El rincón patagónico al que solo se llega en lancha y que nació para los trabajadores del aserradero

Se construyó en 1933 para los trabajadores de un aserradero y hoy es parada del Camino de la Fe neuquino. Pero llegar no es para cualquiera: el acceso es solo por agua. ¿Dónde queda exactamente?

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El rincón patagónico al que solo se llega en lancha y que nació para los trabajadores del aserradero
El rincón patagónico al que solo se llega en lancha y que nació para los trabajadores del aserradero

Hay lugares que no se explican solo por su paisaje. La capilla Santa Teresita, escondida entre bosques a orillas del lago Lácar, es uno de ellos: un templo que nació como refugio espiritual para los trabajadores de un aserradero y que hoy se convirtió en parada obligada del turismo religioso en Neuquén.

Ubicada cerca de San Martín de los Andes, en plena Patagonia argentina, la capilla forma parte del llamado “Camino de la Fe”, un recorrido que une Ailinco con Villa La Angostura a lo largo de más de 800 kilómetros, salpicado de capillas, monumentos y otros sitios de culto.

Una historia que se remonta a 1933

La construcción de Santa Teresita se concretó en 1933, gracias al esfuerzo conjunto de la comunidad y al aporte de las familias Raguzzi y Van Dorsser. Desde el principio, el objetivo fue claro: que los trabajadores del aserradero de la estancia Quechuquina tuvieran un espacio donde participar de ceremonias religiosas.

Con el correr de los años, ese rincón pensado para unos pocos se transformó en un punto de encuentro para los pobladores de la zona, que encontraron allí un lugar para celebraciones y festividades a lo largo del calendario.

¿Cómo llegar a este rincón escondido?

El acceso no es convencional, y quizás ahí esté parte de su encanto. Para llegar a la capilla Santa Teresita hay que embarcarse en una excursión en lancha hacia la margen norte del lago Lácar, específicamente al este de la península Quechuquina. El trayecto, rodeado de bosque y agua, es parte de la experiencia.

Quienes disfrutan del turismo religioso, o simplemente buscan un paisaje que combine fe y naturaleza, encuentran en este templo patagónico una parada distinta. Un lugar que guarda la memoria de los trabajadores del aserradero y que sigue convocando a visitantes de todo el país.

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