El rincón secreto del sendero de Playa Bonita que descoloca a los que caminan al lago

En el sendero que bordea el lago Nahuel Huapi, a la altura de Playa Bonita, hay una garita de madera que guarda algo que muchos no esperan encontrar. La idea llegó de un viaje a Barcelona y ya tiene su propio guardián. ¿Qué hay adentro?

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El rincón secreto del sendero de Playa Bonita que descoloca a los que caminan al lago
El rincón secreto del sendero de Playa Bonita que descoloca a los que caminan al lago

El sendero que bordea el lago Nahuel Huapi, entre Playa Bonita y Puerto Moreno, esconde un detalle que sorprende a propios y turistas: una garita de madera con puerta de vidrio repleta de libros. Sobre el vidrio, una calcomanía transparente lo explica todo: “Lleva o deja un libro”. Alrededor, bancos hechos con troncos invitan a quedarse.

Detrás de esa pequeña estructura está Fernando Veliz, vecino del barrio Playa Bonita, a unos 100 metros del lugar, al oeste de Bariloche. La idea no nació acá: la copió de una biblioteca similar que descubrió en un viaje a Barcelona, enclavada en medio de un bosque.

“Copié la idea porque suelo ir a la playa a leer y veo a mucha otra gente leyendo. Aproveché que presidía la junta vecinal en ese momento para trasladar la idea a la Delegación Municipal y les encantó”, contó Fernando.

Con el visto bueno del Municipio, un amigo carpintero construyó la garita de 60 por 40 centímetros, con techo a dos aguas y tejuelas de alerce. Fernando fue juntando sus propios libros para llenarla. La inauguración fue en enero de 2025 y, según recuerda, cinco minutos después ya había gente leyendo.

“Me encanta el movimiento constante en ese lugar y que la gente vuelva al libro. Se ve que, en tiempos de tanta pantalla, necesitamos algo tangible. Y en este caso, en medio de un sendero tan bonito que recorre 2 kilómetros”, definió Fernando, que volvió a vivir a Bariloche en 2007 después de 20 años en Andorra. Hoy trabaja como fotógrafo en el cerro Catedral.

Libros que buscan nuevos dueños

Fernando no lleva ningún registro de quién se lleva qué ni de si los libros vuelven. Lo que sí sabe es que las novelas y los libros cortos son los favoritos. También nota que faltan opciones para los más chicos.

“Sucede que no hay muchos libros para chicos y son muchos los niños que van a la playa. Antes que estén con el celular prefiero que agarren un libro”, señaló. Por eso, cuando visita la Biblioteca Sarmiento, en el Centro Cívico de Bariloche, suele buscar los libros descatalogados que dejan a mano, con preferencia por los infantiles.

A la hora de elegir qué dejar, dudó al principio. “Me replanteé dejar ‘Las venas abiertas de América Latina’, por ejemplo, un libro que me gusta mucho. Uno cuida lo que tiene, pero después reflexioné: ya lo había leído. Si mi hijo, el día de mañana, quería leerlo, se lo compraría o lo conseguiría de alguna forma”, resaltó.

También hubo sorpresas: una vez alguien dejó un santo al costado de la casita, que Fernando llevó a la Virgen de las Nieves porque no era el lugar. Y aunque algunos vecinos acercaron enciclopedias, aclaró que no son la idea: “Las dejo por las dudas, pero abajo de todos los demás libros”.

Un sueño que se multiplique

Sobre el avance de los libros digitales, Fernando no duda: “Leí solo uno con el celular, de Julio Verne. Me llegó la historia, me gustó. Pero no es lo mismo que un libro tangible. Aparte estamos muy saturados de pantallas”.

La garita atrae tanto a barilochenses como a turistas, y su creador sueña con que la propuesta se replique en otros barrios. “Es cierto que muchas juntas vecinales tienen sus propias bibliotecas populares. Cuentan con el espacio físico. Nosotros no teníamos esta suerte, pero sí tenemos un sendero para hacer una de las cosas más bonitas que hay en la ciudad como es caminar bordeando el lago”, indicó.

Fernando sigue siendo el único guardián de esa garita. Vive a 100 metros y se escapa seguido a la playa para leer, caminar o tomar unos mates. “No me cuesta nada”, dijo.

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