El robo en Bariloche que marcó el inicio del hombre más temido de los 70
Política · Río Negro

El robo en Bariloche que marcó el inicio del hombre más temido de los 70

Un ladrón de bancos que no parecía un delincuente terminó manejando un centro clandestino de la dictadura. Marcelo Larraquy reconstruye cómo fue ese salto y por qué todo empezó con un golpe en Bariloche.

Marcelo Larraquy acaba de publicar dos novelas sobre Aníbal Gordon, el ladrón que se convirtió en agente de la SIDE y responsable de Automotores Orletti. En diálogo con Río Negro, el historiador cuenta por qué eligió empezar la historia en aquel golpe al Banco Provincia de Río Negro, en 1971.

La pregunta sobrevuela: ¿fue Bariloche el kilómetro cero delictivo de Aníbal Gordon? ¿Fue aquel 26 de febrero de 1971, cuando junto a una banda que apenas conocía vació la caja fuerte del Banco Provincia de Río Negro en la entonces pequeña ciudad lacustre? De algún modo, sí.

Gordon llevaba más de diez años robando: primero autos, después bancos. Pero el golpe en Bariloche fue otra cosa, algo que se suele llamar el Robo del Siglo. Por eso Larraquy, autor de catorce libros dedicados casi todos a la violencia política de los 60 y los 70, decidió abrir con ese episodio su novela "Gordon".

De los expedientes a la ficción

Larraquy se había cruzado con Gordon en varias investigaciones de no ficción, sobre todo cuando biografió a López Rega, pero siempre de manera superficial. Apenas una mención. La idea de dedicarle un trabajo propio lo acompañaba desde hacía tiempo, y la ficción también.

El resultado fueron dos novelas: "Gordon" (Sudamericana, 2025) y "Gordon el aniquilador" (Planeta, 2026). Ambas inspiraron la serie de ocho capítulos que Netflix estrenará el 18 de noviembre, con Rodrigo de la Serna en el papel del represor fallecido en 1987.

En una videollamada con Diario RÍO NEGRO, el periodista e historiador repasó cómo Gordon se transformó en el personaje de su primera novela y los entretelones políticos y literarios alrededor del ladrón devenido en agente de la SIDE durante la Triple A y figura central de la represión de la última dictadura.

Una deuda pendiente con la ficción

Larraquy contó que la ficción le interesó casi desde la adolescencia. Después llegaron el periodismo y la carrera de historia, pero en sus años veinte leía mucha narrativa y pensaba que su camino iría por ahí. Con el tiempo lo creyó imposible: un deseo abandonado, dormido, aplastado por la cantidad de libros de no ficción e investigaciones históricas.

Cuando terminó "La Guerra Invisible", su libro número doce, ya tenía el proyecto de Gordon en la cabeza, pero como un trabajo de no ficción. Había una investigación y una matriz, aunque sentía que era más de lo mismo y que necesitaba animarse a salir de ahí.

Gordon habilitaba la ficción por los espacios historiográficos vacíos. Prácticamente lo único que se conocía de él era el secuestro de Guillermo Patricio Kelly, en agosto del 83. De lo anterior no se sabía nada: había pasado como un rayo en la tormenta de los 70. Como fue preso y murió pronto, y en los 80 no hubo juicios de lesa humanidad ni por Orletti, quedó en el olvido mientras se investigaban las cúpulas.

La idea de recuperar a un personaje interesante para narrar en situaciones excepcionales no venía de la política. Larraquy empezó a escribir ficción justamente con el encuentro con Acosta para el robo del Banco Provincia de Río Negro en Bariloche, siete capítulos tomados de crónicas de La Nación y La Prensa. Ahí se sintió cómodo ficcionando.

El método de trabajo

El autor explicó que siempre arma una base material para la investigación, va llenando una línea argumental y así delimita los capítulos, que después completa con entrevistas. En ficción, los capítulos se alargaban cuando conseguía más información.

"Gordon el aniquilador" lo quiso más lacónico, quirúrgico. "Gordon", en cambio, el que cuenta lo de Río Negro, es más suelto, salvaje y desembozado, con una narrativa más libre dentro del orden que impone el texto.

Siempre trabajó con la idea de ordenar los capítulos, de cómo empezar y cómo terminar. En la ficción ya tenía el camino y después se dejaba llevar: hay una tensión entre la lealtad a los hechos y el respeto a la libertad creativa, porque si no sería un documento o un libro de no ficción.

El momento en que todo cambió

El cambio de rumbo lo decidieron los huecos históricos, imposibles de reconstruir por la escasez de fuentes, pese a las personas de la justicia y conocidos con los que habló y a la información periodística de los diarios. Gordon aparece en los medios apenas en agosto, septiembre y octubre del 83 por lo de Kelly y después cuando lo detienen. De Orletti solo quedaban las causas judiciales.

El libro iba a terminar siendo un rejunte de información, admitió. Por más buena narrativa que le pusiera, ya lo había hecho en "Galimberti" y "López Rega" con muchas más fuentes. Cuando escribió la primera línea no lo pensó más: se soltó y dijo esto es ficción. La primera tarde ya creía absolutamente que tenía que ser ficción.

Año y medio después, con los personajes ya planteados, consiguió los archivos de las causas judiciales de la delincuencia. Eso le dio mucho voltaje narrativo. Empezó a llamar a la gente que aparecía en esos expedientes y llegó a entrevistar a un secretario de juzgado de 100 años que lo había indagado de grande y todavía vivía. Lo encontró de manera fortuita, tirando un mediomundo al río, como dice que pasa con los colegas.

