El salario mínimo tucumano hoy compra menos de la mitad de pizzas que hace una década: el revelador índice que muestra la crisis en el bolsillo

¿Tu salario te rinde como antes? Un índice revelador con la pizza como medida muestra que hoy comprás menos de la mitad que hace diez años. Descubrí la “triple infidelidad” del consumidor y por qué, a pesar de ajustar, la gente sigue gastando en shoppings.

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El salario mínimo tucumano hoy compra menos de la mitad de pizzas que hace una década: el revelador índice que muestra la crisis en el bolsillo

Un estudio del primer trimestre revela una caída brutal del poder adquisitivo en Argentina, donde el salario mínimo hoy solo permite comprar 12 pizzas, frente a las 33 de 2015. La mitad de los hogares vive con menos de 1.000 dólares y más del 50% siente que sus ingresos no le ganan a la inflación, forzando cambios radicales en el consumo diario.

La consultora Moiguer, a través de su relevamiento “Social Mood”, presentó un panorama crudo de la economía familiar. Para graficar el deterioro, utilizó el llamado “índice pizza”, una herramienta que mide cuántas unidades de este alimento básico se pueden adquirir con el salario mínimo vigente.

La comparación histórica es elocuente y preocupante. Mientras que en el año 2015 ese ingreso base alcanzaba para 33 pizzas, en la actualidad el poder de compra se desplomó, permitiendo adquirir apenas 12. Este simple cálculo sintetiza una década de pérdida constante en la capacidad adquisitiva de los argentinos, un fenómeno que los tucumanos perciben en cada compra del supermercado.

¿Cuánto gana realmente la gente?

El informe profundiza en los números de los hogares. La mitad de las familias declara tener ingresos mensuales inferiores a los 1.000 dólares. A nivel individual, el ingreso promedio ronda los 680 dólares al mes.

En este escenario de ingresos ajustados, la percepción de la gente es mayoritariamente negativa. Más del 50% de los encuestados considera que sus ingresos evolucionan por detrás del ritmo inflacionario, lo que consolida una sensación de deterioro económico constante en la vida cotidiana.

La “triple infidelidad”: cómo se adapta el consumidor

Frente a la presión sobre el bolsillo, los argentinos han desarrollado nuevas estrategias de supervivencia. El estudio las identifica como la “triple infidelidad”, un cambio profundo en los hábitos de compra.

La primera es la infidelidad al canal. Los consumidores diversifican donde compran. Mientras las ventas en supermercados y mayoristas cayeron un 5,2%, los comercios de barrio y cercanía crecieron un 9%, ganando protagonismo por su conveniencia y posiblemente mejores precios en pequeñas cantidades.

La segunda es la infidelidad a la marca. La lealtad de marca se quiebra ante la necesidad. Un contundente 83% de los consumidores admitió reducir la compra de primeras marcas, y un 90% incorpora sistemáticamente alternativas más económicas o marcas blancas a su carrito.

La tercera, y quizás más polémica, es la infidelidad a la bandera. La opción de comprar productos importados se consolida como una vía para ahorrar. Un 43% de los encuestados aseguró que optaría por artículos del exterior incluso si esto afectara al empleo local. Además, un 30% ya concretó compras a través de plataformas internacionales, buscando mejor relación precio-calidad.

¿Ajustamos o gastamos? Una conducta dual

El informe destaca un comportamiento aparentemente contradictorio pero muy real. Por un lado, un 61% de la población reconoce recortar gastos básicos. Sin embargo, al mismo tiempo, un 68% destina parte de su dinero a consumos considerados no esenciales.

En el último mes, más de la mitad de los consultados ajustó su presupuesto familiar. Pero, en paralelo, una mayoría también realizó gastos en categorías como indumentaria, tecnología o entretenimiento. Esta dinámica explica, en parte, el repunte del 3,5% en las ventas de los shoppings, que contrasta con la caída en otros canales.

Expectativas a futuro: ¿Hay luz al final del túnel?

El diagnóstico del presente es complejo. Un 39% de la población mantiene una evaluación negativa sobre la situación general del país. No obstante, esa mirada crítica convive con un rayo de esperanza.

Una proporción significativa, que oscila entre el 42% y el 46%, cree que el escenario económico podría mejorar en el corto plazo. Este sector mantiene la confianza en una eventual recuperación de su capacidad de consumo, mostrando una resiliencia que coexiste con la preocupación del día a día.

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