El ruido de un helicóptero en plena noche: la solución que evalúan en Río Negro
Un productor mira el termómetro a las tres de la mañana. El agua ya no alcanza y el frío no perdona. Entonces aparece una máquina que suena como un helicóptero. ¿Puede salvar la cosecha?
En Río Negro, proteger los cultivos de las heladas es una obligación. Durante años, la abundancia de agua permitió usar aspersores, un método capaz de resistir heladas severas en los terrenos bajos. Pero ese escenario podría cambiar y llevar a los productores a mirar con otros ojos a los ventiladores gigantes.
Según el análisis difundido por el especialista Mark Battany, hay dos factores que empujan en esa dirección. Por un lado, la abundancia de agua puede reducirse porque atrae capital para expandir la producción. Por otro, esa expansión podría darse en terrenos altos, habilitados por riego de presión, y no en el fondo del valle, donde manda el riego gravitacional. Las heladas suelen ser más severas abajo y más leves arriba.
¿Cómo funcionan estos ventiladores?
Todo parte de un fenómeno llamado inversión térmica. En una helada de radiación hay poco viento y cielo despejado: el aire frío se queda cerca del cultivo y el aire más cálido se acumula arriba. En una helada advectiva o polar, en cambio, hay viento o nubes y esa inversión no se forma.
Los ventiladores mezclan las capas de aire y suben la temperatura al nivel del cultivo. Cuanto más fuerte es la inversión térmica, mayor es el calor que pueden aportar. Por eso, en zonas con heladas polares, su efecto es limitado.
Antes de invertir, se puede medir la fuerza de esa inversión con torres simples y sensores durante toda la temporada de heladas. Es una opción barata, aunque no muestra los datos en vivo. La otra alternativa es una estación meteorológica que transmite en tiempo real, pero con un costo bastante más alto.
Torres, hélices y motores
Los diseños actuales siguen un patrón probado: una torre fija de unos 10 metros, un buje que gira lentamente y completa una vuelta cada cinco minutos, y una hélice de dos aspas inclinada unos grados por debajo de la horizontal. Un motor de combustión de 100 a 200 caballos —gasoil, propano o gas natural según los costos locales— mueve el conjunto. También hay opción eléctrica donde la luz es barata. Cada equipo suele cubrir entre cuatro y seis hectáreas.
Las máquinas modernas suman sensor de temperatura y autoarranque, lo que permite un funcionamiento automático. Es una ventaja clave cuando la mano de obra en las noches de helada es escasa o costosa.
Los ventiladores de torre fija son los más apropiados para cultivos altos como manzanos y perales. Los portátiles, con torre plegable, se usan en frutilla y viñedos, y pueden trasladarse durante la temporada.
El ruido, un límite que no se puede ignorar
El principal inconveniente es el ruido de las hélices, similar al de un helicóptero. En zonas con viviendas cercanas a los campos, es un factor decisivo. Las hélices de dos aspas son las más eficaces, pero también las más ruidosas. Las de tres, cuatro o cinco aspas reducen el sonido, aunque cuestan más y ofrecen algo menos de protección. En áreas pobladas, su uso es casi obligatorio.
El autor compara este problema con el humo que generaba la quema de materiales para combatir heladas, nocivo para la comunidad y ya reducido en muchas zonas.
Mendoza, el antecedente cercano
Mendoza es un ejemplo de zona con escaso uso histórico de ventiladores que ahora los evalúa. Un grupo de productores de uvas y el propio Battany instalaron diez torres en áreas con riesgo de heladas para medir la inversión térmica durante las primaveras de 2019 y 2020. Los datos indicaron que esas inversiones son comunes y con una fuerza que haría beneficioso el uso de ventiladores. La segunda etapa, medir los efectos en el campo, está en marcha.
Ese modelo podría servir en Río Negro, sobre todo para caracterizar los terrenos altos que podrían desarrollarse en el futuro cercano. La necesidad de proteger los cultivos siempre existirá, y sumar opciones permite optimizar el manejo. En algunos casos, los ventiladores pueden ser la solución óptima; con mediciones dirigidas, eso podrá evaluarse de aquí en adelante.
Conozca al autor: Mark Battany trabaja con productores para identificar y resolver desafíos de producción. Reside en la costa central de California y visita con frecuencia otras regiones productoras.