El rodillo municipal que no pudo contra un caño de escape
La Municipalidad de Clorinda quiso mostrar que destruía caños de escape secuestrados, pero la máquina no tenía fuerza ni para abollar una chapa. Lo que ese papelón reveló sobre el arreglo de calles y el destino de los fondos públicos.
La gestión de Ariel Caniza en Clorinda vuelve a estar en el ojo de la tormenta. Esta vez, un operativo de prensa pensado para mostrar resultados terminó exponiendo fallas de planificación y maquinaria en mal estado que explicarían, según especialistas, el deficiente arreglo de calles de tierra.
El municipio organizó un evento para destruir caños de escape no reglamentarios secuestrados en controles de tránsito, una medida que los vecinos venían reclamando por el exceso de ruido. Pero la demostración no salió como se esperaba: el rodillo compactador utilizado no tenía el peso suficiente para deformar las estructuras metálicas.
“Hoy se destacaron por el aplastamiento de los caños de escape conmocionantes y molestos, secuestrados en una, por fin, muy buena tarea municipal, con una aplanadora que más bien se parecía a un masajeador por su liviandad, ya que no podía contra la tenacidad de las chapas de los escapes”, relataron testigos del procedimiento.
Un problema estructural
Más allá del papelón, la falla dejó al descubierto un problema mayor: el mal estado de la maquinaria vial que se usa para el mantenimiento de las calles. El rodillo, según explicaron especialistas de la zona, operaba sin lastre, es decir, con el tambor vacío y sin la presión necesaria para compactar.
“Ahí quedó en evidencia que el rodillo estrella estaba sin lastrar, es decir, con el tambor vacío y sin el peso necesario para ser realmente una aplanadora. También ahí pudimos entender por qué no les da resultado el arreglo de calles de tierra, que con esa máquina en esas condiciones jamás podrían compactarse como técnicamente está indicado”, detallaron.
El bacheo eterno
A eso se suma la práctica de rellenar baches con material fresado reciclado, un paliativo de baja durabilidad que obliga a intervenir una y otra vez los mismos puntos. Los vecinos denuncian que el gasto de ese mantenimiento precario lo terminan pagando los contribuyentes.
“Seguramente por centésima vez estaban bacheando con esa porquería de residuo de mezcla asfáltica —fresado, le dicen ellos— que va a durar nuevamente nada, cuando el alto costo indebido que genera ese mantenimiento bobo lo tenemos que pagar los contribuyentes”, expresaron afectados por la degradación del pavimento.
¿Dónde va la plata?
La reiteración de estas prácticas genera dudas sobre el destino de los fondos públicos. El gasto constante en arreglos precarios no se traduce en mejoras permanentes y algunos sectores ya hablan de corrupción.
“Ahí se mezclan y se confunden la ignorancia, la ineptitud y la corrupción. Tanta cantidad de premezclado asfáltico desperdiciado debe tener alguna consecuencia económica positiva para alguien. De no ser así, no se entiende cómo insisten dándose frentazos contra el piso o dando vueltas en la noria”, concluyen las críticas hacia la administración local.