El río San Juan podría crecer como nunca este verano: el aviso que encendió las alarmas
Un geólogo que trabaja en la cordillera sanjuanina lanzó una advertencia sobre lo que puede pasar con el río San Juan este verano. La combinación de dos factores que se potencian tiene en vilo a los que viven río abajo.
Un geólogo que trabaja en la cordillera sanjuanina advirtió que el río San Juan podría duplicar su caudal durante el verano. La combinación del deshielo estacional con las tormentas de la temporada cálida podría llevar al principal colector de la provincia a niveles que obligan a repensar la planificación urbana y la gestión del agua.
Mario Hernández, geólogo y gerente de sustentabilidad del proyecto Los Azules, fue quien lanzó la advertencia durante su participación en el programa La Ventana, de Telesol. Junto a él estuvo Federico Ojeda, integrante del equipo de apoyo con 15 años de trayectoria en Veladero. Ambos analizaron el comportamiento del escurrimiento en alta montaña y las condiciones de trabajo en la cordillera.
El planteo de Hernández se apoya en dos factores que se potencian: el deshielo natural de la nieve acumulada y las tormentas de verano. Esa suma puede complicar el drenaje hacia los cauces principales y derivar en crecidas significativas.
El aviso que puede cambiar el verano
“Más allá del deshielo y el escurrimiento que se va a venir a la cordillera, hay que sumarle la tormenta de verano. Eso puede hasta duplicar el caudal de un colector grande y principal como lo es el río San Juan”, afirmó el geólogo. La observación tiene consecuencias directas sobre la gestión hídrica, la planificación de obras y la ocupación de zonas expuestas a crecidas.
Hernández también cuestionó la forma en que se construye en la provincia. Señaló que, después de varios años secos, se edifica sin una mirada de largo plazo y recordó que es frecuente que se levanten viviendas en áreas que históricamente se inundan. Según su planteo, el agua siempre vuelve a su cauce natural, y eso obliga a considerar los antecedentes hidrológicos antes de habilitar nuevas urbanizaciones o intervenciones sobre el territorio.
La advertencia, entonces, no se limita al verano que se viene: apunta a la necesidad de incorporar criterios de planificación para evitar daños futuros.
Trabajo en alta montaña: hielo, frío y decisiones difíciles
Sobre la actividad en la cordillera, Hernández indicó que el regreso a zonas de exploración como Los Azules todavía demorará por el hielo acumulado y las bajas temperaturas de octubre. Explicó que hoy, además de las nevadas, hay temperaturas máximas bajo cero, una condición que preserva la cantidad de agua y regula el deshielo.
“La seguridad está antes que la necesidad de volver”, remarcó, en referencia a las pendientes congeladas y a las condiciones de acceso en altura.
Por su parte, Federico Ojeda describió cómo es la vida y el trabajo en yacimientos aislados, donde se desempeñó en transporte de personal y en el área aeronáutica. Contó las dificultades para trasladarse durante los temporales y las limitaciones operativas de los helicópteros por la altura. También habló del costo personal que implica permanecer lejos de la familia.
“En mi caso, sacábamos cuenta, me tocó perderme el 60% de la vida de mis hijos, pero uno sabe que está haciendo las cosas por ellos”, dijo.
Prevenir antes de que el agua suba
Ambos coincidieron en que las empresas y la comunidad necesitan comprender los ciclos naturales de la montaña para reducir riesgos sobre la población que vive río abajo. Mencionaron las mediciones constantes del espesor de la nieve y los protocolos de abastecimiento ante el mal tiempo como herramientas de previsión.
La variable a seguir en las próximas semanas será la evolución de las temperaturas y de las tormentas de verano. De eso dependerá la magnitud real del caudal del río San Juan.