Ahí se dio cuenta de que eran dos libros: primero el policial, después el político. Otro volantazo.

Piglia, Arlt y Hemingway como maestros

Para la escritura se nutrió de Ricardo Piglia y Roberto Arlt. Volvió a leerlos. No le servían tanto otros autores del boom latinoamericano de su juventud, aunque sí algunas cosas de Hemingway, esos diálogos secos que aparecen cuando van a robar.

Larraquy siempre construyó personajes en la acción: a Galimberti y a López Rega no los describía, contaba la acción y los diálogos. Era su manera de escribir con suspenso y con thriller. En sus libros anteriores dejaba líneas abiertas al cortar un capítulo: un hecho del capítulo 3 reaparecía en el 7. La estructura del thriller ya la trabajaba; lo que nunca había hecho eran diálogos ficticios. Le llevó cuarenta años animarse.

Quién fue el verdadero Gordon

Sobre el personaje, Larraquy señaló que la violencia era para Gordon un valor muy apreciado y que tenía experiencia, inteligencia y talento para la simulación. Después adoptó un lenguaje político-ideológico fuerte y terminó siendo uno de los hombres necesarios para ese mal, muy de la época, sin ninguna base política. Tampoco López Rega la tenía, más allá de haber estado junto a Perón en Puerta de Hierro.

Con la parte documental de la delincuencia encontró la raíz del personaje. No es alguien que aparece de golpe a los 40 años y roba un banco: era mucho más profundo.

Lo que también le interesaba era la fachada: no parecía un delincuente. Cuando habló con gente de Colón le decían "ah, sí, Aníbal", el vecino que andaba por acá, que venía y saludaba. Traspasaba de un mundo de urbanidad y caballerosidad a uno de violencia de un momento a otro.

Su norte era el dinero. Después se dio cuenta de que había dos situaciones que lo beneficiaban. Una: pasándose a la política tendría cobertura paraestatal y la policía no lo perseguiría, al contrario, quedaría subordinada a él. La otra: poner en valor su violencia en una época en que la violencia tenía valor político.

"Él pone en valor su violencia en una época en que la violencia tiene un valor político", sintetizó Larraquy. Gordon adopta el discurso rápido, se concientiza de que tiene que depurar al peronismo y después hace lo mismo para aniquilar a la subversión. El libro muestra ese traspaso dentro de la interna peronista y dentro de la dictadura, algo muy distinto a ir a robar un banco.

El artista invitado

Hay un capítulo llamado "El artista invitado", donde lo convocan para los operativos. Ahí actúa con una idea política clara y la expresa: es casi el frontman del operativo de la AAA, el que va al frente, el primero que abre la puerta o a quien le abren la puerta.

Te toca un tipo y dice "soy el coronel tal", grande, de cuarenta y pico, y le dicen pasá, y ahí entra la patota de pibes de veinticinco. La diferencia de edad es importante: si va un pibe de veinticinco, nadie le abre la puerta. Eso también se ve en la serie.

El quiebre en prisión

El quiebre se da en los catorce meses que estuvo preso con los presos políticos. Ese es el germen de todo: el germen de la violencia ya lo tenía, pero la convivencia lo termina de transfundir en la época. Absorbe, mira, escucha y se da cuenta de que puede jugar ahí con mucha más protección que en la delincuencia común.

¿Por qué elige ese bando y no se transforma en militante como sus compañeros de celda? Ahí está la identidad anticomunista y antisemita original que tenía como vecino. No iba a ir al ERP, además no lo hubieran aceptado, porque tampoco quería ser un revolucionario: quería jugar donde más cómodo le sentaba.

En el libro aparece un testimonio: "no, me dejaron la camioneta en el portón, un comunista". Los tipos del ERP leen eso y se preguntan por qué dijo comunista. El tema del judío también lo tenía, y encuentra en la derecha del peronismo un discurso ya sentado.

No es que no tuviera ideología: tenía la de un vecino. Y tampoco es que no entendiera la época. Un ladrón entiende la cuestión política, sabe cómo actúa la policía, los militares, quién lo persigue. Es un tipo atento que ve una época fértil para sus objetivos y para su idea de seguir robando, que es la protección.

Además hay algo clave: si roba un banco como delincuente común queda diez años preso, y el que robó un banco igual pero es guerrillero sale porque lo hizo con un sentido político. Gordon también se da cuenta de eso. Por eso los comunes quieren salir y en una bandera del 25 de mayo aparece "los comunes con los guerrilleros", como diciendo salgamos nosotros también si hicimos la misma.

A él lo seguían buscando por delitos penales. Estuvo prófugo, guardado, y se fue acomodando a medida que se acomodaba la época de protección. Larraquy vio todos los expedientes judiciales que lo buscaban: incluso le preguntan al jefe del penal dónde está Gordon y responde que salió con los presos políticos.

Un personaje que la política adoptó

Para el autor, Gordon es un personaje nuevo con la singularidad de que no viene de la política, pero la política lo adopta porque le resulta necesario. A diferencia de la violencia de Galimberti con Montoneros o de López Rega con la Triple A, este es un personaje único que cruza todo el entresijo de violencia.

Cuando llegan los militares, en vez de decirle "hasta acá llegaste, delincuente", le dicen vení que te necesitamos para darte un centro de tortura. Los militares también tenían la idea de la delincuencia porque hacían lo mismo que él. En el gran caos de violencia y anarquía del 75 estaban todos en la misma, y Gordon lo lee muy bien.

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