El río no entiende de temporadas: por qué la pesca se convirtió en el salvavidas de Concordia
Guillermo Benítez lleva 24 años como guía de pesca en Concordia. Mientras las termas duermen en invierno, él sigue saliendo al río con turistas que llegan de todas partes. Lo que reveló sobre el negocio que sostiene a la ciudad...
El turismo de pesca en Entre Ríos sostiene una demanda que no se apaga con el frío: mientras otros atractivos dependen de la temporada alta, las excursiones embarcadas en el Paraná y el Uruguay mantienen ocupados alojamientos, gastronomía y comercios durante buena parte del año. En Concordia, la actividad ya es el segundo atractivo turístico de la ciudad, apenas detrás de las termas.
Así lo asegura Guillermo Benítez, guía de pesca con 24 años de oficio en esa ciudad entrerriana. "En invierno, cuando las bajas temperaturas hacen que mucha gente deje de elegir las termas, la pesca mantiene ocupados los alojamientos con visitantes que llegan específicamente para salir al río", explica.
La extensa red fluvial de la provincia —con el Paraná y el Uruguay como principales escenarios— favorece la pesca deportiva y las salidas en lancha. Las especies que atraen a los aficionados son el dorado, el surubí, el boga y el amarillo, aunque su disponibilidad varía según la zona, la época y las condiciones hidrológicas.
Un motor que mueve más que cañas
El impacto del turismo de pesca no se limita a los guías y prestadores de excursiones. También arrastra a alojamientos, restaurantes, estaciones de servicio, comercios náuticos y otros servicios locales. No es una actividad masiva, pero su continuidad resulta clave en un contexto en el que buena parte del sector turístico busca reducir la dependencia de los meses de mayor movimiento.
Para las localidades ribereñas, recibir visitantes que llegan específicamente a pescar genera actividad en meses en los que otros atractivos tienen menor convocatoria. Esa ventaja se vuelve especialmente valiosa frente a una demanda general más retraída.
¿Qué especies buscan los pescadores?
Según Benítez, el dorado es la especie que mayor interés despierta entre quienes llegan a Entre Ríos. En Concordia, el área de Salto Grande suma un atractivo diferencial. El guía aclara que, por normativa provincial, en el departamento la pesca de dorado y surubí es con devolución obligatoria. Para el resto de las especies no hay restricción, aunque rigen cupos y medidas mínimas.
La propuesta no apunta solo a pescadores experimentados. También llegan familias y principiantes que quieren probar su primera salida. "Hay personas que nunca pescaron y vienen justamente a probar. El desafío es que esa primera experiencia sea buena, que aprendan y que se vayan con ganas de volver", señala.
Las excursiones pueden arrancar bien temprano, sobre todo en verano, y se adaptan a cada grupo. Algunas incluyen almuerzo y otras regresan al mediodía, según lo acordado con los clientes.
Fiestas y competencias: la otra cara de la actividad
La pesca también se expresa en eventos. En Concordia se realizan la Fiesta Nacional de Pesca de la Boga y la Fiesta Nacional de Pesca del Amarillo, entre otros encuentros. La convocatoria, sin embargo, todavía está por debajo de la de otros destinos provinciales: mientras algunas fiestas de La Paz pueden reunir entre 200 y 300 embarcaciones, la de la Boga convoca actualmente alrededor de 120 o 130.
Más allá de los grandes eventos, es el movimiento cotidiano de las excursiones el que sostiene la actividad durante buena parte del calendario y genera demanda para otros servicios turísticos.
El Niño: oportunidad y amenaza para el río
La misma naturaleza que convierte a los ríos entrerrianos en un atractivo también impone límites. Las crecientes pueden modificar los lugares de pesca, dificultar la navegación y afectar los accesos. Ante una eventual incidencia del fenómeno de El Niño, Benítez explica que una crecida importante puede volver imposible la actividad turística, aunque también puede tener efectos positivos sobre el ecosistema.
"Cuando el agua supera determinados niveles, la excursión deja de ser posible porque cambia completamente el escenario. Pero una creciente también permite que el río ingrese en sectores que normalmente permanecen secos, donde los peces jóvenes encuentran refugio y alimento", detalla.
El cuidado del recurso es central para una actividad que depende directamente del estado del río y de la disponibilidad de especies. La conservación no es solo una cuestión ambiental: es una condición para que el producto turístico siga existiendo en el tiempo.
Informalidad y seguridad: la deuda pendiente
Entre los problemas del sector aparece la informalidad. Benítez advierte que hay prestadores que no cumplen con todas las obligaciones tributarias y administrativas, y menciona situaciones de embarcaciones que no estarían debidamente declaradas.
"La informalidad genera una competencia desigual para quienes trabajan en regla, pero además plantea un problema de seguridad. Una excursión implica tener la embarcación en condiciones, contar con la documentación correspondiente y asumir la responsabilidad por las personas que están a bordo", sostiene.
El guía también pide más controles: "Me gustaría que existan más controles en el río por parte de la Dirección de Fiscalización antes de que el pez esté muerto, y que se controle la pesca furtiva e ilegal con redes en la zona de exclusión de la Represa".
Para Benítez, la seguridad debe estar por encima de la posibilidad de concretar una salida. "Si el río o el clima no permiten navegar con seguridad, la excursión se suspende. En mi caso, prefiero perder un día de trabajo antes que poner en riesgo a quienes confiaron en mí", afirma.
El desafío, entonces, pasa por fortalecer la formalidad, garantizar la seguridad y preservar el recurso que sostiene la actividad. Mientras tanto, los ríos entrerrianos siguen funcionando como escenario de una propuesta turística que puede seguir aportando movimiento, incluso en un contexto económico que complica la demanda.