El ritual de Juana Molina en Córdoba: 15 canciones que suspendieron las leyes de la realidad

¿Qué pasa cuando Juana Molina sube al escenario? Un show en Córdoba que desafía las reglas del tiempo y el espacio. Los detalles de una noche única.

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El ritual de Juana Molina en Córdoba: 15 canciones que suspendieron las leyes de la realidad
El ritual de Juana Molina en Córdoba: 15 canciones que suspendieron las leyes de la realidad

El sábado 1 de agosto, Juana Molina volvió a Córdoba para ofrecer un show en Quality Lab, un espacio recién inaugurado que superó las pruebas acústicas y funcionales. La artista, conocida por su meticulosidad, desplegó su artefacto sonoro sin interrupciones. Quienes la vieron años atrás en un caluroso diciembre recuerdan que frenó un concierto porque los ventiladores hacían ruido. Esa anécdota revela su obsesión: la comunión perfecta entre la música y el público.

Durante las 15 canciones interpretadas junto a su inseparable Diego López Arcaute, algo se altera en la percepción. Las reglas del movimiento y la atención cambian, y el público queda bajo el influjo de su universo. Juana Molina no necesita tocar un instrumento para demostrar que es una mediadora entre lo desconocido y los mortales. Su sabiduría se filtra en piezas construidas con loopers, sintetizadores y otros artefactos.

Un show coherente y mágico

La estética acompañó el viaje: vestida con ropas violáceas y adornos florales que parecían orejas élficas, la artista mantuvo un sonido equilibrado y luces que no competían con la música. Las pantallas se usaron con mesura, sin caer en excesos visuales.

El repertorio recorrió sus últimos tres discos, con protagonismo de Doga (2025), del que sonaron Uno es árbol, La paradoja, Siestas ahí, Caravanas, Desinhumano, Indignan a un zorzal y Miro todo. De Halo (2017) interpretó Cara de espejo, Estalactitas, Cosoco y Al oeste, aunque faltó Paraguaya, un tema que bien podría considerarse un hit en su obra. En tanto, de Wed 21 (2013), el disco que cimentó su sonido actual, ofreció Ay no se ofendan, Wed 21 y Sin guía, no.

La existencia de una artista como Juana Molina es un milagro, un error de la matrix que restituye, al menos por la duración de un concierto, la cohesión entre lo humano, lo maquinal y lo espiritual. Su generosidad es inmensa: podría guardarse todo lo que sabe, pero elige compartirlo con un virtuosismo poco habitual.

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