El secreto de Andacollo que Blanca Guzmán guarda hace 30 años en su cocina
¿Sabías que en Andacollo aún se prepara mote y ñaco como hace cien años? Blanca Guzmán te cuenta el secreto de su receta familiar.
Desde hace más de tres décadas, una vecina de Andacollo elabora mote y ñaco con las recetas que heredó de sus abuelos. Blanca Guzmán aprendió el oficio de sus mayores y hoy mantiene viva una tradición que marcó la mesa de arrieros y familias cordilleranas.
Nacida en Ranquileo, cerca de Las Ovejas, Blanca vive junto a su esposo en Andacollo. Allí, desde hace más de 30 años, produce de manera artesanal dos alimentos emblemáticos del norte neuquino. "Lo aprendí de mi abuelo y de mi abuela. Antes hacíamos para el consumo de la casa nomás", recuerda.
¿Cómo se prepara el mote artesanal?
El secreto sigue siendo el mismo que le enseñaron sus mayores. La materia prima llega desde Chos Malal, donde compra el trigo que luego transforma con paciencia. Cada preparación demanda horas de trabajo y no admite apuros. "Es un trabajo grande porque todo el día uno tiene que cocinarlo, volverlo a lavar, volverlo a cocinar, después enjuagarlo, dejar que estile y recién ahí embolsarlo", cuenta.
Durante el verano, la demanda crece. Blanca prepara hasta 22 bolsas por semana y, cuando hace falta, cocina dos veces por semana. "Se entrega todo enseguida, casi en la tarde. Yo más de un día no lo tengo porque necesita estar en un lugar fresco y pierde el sabor si queda mucho tiempo en la heladera", explica.
Ñaco: el alimento que usaban los arrieros
El ñaco también acompaña a Blanca durante todo el año. Esta harina de trigo tostada y molida artesanalmente fue el alimento energético de arrieros y pobladores del norte neuquino. "Mucha gente lo toma con leche, otros con vino o con cerveza. Antes se consumía muchísimo. Yo digo que por eso la gente vivía más sana, porque es muy alimentador", comenta con una sonrisa.
También recuerda una antigua preparación conocida como cheica, que combinaba ñaco con cebolla y ají en una pequeña olla, una receta sencilla que hoy sobrevive en la memoria de los pobladores más antiguos. Aunque produce apenas unas pocas bolsas por semana, cada una encuentra rápidamente su destino entre vecinos y clientes habituales. "Mi marido sale a repartir cuando queda algo. La gente ya sabe cuándo hacemos y siempre nos espera", relata.
Un patrimonio vivo del norte neuquino
Más que una elaboración artesanal, el trabajo de Blanca representa un patrimonio vivo. Cada puñado de mote y cada bolsa de ñaco mantienen vigente un saber heredado, una forma de alimentación ligada al territorio y una identidad que todavía se transmite de generación en generación. En tiempos donde las tradiciones buscan abrirse camino entre los cambios modernos, Blanca Guzmán demuestra que el verdadero valor de estos alimentos está en las historias, los recuerdos y la cultura que conservan en cada preparación.