El rincón del Parque Nacional Los Alerces que se queda con vos hasta el atardecer

En el Parque Nacional Los Alerces hay una costa de rocas y senderos que se está convirtiendo en parada obligada para los que recorren la zona. El paisaje es tan distinto según la hora que muchos visitantes ya no eligen irse antes de que caiga el sol. ¿Qué tiene este rincón del Lago Futalaufquen que nadie quiere dejar?

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El rincón del Parque Nacional Los Alerces que se queda con vos hasta el atardecer
El rincón del Parque Nacional Los Alerces que se queda con vos hasta el atardecer

Hay lugares que no necesitan grandes carteles para quedarse en la memoria. En el Parque Nacional Los Alerces, sobre el tramo asfaltado que conecta distintos sectores del área protegida, hay una costa de rocas y senderos que se convirtió en parada obligada para quienes recorren la zona: Las Roquitas, a orillas del Lago Futalaufquen.

El paisaje combina piedras de formas caprichosas con pequeños caminos que invitan a explorar sin apuro. El agua cristalina del lago y el entorno boscoso hacen que muchos visitantes elijan este punto para pasar el día completo, desde la mañana hasta que el sol empieza a bajar.

Un lugar para quedarse sin reloj

Lo que distingue a Las Roquitas es la tranquilidad. No hay multitudes ni estructuras que interrumpan el contacto con la naturaleza. Las rocas funcionan como miradores naturales y los senderos permiten recorrer la costa a pie, siempre con el lago como referencia.

La ubicación es otro punto a favor: al estar sobre el tramo asfaltado que conecta diferentes sectores del parque, el acceso no presenta mayores complicaciones para quienes llegan en vehículo. Eso la convierte en una alternativa accesible dentro de un área protegida extensa y diversa.

Qué tener en cuenta

Quienes ya conocen el lugar suelen recomendar llevar calzado cómodo para caminar entre las piedras, protección solar y agua. También conviene recordar que se trata de un espacio natural protegido, por lo que es importante respetar el entorno y no dejar residuos.

El atardecer es, quizás, el momento más elegido. La luz sobre el lago y las rocas cambia por completo el paisaje y explica por qué muchos se resisten a irse. Para quienes buscan un plan simple, sin infraestructura ni horarios, Las Roquitas ofrece exactamente eso: un rincón donde el tiempo parece detenerse.

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