prisión efectiva por organizar y financiar la banda.

Cómo cayó la estructura

Según la acusación, Abauna y Bodji lideraron en Argentina una estructura criminal que operó al menos desde mayo de 2023 hasta el 22 de octubre de 2024, con movimientos en Misiones, Chaco, la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El plan consistía en contrabandear cocaína desde Argentina, Paraguay o Brasil hacia países de Europa occidental, como España y Francia, utilizando "mulas" o "camellos" que ingerían los estupefacientes en cápsulas. Los viajeros salían del país por Bernardo de Irigoyen y regresaban con drogas sintéticas o de diseño. Como pago por la entrega en destino, la organización recibía estupefacientes sintéticos como MDMA para distribuir en distintos puntos del país.

Los otros acusados

Con la firma de Abauna, el debate quedó reducido a dos imputados que rechazaron el juicio abreviado. En total, cinco prefirieron admitir su responsabilidad. Entre ellos están los argentinos Jorge Antonio Sandoval (47), Karen Aldana Guzmán y Carla Luján Grondona, una misionera de 23 años.

Sandoval, que trabaja como conductor de Uber y tiene antecedentes por contrabando agravado de estupefacientes, acordó ocho años de prisión como autor de "tráfico de drogas", pena que se elevó a nueve al sumar una condena anterior. La chaqueña Guzmán aceptó seis años y seis meses, mientras que Grondona recibió cuatro años. La joven eldoradense cumple detención domiciliaria en Santiago de Liniers y cuida a sus dos hijos de cuatro y ocho años.

El porteño Ricardo Francisco Bruno y la peruana Jackeline Polo Carlo (41) seguirán el juicio oral. La nueva fecha fijada es el 23 de octubre, ambos por la presunta comisión de "tráfico ilícito de estupefacientes, bajo la modalidad de comercio, agravado por haberse llevado a cabo con la intervención de más de tres personas, en calidad de coautores".

El pasado que lo complica

Abauna no es un nombre nuevo en causas de narcotráfico. En 2011 fue investigado en el expediente de la "narcomodelo" Daiana Antivero por el envío de cocaína a Holanda. Hace 24 días había rechazado el juicio abreviado porque pretendía que el acuerdo incluyera su expulsión del país, algo que finalmente no consiguió.

Su defensor oficial, Mariano Romero, fue quien abrió la audiencia anunciando el cambio de decisión. Los jueces Fabián Cardozo, Ruth María Ponce de León y Enrique Jorge Bosch (subrogante del TOCF de Resistencia) realizaron de inmediato la audiencia de visu. Con una traductora de inglés provista por el tribunal, Abauna contó que antes de ser detenido "me ganaba la vida como carpintero" en Capital Federal, aunque sus ingresos principales provenían de "los bitcoins" y de sus habilidades comerciales. "Mensualmente ganaba tres mil dólares, aproximadamente, pero siempre reinvertía en criptomonedas", declaró.

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