El satélite que armaron estudiantes argentinos ya está listo para volar en un cohete de SpaceX
Un satélite pensado, armado y operado desde una universidad argentina está a horas de subirse a un cohete de SpaceX. Lo que pocos saben es qué hará apenas se desprenda en el espacio y cuándo llegarían los primeros datos.
Un grupo de estudiantes y docentes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) terminó de construir un satélite que en pocas horas despegará rumbo al espacio a bordo de un cohete de SpaceX. Se llama USAT-1 y será el primer desarrollo concebido, fabricado y operado íntegramente dentro de la universidad.
El lanzamiento está previsto para este jueves 1 de octubre a las 15:18, hora de Argentina, desde la base de Vandenberg, en California, Estados Unidos. El dispositivo viajará en un Falcon 9 como parte de la misión Transporter-18, que lleva cargas de distintos clientes en un mismo vuelo.
Detrás del proyecto hay un equipo de la Facultad de Ingeniería que trabaja desde 2021, cuando el Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) se unió al grupo de Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT). Aldana Guilera, becaria del CTA, y Sonia Botta, docente y coordinadora de la iniciativa, dialogaron con TN Tecno sobre los desafíos que atravesaron.
Un CubeSat de tres kilos con tecnología platense
El USAT-1 mide aproximadamente 10 × 10 × 34 centímetros y pesa cerca de tres kilos. Es un CubeSat de tres unidades (3U), un formato de módulos estandarizados que permite compartir el lanzamiento con otros dispositivos. En su interior conviven la computadora que coordina las operaciones, los paneles solares y baterías que le dan energía, los sistemas de comunicación con la Tierra y los mecanismos para controlar hacia dónde apunta.
La construcción no fue sencilla. La compra de componentes y materiales en el exterior generó demoras y después llegaron los ensayos obligatorios para que el lanzador aceptara la carga. “Para que un lanzador acepte tu satélite como carga útil, tenés que demostrar que tu estructura es segura, que no va a romper ni desprender piezas, y que no va a prenderse y transmitir datos durante el lanzamiento”, explicó Guilera, encargada de las simulaciones y del diseño del control térmico.
Uno de esos exámenes los obligó a retroceder. “A nosotros nos pasó que uno de los ensayos no nos daba dentro de los parámetros establecidos, por lo que tuvimos que desarmar el satélite y encontrar el problema. Lo solucionamos, volvimos a integrarlo y los ensayos finalmente dieron como esperábamos”, contó.
Qué medirá el USAT-1 en órbita
El instrumento principal es un receptor de señales de navegación satelital desarrollado por el SENyT, similar al de un celular que ubica al usuario en un mapa, pero preparado para operar en el espacio. Con él harán tres pruebas. La primera es verificar que indique la posición correctamente. Las otras dos aprovecharán las señales de GPS para investigar el planeta: una usará radioocultación, que analiza cómo se modifican las señales al atravesar la atmósfera, y la otra reflectometría, que detecta cómo rebotan en la Tierra para obtener datos del suelo, como humedad u oleaje en océanos y mares.
Para lograrlo, el satélite deberá orientar sus antenas hacia el horizonte o hacia la superficie terrestre. Una rueda de reacción y tres barras magnéticas le permitirán modificar y controlar esa orientación. Además de los experimentos, el equipo evaluará el funcionamiento del propio dispositivo para darles “herencia de vuelo” a sus tecnologías, es decir, contar con evidencia de cómo rinden en una misión espacial.
Parte de esos equipos ya voló: la computadora de a bordo, el sistema de comunicaciones y el de navegación se usaron en ATENEA, el microsatélite que viajó en la misión Artemis II de la NASA en abril de este año. Ahora podrán evaluar también el sistema de potencia eléctrica y el de control de orientación.
La cuenta regresiva y el primer contacto
El despegue será solo el comienzo. El USAT-1 viajará dentro de un dispositivo de despliegue y será liberado una semana después del lanzamiento. Si se cumple el cronograma, los primeros datos llegarían el 8 de octubre. Tras la liberación deberá detectar el Sol, desplegar sus antenas y respetar 45 minutos sin transmitir, tras lo cual las estaciones terrestres esperarán la primera señal.
También tendrá que reducir el giro con el que sale expulsado y estabilizarse para establecer el enlace con la Tierra. “Nuestro primer criterio de éxito es comunicarnos con el satélite”, afirmó Botta. Para conseguirlo deberán funcionar en conjunto la computadora de a bordo, la alimentación eléctrica, el control de orientación y las comunicaciones.
El USAT-1 compartirá el vuelo con cuatro satélites de observación de Satellogic y con el Evaluador Tecnológico NanoSat, desarrollado por el Ejército Argentino junto con el CITEDEF. La Facultad de Ingeniería organizó para este jueves, de 13 a 17, una jornada en el Aula Fernández de su Edificio Central, con transmisión por YouTube, donde el equipo explicará el desarrollo y el seguimiento de la misión.
“Es muy emocionante saber que un proyecto pasó de un dibujo en papel a construirse de verdad y que hoy está por cumplir su misión”, dijo Guilera. Botta cerró: “Nunca habíamos hecho algo propio, algo que naciera y se fabricase y se operase en la universidad. Quisimos plantear este desarrollo como un inicio, no como un proyecto aislado”.