El ritual que se desvanece: por qué los jóvenes ya no corren a sacar el registro

¿El carnet en la billetera ya no es sinónimo de libertad? Un cambio silencioso está transformando un ritual de generaciones enteras, y los números lo confirman. Descubre por qué cada vez más jóvenes eligen postergar o directamente descartar sacar el registro.

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El ritual que se desvanece: por qué los jóvenes ya no corren a sacar el registro

Durante generaciones, obtener la licencia de conducir a los 18 años fue un símbolo inequívoco de independencia. Sin embargo, para una parte creciente de los adultos jóvenes en las ciudades argentinas, ese trámite dejó de ser una prioridad. La lógica que asociaba la mayoría de edad con el volante empieza a resquebrajarse, impulsada por el costo, las alternativas de movilidad y un cambio cultural profundo.

“No es que no quiera manejar. Es que no lo necesito”, resume Tomás, un estudiante universitario de 23 años que vive en la Ciudad de Buenos Aires. En su círculo, más de la mitad nunca inició el trámite. La justificación es práctica: el transporte público y las aplicaciones de viajes cubren sus necesidades, mientras que el costo de tener un auto propio resulta prohibitivo.

¿Qué dicen los números?

Esta percepción encuentra eco en cifras concretas. Un análisis de la consultora ABECEB, basado en datos de la Federal Highway Administration de Estados Unidos, revela una tendencia global. Entre 2000 y 2023, el total de licencias de conducir en ese país aumentó un 5,2%, pero en el segmento de jóvenes de 16 a 19 años se redujo un 11,8%.

El informe señala que una de las causas en naciones desarrolladas fue la implementación del sistema Graduated Driver Licensing (GDL), un esquema escalonado que endurece los requisitos para conductores novatos. En Argentina no existe un modelo nacional equivalente, aunque hay figuras como el curso obligatorio “Mi Primera Licencia” para jóvenes de 16 a 21 años.

Entre jóvenes urbanos, sacar el registro deja de ser prioridad: transporte público y apps reemplazan el auto propio. (Foto: ANSV)
Entre jóvenes urbanos, sacar el registro deja de ser prioridad: transporte público y apps reemplazan el auto propio. (Foto: ANSV)

En el ámbito local, los datos oficiales muestran una caída pronunciada. En la Ciudad de Buenos Aires, la cantidad de nuevas licencias otorgadas se redujo un 39,2% entre 2000 y 2023. El descenso se aceleró en los últimos nueve años, con una merma del 32% entre 2015 y 2023. Aunque estas cifras no discriminan por edad, se estima que el grueso de las “nuevas” licencias corresponde a jóvenes que tramitan por primera vez.

Un cóctel de causas: economía, regulación y cultura

Andrés Civetta, especialista en movilidad de ABECEB, explica que el fenómeno es multicausal. “Entre los principales aspectos para explicar la baja en la tramitación de nuevas licencias suelen mencionarse factores regulatorios, precautorios y económicos”, señala. La mayor conciencia sobre la siniestralidad vial, el endurecimiento de los exámenes y, sobre todo, el alto costo de mantener un vehículo, desincentivan la decisión.

El componente económico es clave. Más allá del trámite en sí, que incluye el pago del CENAT y otros aranceles, conducir implica acceder a un vehículo, combustible, seguro, mantenimiento y cochera. Para muchos jóvenes con ingresos ajustados, la ecuación simplemente no cierra.

En la Ciudad las licencias cayeron 39,2% desde 2000: mantener un auto ya no es prioridad. (Foto: Imagen generada con IA-Gemini)
En la Ciudad las licencias cayeron 39,2% desde 2000: mantener un auto ya no es prioridad. (Foto: Imagen generada con IA-Gemini)

Lucía, de 25 años y residente en Córdoba, tomó una decisión aún más radical: dejó vencer su licencia. “La saqué a los 18 porque era lo que todos hacían. Hoy trabajo remoto, me muevo en bicicleta y si necesito ir lejos uso app o colectivo. Renovar no me suma nada”, explica.

Civetta introduce además una hipótesis cultural. “La difusión en el uso de redes sociales permite a los jóvenes conectarse digitalmente y disminuye la necesidad de conectarse en persona, lo que podría influir sobre la necesidad de obtener licencias de conducir para viajar y encontrarse personalmente”, plantea. Esto sugiere un cambio de paradigma donde menos desplazamientos físicos se traducen en menor urgencia por manejar.

Una paradoja del mercado

Este fenómeno convive con una realidad aparentemente contradictoria: el mercado automotor argentino mostró un sólido dinamismo. El sector cerró 2025 con un crecimiento interanual del 47,8%, alcanzando 612.178 unidades patentadas, la mejor marca desde 2018.

Esto indica que la demanda de vehículos no desapareció, pero su composición estaría cambiando. Mientras algunos segmentos etarios y sociales acceden a la compra, una porción significativa de adultos jóvenes urbanos redefine su relación con la conducción. La licencia deja de ser un símbolo automático de adultez para convertirse en una herramienta instrumental, necesaria solo para trabajos específicos o vida en zonas con baja oferta de transporte.

La tendencia parece consolidarse en áreas metropolitanas con amplia oferta de movilidad alternativa. La pregunta que queda abierta es si se trata de un cambio coyuntural o estructural, y cómo se comportará en ciudades intermedias o rurales, donde el auto propio sigue siendo una necesidad básica. Lo claro es que el rito de paso que durante décadas fue casi universal, hoy se evalúa caso por caso.

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